
A pesar de la estadística negra de accidentes en calles y rutas, no se aprende. Este periodista ciudadano, anduvo por calles, avenidas y rutas observando cómo se propician -por el mal comportamiento de automovilistas, motociclistas y peatones- una seguidilla de accidentes, listas de la muerte, secuelas familiares en caso de sobrevivientes.
La que sigue, no pudo ser realizada asignando una prioridad a cada caso ya que, en rigor de verdad cada uno de ellos era riesgoso en grado sumo.
· Motociclistas sin casco
· Sobrecarga humana o de enseres que, dificultan la maniobrabilidad
· Desprecio por las más elementales normas de conducción.
· Vehículo sin luces y/o faltos de luz de stop.
· Ómnibus notoriamente obsoletos, colocados como “refuerzo” de servicios.
· Exceso de velocidad.
· Ignorancia de las órdenes de los semáforos. La amarilla no existe.
· Evitar responder a la señalización horizontal.
· Conducción peligrosa.
Y así, podría seguir hasta completar el Manual del Conductor/Contraventor. Concurren entonces dos aspectos: ¿somos o nos hacemos? Porque si somos infractores consuetudinarios y permanentes de la Ley de Tránsito, no son de extrañar los resultados.
Asombra además la casi ausencia de autoridad de aplicación de las normas, porque cada una de las faltas señaladas en algún momento son visualizadas por patrullas o puestos fijos que controlan: ¿qué?
Si por el contrario, nos hacemos … Es llamativa la facilidad de agresiones o auto agresiones de las que somos capaces, propiciando cuadros de dolor y muerte ante tal irracional comportamiento.
Por ejemplo, el 24 de diciembre a las 21:40 sólo pude ver un bólido rojo que acercándose peligrosamente a la retaguardia de mi vehículo, frenó violentamente, volanteando hacia el centro de la calzada, cruzó al carril derecho, nueva frenada brusca e inserción forzada al carril de la izquierda, entre medio de tres vehículos que discurríamos por la Av. Armada Argentina (a la altura del C.P.C de Villa El Libertador). Tres cuadras más adelante se había perdido de mi vista, cuando las luces de un patrullero y un servicio de emergencia atendían un herido sobre la calzada.
Seguramente, el conductor de la pick up roja (doble cabina) de la que no pude ver la chapa patente, estaría llegando para el brindis de nochebuena y estrecharía a su mujer e hijos con cariño fraternal olvidando su comportamiento irresponsable y casi asesino de instantes antes.
La reflexión es válida para todos. Los usuarios de la vía pública debemos asumir su estrechez y acomodarnos “racionalmente” a un tránsito lento y a veces caótico. Hacer sonar la bocina hasta el hartazgo, no las hará más anchas ni rápidas. Las autoridades deben hacer cumplir las normas y los legisladores “pensar” en algún sistema integral que regule ajustadamente la situación.
foto archivo de Marcelo Romero.27/12/07
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