Ayer, en la escuela Provincia de Santiago del Estero de Villa El Libertador, se vivió un momento de tensión cuando un padre advirtió en un cartel indicativo de la mesa de votación que figuraba el nombre de su hijo fallecido hace más de dos años. Se trata de Jorge Martín Castro, el joven de 19 años, muerto por una perdigonada policial en un partido de fútbol. El padre pidió permiso para tachar el nombre pero no lo dejaron. Incluso, el presidente de la mesa 3616 reveló que hasta su abuelo -también fallecido- figura en el padrón. Lo mismo hizo un fiscal de la UCR. El padrón provincial da para un cementerio.
Córdoba elige hoy a nuevo gobernador. Más allá de las propuestas económicas y de la pirotecnia verbal, lo que se pone en juego en esta elección es el choque de dos voluntades: una que pretende eternizarse en el poder y otra que impedirá frenarla para permitir una alternancia. Juan Schiaretti, representa a la primera, y Luis Juez, a la segunda.
De la Sota lució ayer una camisa de la CNN (la cadena de televisión estadounidense fundada en los ochenta por Ted Turner) en la conferencia de prensa que brindó junto al resto de su gabinete, en Río Cuarto. Para la periodista ciudadana, ese acto menor de un funcionario de alto rango como el gobernador de una provincia, dice mucho.
La veda, en una sociedad en veda, es pura redundancia. Esperar que alguien viole la ley electoral en una sociedad desprovista de entusiasmo cívico, es casi un imposible. Nadie osa hoy ser amonestado por vivar en público en defensa de un candidato. La mayor transgresión es pegar carteles fuera de hora. En un recorrido por tres barrios de la ciudad, entre ellos Villa El Libertador (foto), la veda pareció respetarse. No lo hacen así nuestros gobernantes, que la violan disfrazándola de anuncios y festivales.
El número impresiona, pero es así: eso se elige en Córdoba. Es esta una nota de servicio para nuestros lectores y periodistas ciudadanos. En forma sintética explicamos qué se vota, cuántos cargos hay en disputa, la cantidad de boletas y la forma en que se distribuyen los cargos, entre otras cuestiones que deben ser atendidas a la hora de ejercer nuestro compromiso cívico.
"Mucha energía de los militantes en autos y camionetas, y apenas miradas curiosas de la gente desde las veredas". La descripción de ayer del diario Clarín sobre el humor de los cordobeses frente a la elección del domingo, resulta exacta. Participamos por unas horas, en las caravanas de Olga Riutort (candidata a intendente) y del Frente Cívico y Social, que lleva a Luis Juez y Daniel Giacomino como candidatos a gobernador e intendente, respectivamente. Y la verdad que el entusiasmo se concentraba en lo militantes que tienen que hacerse escuchar para que los vecinos salgan al menos del encierro de sus hogares. En barrio La France sólo unos pocos ensayaban un saludo o un grito de aliento al paso de Riutort. Lo de Juez y Giacomino fue distinto: eligieron la principal avenida de la ciudad para mostrarse. La caravana fue numerosa y muy festiva. Pero, claro, tenían que regalar pelotas, calcomanías, tocar fuerte la bocina y batir los redoblantes, para que comerciantes y vecinos se asomaran. Si la elección del domingo resulta atractiva es por la incógnita del resultado más que por contagio cívico. Este se advierte más en los que son parte interesada.
José Manuel de la Sota se declara prescindente en esta campaña. No sabemos a qué se refiere porque el hombre salió a repartir ayudas y subsidios a troche y moche. Ayer estuvo en el departamento Bell Ville y en unas pocas horas de recorrido, regaló casi 3,5 millones de pesos a instituciones, municipios y entes intercomunales. Esta grosera práctica de neto corte electoralista -entregar fondos públicos en forma indiscriminada para captar sufragios para sus delfines- está lejos de lo que la sociedad demanda de la clase política y de alguien que presume ser un estadista como el señor gobernador.
El legislador Enrique Sella defiende la sumatoria de votos como "el único sistema que evita que los partidos chicos seamos unos convidados de piedra en la democracia". Reconoce que posee una alta dosis de pragmatismo. Él lo sabe mejor que nadie ya que en el 2003 se convirtió en legislador sumando para la lista radical y el domingo lo hará para el PJ. Dice merecer el diploma porque aquella vez todos lo criticaron y hoy, hasta el propio Juez lo imita. Sin embargo, un legislador del radicalismo afirmó que hay que terminar con este sistema que permite que "sellos partidarios sin candidatos se cuelguen de los partidos" confundiendo al electorado. Esto viene a cuenta de que el domingo habrá 34 boletas para elegir 9 fórmulas para gobernador.
La confesión pertenece a cuatro limpiavidrios que trabajan hace años en la esquina de Cañada y San Juan. Alejandro, Carlos, Raúl y Daniel -luego se sumaría Juan- afirman que hasta la Policía se cuida más en épocas de campaña electoral. Los maltratos y trabas habituales desaparecen y los controles se tornan laxos. En épocas normales, no podrían trabajar más de tres por esquinas. Por eso temen que luego del domingo, las cosas vuelvan lamentablemente a su lugar. No sólo eso: los muchachos se declaran hartos de tanto "chamuyo" electoral, exigen un trabajo digno y hablan de quienes los defraudaron.
Para la periodista ciudadana, localizar a un dirigente político en su lugar de trabajo es una misión imposible. Todos han abandonado sus tareas para dedicarse a la campaña electoral. En algunas reparticiones se nota la falta de empleados, abocados a la misma tarea que sus jefes. "La campaña supone una lógica contradictoria: dejan su trabajo -donde se los necesita- para salir por los barrios embanderados en afiches de dioses paganos, a regalar chucherías y ofrecer espejitos de colores, prometiendo la solución a todos los males del pasado, presente o futuro, por el módico precio de un voto".
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De la exposición de Sergio Berensztein

Escuchábamos decir el otro día a un periodista, a propósito del incidente que mantuvo el hijo del intendente Daniel Giacomino con inspectores municipales que le terminaron secuestrando el auto por no pasar el test de alcoholemia, que el muchacho no debía comportarse como se comportó, que "debía ser modelo para otros". Quizá lo que éste periodista quiso decir es que siendo un joven con portación de apellido, al menos debería tener más cuidado en la forma de comportarse en público. Actuar con respeto y moderación. Con eso basta. Usar la palabra modelo, para un adolescente de este siglo, es algo menos que tramposo. Los chicos no quieren ser modelos de nada, sino todo lo contrario. Se afanan por ser políticamente incorrectos. Sí debe serlo el padre de Maximiliano Giacomino, que está ejerciendo un cargo público y se debe a quienes lo votaron y confiaron en su capacidad para cambiar las cosas. Justamente, la falta de políticos que sirvan de arquetipos o puntos de referencia para ser imitados, es lo que no abunda. Por eso el sanfrancisqueño no debería dejar pasar esta oportunidad que el pueblo de la ciudad de Córdoba, le brinda.