
José Ignacio Roach (Villa María)
En el barrio Beletti de la ciudad de Villa María, como una postal de la soledad, se dibuja en el horizonte el único sobreviviente que queda en el lugar, el algarrobo, fiel testigo de la extinción y el olvido colectivo que hace oídos sordos al clamor de la naturaleza.
El viejo algarrobo data un siglo de vida; situado en el límite con el creciente barrio 400 viviendas, este bello ejemplar llora la muerte del espinal, quien hubiera habitado, entre tantas zonas, la del reciente sector.
La urbanización avanza arrasando con el monte; cuando no es ella, es el cultivo de soja: si bien no se parecen en nada, sus políticas apuntan al mismo fin. Por otro lado, con una ley de bosques que se dilata cada vez más; la deforestación en la provincia de Córdoba lejos está de frenarse; sólo el cinco por ciento de bosques nativos queda en pie, y la taza sigue bajando. En nuestra ciudad la realidad muestra especies aisladas, sólo una pequeña porción de monte en Las Mojarras, es lo mas cercano como prueba de lo expuesto.
El desmonte de los bosques nativos en la provincia de Córdoba comenzó en la década del ’60; pero es en los ’90, con el advenimiento de la semilla modificada, los agroquímicos, la venta de las tierras y la expulsión ilegal de las culturas originarias, entre otros hechos relevantes, cuando se produce el exterminio: los bosques, montes y campos se fusionaron para dar como fruto al monocultivo de soja, devorando todo signo de vida natural y originaria.
Hoy el derecho a un medio ambiente sano, puro, con recursos que puedan sustentar la economía no corren por el mismo carril; todo es una verdadera contradicción. Las políticas a largo plazo no son tenidas en cuenta, el algarrobo cada vez está más cerca de desaparecer. Es muy común ver y escuchar discursos demagógicos acerca del medio ambiente por parte de burócratas que nada saben del tema. En la ciudad, días atrás, se anunció la plantación de mil árboles por parte de la Secretaría de Medio Ambiente, entre autóctonos y exóticos (aguaribayes, álamos, cipreses, catalpas), ninguno nativo de las tierras cordobesas como el algarrobo, el espinillo o el chañar.
Lo cierto es que el algarrobo sigue ahí. Un Gauchito Gil debajo de su copa es su única compañía, como guardián del “último nativo” que lucha por no desaparecer. Qué absurdo sería, dentro de unos años, ver fotos de un árbol que alguna vez existió como signo de nuestra cultura y que el progreso se encargo de destruir.
Foto enviada por el autor de este artículo.
12/7/2010
Recomendar esta notaEmotiva su nota José!. Así están las cosas con la sojización terrible en manos de grandes monopolios, que al Estado Nacional, únicamente les interesa sus retenciones (ojo, no esta mal), pero en nada les interesa de todos los males que ello conlleva (glifosato, calentamiento global mayor, destrucción de montes, etc. etc.).
La concientisación de que la reforestación, y las campañas ecológicas, solo ayudarán a salvar el planeta de la devastación.
En el reino del Ramón, un botón sirve de muestra
YPF, una piedra en el surtidor
Acusan a la UNC de avalar daños al ambiente en Pampa de Oláen
Usuario denuncia picardías de una empresa con el boleto educativo

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.