
Pedro Pérez.
En épocas de dictaduras nos plantaron una mole de cemento en pleno Parque Sarmiento desbaratando la perspectiva de zona verde del sector.
Hasta entonces, los cordobeses creíamos que todo el Parque era nuestro y que disponíamos de verde para rato. El edificio de tribunales federales apareció de improviso, chocante, fuera de línea, anticipando en buena medida la imagen que ofrecerá el vecindario cuando termine de caer en las manos de los desarrollistas actuales.
Los funcionarios instalados en su interior hacen lo que hacen cómodamente apoltronados, relajando su vista con la panorámica de arboledas añosas y canchas de tenis. Incluso ahora se le arrimaron restaurantes a la medida de sus inmejorables posibilidades económicas. Y el espacio verde para los cordobeses de a pie se redujo aún más, pero eso no importaba a nadie.
El edificio siempre ha sido generosa fuente de temas literarios. Hace unos treinta años, la altura de sus terrazas facilitaba las señales y guiños con el poder situado en Camino a La Calera, y también con una televisora del Cerro de las Rosas, emisora con informativos muy aleccionadores. En el mismo edificio se han pergeñado curiosos escritos para habilitar a un riojano motejado de verdoso a fin de eternizarlo en el ejercicio de la Presidencia: dicho señor ya había dado a conocer su color preferido cuando nos participó de la aventura del uno a uno, verde. Y así quedamos.
El largo sueño que reina en su interior, arrullado por el idílico entorno, pareciera no haberse interrumpido nunca, teniendo en cuenta el descomunal crecimiento de los delitos que sí son de su competencia. Los narconegocios, los secuestros extorsivos y otros graves delitos federales, crecen sin pausa bajo su des-atenta mirada.
Pero hace poco el viento giró alguna veleta: una lenta tarea había concluído hasta poder acusarse suficientemente a los señores que vestían uniforme verde, como para ser juzgados.
Tal vez estos jueces dictaminen la inocencia de los acusados y digan que pueden volver a gozar de plena libertad entre la Sociedad, y merecer su reconocimiento.
O atentos a las campanas de la hora, les imponga duras sanciones si encuentran que fueron culpables de los delitos denunciados. Entonces podremos decir: ¡verdes, adios!
De todos modos, nos desalienta pensar que pasando el tiempo y utilizando nuestra falta de memoria, se verán homenajes públicos para los hoy casi-seguros condenados. Desde nuestra historia y geografía sabemos que a muchos no deseables del ayer los premiamos con designaciones de calles y plazas y pueblos, e inclusive se levantan estatuas de bronce que por una rareza de la naturaleza, el tiempo sulfata volviéndolas … verdes!
Foto: Pedro Pérez.
24/07/08
Recomendar esta notaLa sociedad argentina realemente es digna de estudio sociologico.Es cierto que tenemos estatuas de bronce, designaciones de calles y demás yerbas de personas que tendrían que ser declaradas "no gratas",pero primero pasan por la cámara de senadores y después se convierten en bronce.FALTA DE MEMORIA ARGENTINOS!!!!
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