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Las maratones de la política /

Las maratones de la política

Una práctica muy extentida en los últimos tiempos es hacer un maratón para comunicar algo. Hoy se corrió uno para crear conciencia con respecto a la violencia de género. Sin embargo, la sensación es que las maratones son hoy el mejor recurso que dispone la clase política para convocar multitudes. Ya no al pueblo descamisado, sino en muscolosa.

Sosperiodista.

Se corrió hoy la Primer Maratón Sin Violencia Hacia las Mujeres, que organizó el gobierno de Córdoba.

Este tipo de iniciativas que se impulsan desde los poderes públicos (cada vez con más frecuencia) se convierten en estrategias peligrosas que terminan frivolizando lo que pretenden comunicar.

Lo mejor que podrían hacer las autoridades gubernamentales, si en serio quieren contrarrestar el infierno que sufren muchas mujeres en sus hogares, es dignificarle un poquito la vida a ella y a sus seres queridos para sacarlos del estrés del excluido.

Claro que no es una cuestión de pobres, solamente, pero los ricos tienen salvoconductos.

Estas iniciativas que invitan al ocio en nombre de un ideal mayor como puede ser decirle no a la violencia a las mujeres, son un recurso facilista para terminar haciendo política. Allí están, ellos, nuestros políticos, haciendo entrega del galardón a los ganadores de la carrera.

Ante la dificultad para movilizar multitudes, nada mejor para la clase política (y para las empresas que sponsorean la carrera con la idea de vendernos su producto) que organizar una maratón para suplir la falta de empatía con la ciudadanía. 

Los políticos a veces se parecen a esos consultores que trabajan para las empresas auscultando los gustos del consumidor.  Miden todo, desde los kilos de rúcula que se comen hoy en los hogares argentinos, los litros de aceite de oliva que se usan para regar las ensaladas, el agua mineral con que se hidratan los cordobeses, las zapatillas con suela de aire que se venden como pan caliente en las tiendas y la cantidad de gimnasios que aportan al tesoro; todo esto para concluir que están las condiciones dadas no para hacer la revolución pero sí para organizar una maratón como símbolo de la vida sana.

El fin no importa tanto, sino la maratón como carmada para acercarse a la gente, a ese pueblo de muscolosa y short, ya no descamisado.  

En Hipercrítico, Cicco (uno de los escritores más mordaces y satíricos del periodismo actual)  se refirió a la fiebre de las maratones en una columna que tituló: “¿Los maratonistas están todos enfermos?”. De la nota, se desprende que sí, que lo están. Lea por qué.

27/11/10


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jocé Leal

Lamentable dicotomía: entre la practica sana, de correr. Y las carencias, de muchas mugeres; que adolésen de lo indispensable. Pero es savido que éstas maniobras, distraen a la gente, de la realidad olvidando por un momento, sus problemas.




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