
Hernán Vaca Narvaja.
Si algo le faltaba al crimen de Nora Dalmasso para traspasar definitivamente el umbral del grotesco judicial era que una delegación del mítico FBI norteamericano recorriera la escena del crimen junto al fiscal de la causa y el principal acusado de haber cometido el asesinato.
Esto ocurrió el miércoles 23 de septiembre a la siesta en el coqueto chalet de la familia Macarrón en Villa Golf. Allí confluyeron, además del fiscal Javier Di Santo y el imputado Facundo Macarrón, los agentes Jennifer Eikin y Jolly Kramer, la agregada jurídica de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Beth McConn, un traductor oficial, una nutrida comitiva de la Fiscalía General de la Provincia de Córdoba, los abogados de las partes, el hermano de la víctima y el propio viudo, que suspendió una cirugía programada para oficiar de anfitrión.
Lo que sucedió puertas adentro de la vivienda de los Macarrón es más digno de una novela de Ray Bradbury que de la investigación del cobarde asesinato de una mujer indefensa en su propia casa.
Por la mañana, Di Santo había reconstruido, junto a los analistas de comportamiento criminal de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, el último periplo de Nora Dalmasso la noche del crimen, desde su visita a una exposición de arte en el centro de Río Cuarto hasta la cena en el bar Alvear con “las congresistas”. A las tres de la tarde, Marcelo Macarrón los esperaba en la puerta de su chalet. De impecable camisa blanca, corbata de tonalidades celestes, pantalón de vestir y zapatos negros, el traumatólogo los hizo pasar. El jardín de la vivienda tenía impregnado el color verde intenso de las primeras lluvias de la primavera. Sobre el pasto, cortado al ras, se distinguían varias pelotitas blancas en derredor de un pequeño agujero, del que salía una fina estaca con una banderita en la punta. Una réplica casera de los hoyos característicos de las canchas de golf.
Macarrón se mostró en todo momento como un anfitrión amable y bien predispuesto. Bastaba una mínima pregunta o sugerencia del traductor oficial para que aportara hasta el más minucioso e intrascendente detalle sobre las costumbres de su esposa y sus hábitos de vida. Su abogado Marcelo Brito se mostró especialmente ansioso y locuaz. Ante la pasividad de Di Santo, se convirtió de hecho en el guía de la inspección ocular en la vivienda de Villa Golf. Y hasta se dio el gusto de reprocharle al fiscal, frente a los agentes del FBI, el no haber incorporado al expediente la mácula supuestamente de sangre hallada, casi un año después del homicidio, en el piso de la habitación donde encontraron muerta a Nora Dalmasso.
Fue tanta la insistencia de Brito en inducir a los sabuesos norteamericanos a compartir su propia hipótesis del crimen que el mismísimo hermano de la víctima, Juan Dalmasso, le tuvo que pedir a los agentes del FBI que hicieran su trabajo “sin dejarse influenciar” por las conjeturas de su ex cuñado y sus verborrágicos letrados. Fue el momento de mayor tensión y el único en el que Macarrón y sus abogados se quedaron demudados, sin reacción. Superado el trance, el traumatólogo fumó varios cigarrillos seguidos.
A casi tres años del crimen, la inspección ocular volvió a poner en evidencia las carencias de la investigación. El viudo debió contestar preguntas puntuales sobre el funcionamiento de la alarma (“siempre anduvo pero nunca la conectábamos”, admitió); el letrero de la fachada que advierte que la vivienda está siendo vigilada; la cantidad de copias de las llaves de ingreso que tenía la familia; y hasta el comportamiento de su perra –extrañamente ausente el fin de semana del crimen- a la que, según el traumatólogo, terminaron regalando “porque lloraba mucho” tras la muerte de Nora.
Facundo Macarrón se mostró particularmente cordial con sus “huéspedes” internacionales. Ofreció café y/o coca cola a la numerosa comitiva judicial que protagonizó la inspección ocular en la vivienda de sus padres –incluso al funcionario que lo acusa de haber abusado y asesinado a su propia madre- y charló animadamente, en inglés, con la agregada jurídica de la Embajada de Estados Unidos sobre su experiencia en el país del norte, donde vivió algunos meses en el marco de un intercambio cultural. Los inspectores del FBI no disimularon su sorpresa cuando les informaron que ese joven formal y cortés que los acompañaba en el recorrido por la escena del crimen no era otro que el principal imputado de la causa (el otro es Gastón Zárate, el célebre “perejil”).
