
Martín Menditto
Constantemente los gobernantes edulcoran sus discursos utilizando repetidamente la palabra integrar cuando de hablar de discapacidad se trata; los proyectos para tal fin fluyen pintorescos y prometedores explicados en el florido lenguaje que utilizan los funcionarios de distintas áreas.
Lo cierto es que a la hora de la verdad la concreción de dicha integración se desvanece, se disipa como el humo, ya que ni siquiera en sus propios lugares las autoridades se plantean obras tendientes a facilitar el acceso de las personas con cualquier tipo de discapacidad. Voy a tomar un ejemplo concreto y fácil de identificar, repetidamente escuchamos frases como “cultura para todos” o discursos sobre la necesidad de facilitar el acceso de los discapacitados a la cultura, sin embargo la Secretaria de Cultura de la Provincia de Córdoba (foto) tiene en el ingreso a su edificio una escalera empinada con casi una decena de escalones que hace imposible el acceso de una silla de ruedas, ni siquiera tiene una rampa que facilite el ingreso de una persona con deficiencias motrices.
Otro edificio dependiente de la Secretaria de Cultura provincial que tiene varios escalones en su ingreso y que carece de rampas es el de la Biblioteca Córdoba, donde a menudo estudiantes que se movilizan en sillas de ruedas esperan largo rato en la puerta hasta que alguien tenga la buena voluntad de ayudarlos, ya que por lo estrecho de la vereda tampoco pueden maniobrar con facilidad la silla.
Para que haya integración, primero tiene que existir la posibilidad de acceder físicamente a los lugares donde están los contenidos culturales, si hay quien no pueda llegar a ellos, o se le dificulte, por una cuestión edilicia, quiere decir que Córdoba no es para todos, ni entre todos.
Foto: Martín Menditto.
25/01/09
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