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Córdoba

Mamá, nos vamos con papá a ver el choque /

Mamá, nos vamos con papá a ver el choque

Cientos de curiosos invadieron la ruta 6 la tarde de Navidad para ir a presenciar un accidente protagonizado por dos vehículos. El episodio se convirtió, increíblemente, en un espectáculo para ver. ¿Qué hace que cientos de personas interrumpan sus tareas en el hogar o un paseo en el centro para ir a ver un choque? ¿Es sólo morbo? De casualidad estábamos en el lugar y se lo contamos a ustedes.


Sosperiodista.

¿Qué hace que cientos de personas salgan de sus hogares y se suban a un auto, así como lo hacen habitualmente para ir al cine o al supermercado, pero en este caso para ir a la ruta a presenciar el saldo de un accidente automovilístico que acaba de producirse?

¿Qué hacen esos padres de familia llevando a sus hijos en moto y sin casco, a ver lo que acaba de informar la radio? ¿Qué hace esa abuela, corriendo con su nieta? ¿Qué hacen esos jóvenes, en moto, apurados, tratando de alcanzar el camión de los bomberos? ¿Qué hacen todos esos automovilistas frenando de golpe e improvisando una playa de estacionamiento a la vera de la ruta para llegar a tiempo al lugar del hecho? ¿Qué hace esa señorita embarazada, con las contracciones a cuestas, acelerando el paso y luchando contra el tiempo con el objeto de no perderse el espectáculo?

¿Cómo es que un simple accidente automovilístico puede movilizar a tanta gente, al punto de arrancarla de sus hogares o tareas?

Esto sucedió el martes a la tardecita. Alrededor de las 19 horas, en la ruta provincial 6, en el ingreso a la ciudad de Río Tercero. Dos autos, un Fiat Siena y un Peugeot 206, chocaron de frente dejando como saldo una persona de 83 años muerta y cinco heridos, algunos de consideración.

Esto es lo que informa la letra fría del diario. Nada dice de la estupidez humana que rodeó al luctuoso accidente.

Los curiosos aparecían en motos, autos y bicicletas. Iban haciendo zigzag en medio de la ruta o levantando tierra en la banquina. Entre ellos se hablaban, se preguntaban qué estaría pasando. Intuían un choque, algunos algo habían escuchado por la radio, pero no estaban seguros. Mientras tanto, la hilera de autos atascados que volvían a la ciudad o la dejaban, se hacía más larga. Los bomberos tardaron casi una hora en liberar el sector. Tantos curiosos, apareciendo y moviéndose como molestos moscardones, complicó el trabajo.



¿Qué hace que cientos de personas salgan de sus casas o interrumpan sus tareas o un paseo en el centro para ir, en procesión, a presenciar el saldo de un accidente? Ni siquiera el accidente mismo, que sí guarda cierta espectacularidad. Sino el saldo: autos rotos, heridos, y posibles víctimas fatales. Sangre, muertos, etc.

¿Es sólo morbo? ¿Hay algo de aburrimiento? ¿O la gente de Río Tercero y Almafuerte (pueblo vecino), quedó tan sensibilizada por las explosiones de la fábrica militar y los escapes de gases letales, que un simple choque la moviliza con el afán de cerciorarse in situ de que no pasa nada?

La actitud y los rostros de los que estaban allí, no delataba esto último. Más bien lo contrario: “Tuvieron suerte, si no, ninguno se hubiera salvado, te lo puedo asegurar”, comentaba uno que junto a su esposa, dos nenas y un amigo, volvía algo desahuciado.

Los filósofos hablarían de vacío existencial.

El empleado de la estación de servicio, en una explicación sencilla, nos dirá: “Esto pasa siempre. La gente es así, acá y en todo el mundo. Corren detrás de un accidente”.

Puede ser.

Y pensar que cuando éramos niños, si corríamos detrás del camión de los Bomberos, era para verlos en acción. Lo imaginábamos metidos entre las llamas para salvar a un niño o a una anciana. Ahora, vamos por el niño, joven o el adulto, y nos imaginamos un salvamento, pero si vemos un pedazo de seso pegado al asfalto recogido por un guante de bombero, también sirve.

27/12/07


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Natalia

Concuerdo totalmente. Yo también fui una de las tantas personas a las que les tocó hacer esa larga cola de autos hasta que se ordenara nuevamente el tránsito. Y mientras estaba allí me pregunté exactamente lo mismo. Era impactante que toda una familia fuera a ver lo ocurrido como si fuera de shopping. No entiendo como los padres, movidos por esa suerte de "curiosidad" "morbo" o lo que fuese; pueden someter a esas imágenes a sus propios hijos. Sería interesenta estudiar las motivaciones que llevan a este tipo de conductas. Me hubiese gustado tener una cámara para retratar lo que se veía aquella tarde, aquellas personas contentas porque (textuales palabras de una mujer que volvia caminando por la ruta) "se hicieron bosta". pero ustedes lo han hecho por mi y me alegro de eso... es bueno saber que hay quienes comparten la misma inquietud e indignación.



Martín Menditto

Esta situación, tiene que ver con que vivimos en una sociedad donde la mayoría de los medios miden todo por las reglas del show, todo es show, desde un partido de fútbol, un acto político, un accidente o un programa de televisión. lamentablemente la gente ha hecho carne esa idea y lo aplica en la vida cotidiana, como en un espectáculo, ha asumido el rol de mero espectador pero nunca participa. Así, todo es espectáculo en un mismo nivel, en el que se achatan las cosas importantes y se sobredimensionan cosas intrascendentes, con esto, es lo mismo un tipo que muere en una telenovela que el que muere en un asalto si la logica propuesta indica que todo es show y todo estahecho simplemente para ser visto.



latinoamericano V (a much

Concuerdo en un todo con Martín Menditto. Antes había diarios "serios" y otros "amarillos"", que eran los sensacionalistas. Había uno cuyo nombre no recuerdo, o era "Crónica"que se especializaba en crímenes y noticias escabrosas. Que supo sacar en la tapa la agonía del lider político Ricardo Balbín. Ahora son todos de ese color, salvo este medio y otros pocos más,contados con los dedos de la mano,...y mejor no ver televisión en la hora de la siesta, porque directamente te descompones; y es como dice Martín la gente se ha amoldado a su mero carácter de espectador...




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