Como corolario de la estrafalaria experiencia que protagonizaron los inspectores norteamericanos en la vivienda en la que se cometió el crimen más mediático de las últimas décadas, el abogado de la familia Dalmasso, Diego Estévez, no tuvo mejor idea que invitarlos a cenar. Con más corrección que educación, los agentes del FBI le hicieron entender al ex conjuez de la causa por las explosiones en la fábrica militar de Río Tercero que esa invitación no se ajustaba al recato y la independencia funcional que deben guardar los investigadores respecto de las partes involucradas en un proceso penal.
La presencia de Facundo Macarrón en la inspección ocular realizada en la escena del crimen no pudo ser explicada en forma coherente por nadie. El fiscal Di Santo la justificó diciendo que esa era también su casa (afirmación que además de inconsistente es falsa, puesto que Facundo vive con su hermana en un departamento de la capital provincial, donde ambos estudian); Brito la exhibió con naturalidad, como si fuera fruto de la presunción de inocencia de su cliente; y ningún miembro de la numerosa comitiva de la Fiscalía General de la Provincia quiso opinar al respecto, aunque varios admitieron por lo bajo su alivio ante la ausencia del fiscal general: una foto de Darío Vezzaro recorriendo la escena del crimen junto al fiscal de la causa y el principal imputado hubiera sido el epílogo perfecto de su deslucida actuación como jefe de los fiscales en el resonante homicidio de Villa Golf.
En un reportaje concedido a la revista Noticias luego de la inspección ocular, el hermano de la víctima, Juan Dalmasso, dijo que la causa volvió a fojas cero, advirtió que “todos somos sospechosos” (sic) del crimen y se mostró escéptico sobre los resultados de las pruebas genéticas que se enviaron al FBI. “Tampoco el ADN va a resolver nada porque es de Marcelo”, sentenció. “Mi hermana fue atacada por un psicópata sexual que todavía está suelto. ¿Y si la atacó con un elemento contundente y con eso sacó el semen que después de muerta quedó en la sábana y en la bata?”, se preguntó.
La desorientación de Dalmasso, ¿será la misma que la de Di Santo? El fiscal de la causa aparece cada vez más confundido, aunque su conducta sigue siendo coherente en un sentido: no investigar a los Macarrón, a quienes incluso admitió otra vez como querellantes, pese a que -como confirma el propio hermano de la víctima- dos de los tres ADN completos hallados por el FBI en el cuerpo de la víctima y la escena del crimen pertenecerían al viudo.
El caso Dalmasso, se sabe, fue un espejo lapidario para la Justicia de Córdoba. Y especialmente para los fiscales. En buena parte de la frustrada investigación del crimen de Villa Golf intervino el fiscal Fernando Moine (de hecho, fue él quien mandó las primeras pruebas al FBI, ya que Di Santo y Marcelo Hidalgo se habían tomado vacaciones). Y otros dos fiscales tomaron intervención en causas conexas: Julio Rivero imputó por admisión de dádivas y luego sobreseyó a los policías que llegaron desde Córdoba y se alojaron en el hotel Opera con los gastos a cargo del abogado Daniel Lacase porque lo atacó una “duda insuperable” sobre el origen de las dádivas (nunca citó a declarar a Lacase, sindicado por los testimonios como el presunto dadivoso); tampoco avanzó en determinar el origen de la filtración de las fotos del cadáver de Nora Dalmasso al canal América TV, aunque en este caso el responsable de que la investigación no avanzara fue el propio Marcelo Macarrón, que optó por no hacer la denuncia (las sospechas apuntaban a sus propios abogados). Walter Guzmán, por su parte, intentó archivar sin éxito la denuncia de aprietes policiales que hizo Carlos Curiotti, el testigo que incriminó a Gastón Zárate en el crimen de Villa Golf. El fiscal intentó archivar las actuaciones, pero el juez Daniel Muñoz se opuso. Desde entonces, no se supo más de la investigación, si es que la hubo.
