
Mauricio Caminos.
La recolectora de basura local volvió a enfrentarse con la municipalidad esta semana. Las puntas de lanza eran el fin del contrato y la añeja deuda millonaria que aún no logra cobrar. Así, el servicio estuvo resentido varios días, mientras los residuos se juntaban en la fachada de los vecinos.
¿De quién es la culpa?
La semana comenzó bastante sucia en la ciudad. Pero, afortunadamente, ya el viernes estaba cambiando el paisaje. Cliba seguirá recolectando los desechos hasta enero y sus trabajadores volvieron a recorrer las calles de Córdoba. Pero detrás de la “crisis de la basura” cordobesa, se observan algunos puntos claves que todavía hay que limpiar.
La firma del Grupo Roggio anunció el lunes que terminado octubre también finalizaba la prestación del servicio, y la basura comenzó a amontonarse en las veredas. ¿La causa? La negativa unilateral de no renovar el contrato vigente hasta estos días, además del insistente pedido para cobrar casi 85 millones de pesos que la municipalidad debe a la prestataria. Por cierto, el acuerdo existía gracias a la prórroga de una prórroga concedida en tiempos de Luis Juez. La consecuencia directa se traduciría en despedir alrededor de mil quinientos empleados a partir de noviembre, y dejar librado al azar la suerte ambiental de la ciudad.
El lunes el intendente Giacomino se sorprendió de la notificación de Cliba, pero no hubo avances. ¿No había leído la letra chica de la concesión del servicio donde explicitaba cuándo finalizaba? Por su parte, los trabajadores comenzaron a manifestarse con la típica acción de no cumplir sus actividades.
Al día siguiente, y con la basura cerca de las rodillas de todos los cordobeses, se reunieron las dos partes. Pero todo terminó en “fracaso”. Y paralelamente, comenzó a circular el proyecto para la creación de la “Tamse de la basura”. Un manotazo de ahogado, que agujerearía aún más las cuentas municipales.
La protesta de los trabajadores continuaba, y ya el miércoles, los residuos llegaban a la cintura. De ellos no se libraba el centro, donde las bolsas hacían de las veredas una excepcional carrera de obstáculos. La medalla dorada se la colgaron en las inmediaciones del palacio municipal, donde los desechos de los camiones de Cliba volvían nauseabundo el aire que se intentaba respirar. Pero una nueva reunión entre la intendencia y la prestataria concluiría en una nueva dilación en el servicio. Esta vez hasta enero de 2009, con posibilidades de extenderse un mes más.
Parece claro que se necesita una verdadera planificación sobre qué quiere hacer la municipalidad con respecto al ambiente de la ciudad. La idea de una estatización del servicio plantea polémicas con sólo ver cuánto cuesta mantener rodando los colectivos de Tamse. Una práctica que sirve de analogía. Y además, la reciente licitación para que dos prestatarias se hagan cargo de la limpieza en Córdoba fue declarada “desierta” por los funcionarios capitalinos. ¿Qué pasará a partir del año próximo?
Revolviendo un poco más los desechos, existe una cuestión algo más profunda. Por más que Cliba haga su trabajo, los propios cordobeses también tenemos una cuota de responsabilidad sobre “la pinta” de nuestra ciudad. Es una postal común ver a alguien desenvolver un caramelo para luego tirar el papel ¿dónde? En el suelo. Y así pasa con los cigarrillos, los boletos del transporte, etcétera.
El escollo municipalidad de Córdoba-Grupo Roggio evidentemente es fundamental. ¿Y nosotros? ¿Realmente queremos una ciudad limpia?
1/11/08
Recomendar esta notaRoggio, Roggio me suena che. No son los que estan en todas las contrataciones del Estado.
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