
Escribe Sergio Carreras.
¿Para qué diablos sirve elaborar un ranking de la corrupción? ¿Tiene sentido circunscribirlo geográficamente, a la provincia de Córdoba en este caso, como si las prácticas corruptas se distinguieran o cambiaran según las tonadas o los límites políticos? ¿Acaso la corrupción es diferente en Río Cuarto que en Capital Federal o en Manila?
Oscar Wilde decía que hablar de "arte inglés" era una expresión vacía de sentido, igual que si intentáramos hablar de "matemáticas bolivianas", como si los resultados de una suma fueran diferentes según la hiciéramos en un país o en otro. Con la corrupción pasa algo similar, existe en todos los países, existió en todas las épocas, ningún país la pudo eliminar jamás ni podrá conseguirlo en el futuro. Pero, lo que han hecho países más organizados, algunos con muchísimo éxito, es mantenerla bajo control.
¿Por qué Argentina sigue siendo un país corrupto? Esto es algo en lo que coincidimos los de adentro y los de afuera. La organización Transparencia Internacional nos ubicó el año pasado en el puesto 109 entre 180 países, o sea, muy lejos de los mejores alumnos de la clase. Claro que se trata de un ranking cuestionable, basado en expectativas de empresarios, que difícilmente dirían, por ejemplo, que Suiza es un país hipercorrupto por dar refugio bancario a dinero sucio llegado de todo el planeta. ¿Eso no se escucha, no? Pero bueno, acá estamos nosotros, en la cósmica cintura sureña, flagelándonos por ser tan cometeros, tan hijos de nuestras madres, tan perdidos, juntando las moneditas para pagar la coima de mañana y pensando que si dejamos de robar dos años, el país sale adelante, como nos alertó un filósofo del gremio gastronómico.
La cuestión de la corrupción se presta siempre para los discursos bobos. Es cuestión de prender la tele, abrir un diario y brota sola la fórmula ponciopilatesca: todos somos corruptos, por eso estamos como estamos. Esta manera de ver las cosas, sirve para que muchos se laven las manos. Si todos somos corruptos, significa que ninguno lo es, y el fatalismo gana la batalla: nunca vamos a cambiar, seguiremos coimeando hasta a los mozos en los casamientos para que no sirvan la pechuga más grande y nos traigan doble ración de helado. Pero, por suerte para nosotros, acá es donde tenemos que hablar de responsabilidades.
La vecina que hace trampa y se adelanta en la cola del banco, no es equiparable al empresario que paga la coima para ganar una obra pública ni al funcionario que hace la vista gorda a cambio de un billete. Estos últimos tienen mucha más responsabilidad, y están jugando con cuestiones públicas, que afectan las condiciones de vida de miles, cuando no millones de personas. No somos todos iguales a la hora de la corrupción, por más que usted, apreciado lector, se sienta el peor de los deshonestos cuando le lleva un regalo a la directora para que su hijo consiga banco en el colegio.
Otro discurso pájaro bobo es el que cree que la corrupción es una cuestión de personas. ¿Le suena? Es el discurso más común entre los políticos cazadores de coimeros, los que hacen una bandera de la honestidad acusando de corruptos a los del partido opositor. Son los que creen, por poner algún nombre, que un gobierno provincial de José Manuel de la Sota sería más corrupto que uno encabezado por, digamos, Luis Juez, solamente porque uno se autoproclama honesto y otro hace que nos contemos los dedos luego de haberle dado la mano. Por supuesto que es importante la vocación de transparencia, de limpieza institucional. Pero la corrupción no es una cuestión de nombres, no está inscripta en los DNI. Es un problema sistemático, tiene que ver con la forma en que se construye y se sostiene el poder en un lugar dado. Sólo sacando a las manzanas podridas no se detiene el proceso de putrefacción. ¿Alguien cree que Santiago del Estero dejó de ser tierra fértil para el clientelismo, los negocios oscuros y el intercambio de favores solamente porque murió el caudillo y ex gobernador Carlos Juárez?
En la isla cordobesa sucede otro tanto. Con un toque especial, un atractivo propio, tan mediterráneo. En casi tres décadas de democracia, ningún gobierno provincial, de los dos signos políticos que hemos tenido, se tomó en serio el trabajo de limitar, controlar, cortarle un poco las uñas al monstruito de la corrupción. Al día de hoy, cualquier gobierno puede disfrutar de las ventajas de no contar con un marco legal atento y bien desarrollado contra las conductas deshonestas en la administración.
¿Ejemplos? ¡Hay docenas! Cuando se descubre que un grupo de funcionarios no presenta las obligatorias declaraciones juradas patrimoniales, para saber si se enriqueció en su paso por el gobierno, nunca es sancionado. Todos deberían ser dejados cesantes si se demoran más de dos meses de la fecha indicada para entregarlas. ¿Alguien escuchó de funcionarios echados por esto? Yo tampoco. Mucho menos es específica la ley sobre publicaciones en el Boletín Oficial, lo que permite que cada gobierno oculte, recorte, discontinúe o deforme la publicación de los actos de gobierno para esconder lo que no le convenga publicitar.
Un gobierno corrupto tiene docenas de formas para ocultar sus chanchullos. Menos que menos hay una legislación clara y completa sobre publicación del registro de proveedores del Estado, para que cualquier persona puede controlar la relación de los prestadores privados con la administración pública. Cuando nos conviene, nos olvidamos de que existe Internet y de las nuevas tecnologías.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de septiembre, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona reinfluencia)
Recomendar esta notaLa corrupción es insita al sistema capitalista que sufrimos.
Pregunto: ¿el Cr. Moncada, quien fuera Presidente de la Caja de Jubilaciones de la Pcia de Cba, en el mandato del gobernador Mestre, ostenta un cargo de asesor privilegiado en la misma (seguramente bien rentada), tiene residencia permanente en Bell Ville y seguramente, hace puntos para una excelente jubilación de privilegio, que abonamos todos los cordobesitos y si no alcanza, La Nación cubre los baches en perjuicios de los magros haberes de los pobres jubilados nacionales?. Interrogante que desearía que por este medio libre e independiente de Córdoba, ¡¡¡qué nos permite en conocer de estas cositas raras de la naturaleza humana o no tan humana!!!
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