EL EMBUDO
El caso Dalmasso fue la vitrina, pero la realidad es mucho más compleja... y preocupante. En Río Cuarto, los fiscales actúan más como defensores que como acusadores. El Ministerio Público carece de convicción acusadora, especialmente cuando las sospechas rozan a algún integrante del círculo social más alto de la ciudad. O lisa y llanamente al poder. ¿Cómo se explica sino que un fiscal de Cámara, un juez de control y un juez de menores hayan declarado al crimen de Alejandro Flores de “lesa humanidad” e “imprescriptible” y los acusados sigan libres? Que Di Santo haya confundido un crimen aberrante con un accidente de tránsito es grave; pero también lo es que su colega Guzmán no ejerza ninguna presión sobre los imputados tras casi 18 años de impunidad. ¿Será porque son policías y la investigación podría complicar a la propia institución policial?
¿Alguien se acuerda de la “mega causa” del Banco de Córdoba, que Luis Juez utilizó como trampolín político en Río Cuarto cuando era fiscal anticorrupción? Esa causa la instruyó Jorge Medina y estaba casi lista para ser elevada a juicio. Pero cuando Medina ascendió, el voluminoso expediente recayó en la fiscalía de Javier Di Santo. Desde entonces, nada se sabe de la “mega causa” y algunos de sus imputados incluso terminaron integrando las filas del Partido Nuevo de Luis Juez. Di Santo también está en deuda con el esclarecimiento de la muerte de un policía a manos de otro uniformado en el marco de un extraño operativo policial en la región.
Esta revista publicó en su edición de septiembre que el fiscal Julio Rivero acumuló todas las denuncias por estafa y defraudación contra el grupo Cortéz y que, lejos de apartarse, fue el primero en imputar, aunque luego cajoneó las denuncias hasta que la Justicia Federal volvió a poner a Ariel Cortéz y sus socios bajo la mira, esta vez por el delito de lavado de dinero. Recién entonces Rivero volvió a mover sus expedientes y hasta le tomó declaración indagatoria a Cortéz. ¿Puede ser imparcial un fiscal que investiga al principal acreedor de su hermano, que le habría entregado alrededor de 200.000 pesos en cheques sin fondos?
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de octubre, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, villa María y zona de influencia)
Recomendar esta notacomo siempre el periodista VACA NARVAJA da muestra de su EXCELENTE desempeño como periodista, nada me extraña de la justicia provincial ya no es secreto para nadie que los fiscales "son defensores de delincuentes" y con conocimiento de causa puedo decir que los delincuentes (de guantes blancos, ricos y poderosos)tienen acceso a denuncias y pruebas ...dan instrucciones y dictan letra para que se "elaboren" resoluciones que terminan con el archivo por motivos varios siendo las mas usadas culpar a las "victimas" a los "muertos" y la siempre disponible "prescripcion" por el transcurso del tiempo, sin olvidar como el poder judicial actuando de oficio hace "retroceder causas" beneficiando a "delincuentes amigos" asegurandoles IMPUNIDAD porque en definitiva "ellos son la justicia".
La Justicia del país, y la de Cordoba especialmente, está muy cuestionada en su integridad moral y en la capacidad de sus integrantes para administrarla. En Capital y especialmetne en el Interior hay demasiados casos de corrupción, de ignorancias del Derecho, de mal desempeño, de arbitrariedades, de soberbia, Desidia y mala fé, que hace que esté permanentemente en cuestionamiento por la opinión pública y ciudadanos que se ven perjudicados por su accionar malicioso , su omisión de servicios, y su grotesca y escandalosa soberbia, envanecimiento ,necedad y arrogancia...para pensarlo . Muy Bueno lo suyo Selva...
...pregunto ¿ a los ciudadanos periodistas NO LES INTERESA LO QUE PASA CON EL PODER JUDICIAL PROVINCIAL que decide sobre "nuestros bienes" y "nuestras vidas"???
Pero Selva, si en estas dos opiniones está todo dicho, ni más ni menos, que se puede opinar que no se haya dicho ya, lo otro sería comenzar a contar casosn particulares aberranrtes en altísimo grado, pero no vale la pena, porque por ahora y en adelante es cada vez peor.
me refiero a ACCIONES CONCRETAS y no quedarnos solo en "palabras".
En el reino del Ramón, un botón sirve de muestra
YPF, una piedra en el surtidor
Acusan a la UNC de avalar daños al ambiente en Pampa de Oláen
Usuario denuncia picardías de una empresa con el boleto educativo

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.