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Córdoba

Privados de dignidad /

Privados de dignidad

El periodista ciudadano acaba de perder a su suegro y reflexiona sobre el supuesto "maltrato" en la atención médica recibido en una reconocida institución del rubro.

Juan Pablo Verguilla.

Hoy (por ayer) no es un día más para nosotros ya que en horas de la mañana falleció mi suegro, Carlos Alberto Carrizo, un hombre honorable y solidario, que se fue como vivió, peleando contra todas sus enfermedades a quienes venció hasta que ya no pudo. Nos dejo su legado de honestidad y trabajo, de respeto por el otro, por lo que el maltrato que le fue propinado por el Hospital Privado de la ciudad de Córdoba es todavía más injusto.

Carlos tenía 80 años y una salud muy endeble, por lo que sería injusto achacarle a los médicos y los errores en lo que pudieran haber incurrido la causa de su muerte, sino que lo que indigna es el trato que le dio la mencionada institución de la cual fue socio durante más de cuarenta años.

Durante todo ese tiempo fue intervenido más de siete veces y estuvo internado tanto tiempo que el decía que era esta su "segunda casa", por lo que había desarrollado con más de un médico una relación que iba más allá de la estrictamente profesional.

La semana del 22 de junio fuimos, como tantas veces, de urgencia a su otra casa, pero esta vez el dolor era peor que nunca por lo que quedó internado.

El 24 de ese mes, el día del cumpleaños de su nieto nos llamaron, ya que debía ser operado de urgencia por una obstrucción intestinal. Era de vida o muerte, según los médicos y no se podía esperar más, eran las 19:30 hs cuando nos avisaron. Pudimos llegar a las 21:30 y para nuestra sorpresa no lo habían operado, sino que cuando fueron a hacerlo se había llenado la terapia, por lo que pasamos de la vida o muerte a tener que buscar un hospital que tuviera lugar y quisiera recibirlo. Este lugar fue el Sanatorio Mayo, donde ingresó a las 00.10 del 25 de junio.

Fue intervenido a las 13 hs y milagrosamente salvó su vida y peleó hasta hoy donde ya no pudo más.

No quiero pasar por alto la atención que recibió en el Mayo , donde hicieron lo que pudieron, recibiendo un paciente al borde de la muerte y en condiciones normales de altísimo riesgo, sin haberlo visto en su vida, con una historia clínica de mas de cuatro tomos “derivado” por el Privado ( arrojado a la calle ) para salvarle la vida, esa que ellos cuidaron por 40 años, pero la noche que se moría descubrieron no tener lugar para seguir haciéndolo y decidieron que otros hagan el intento.

Tampoco pretendo “manchar” a los médicos de su segunda casa porque, a decir verdad , era un paciente muy complejo. Quizá erraron en principio el diagnóstico; nunca sabremos cuánto influyó esto en el desenlace final: ellos también son humanos, hacen lo que pueden, sobresaturados de pacientes, entre la gripe A y todos los nuevos socios que la institución debió incorporar para poder paliar sus costos, elevados sin duda.

Es muy triste ver adónde hemos llegado como sociedad. Ya no existe el respeto ni la solidaridad, sino somos números dentro de un sistema que sólo privilegia el dinero, al que no le importa nada el de al lado, donde nos peleamos entre nosotros mientras los verdaderos responsables nunca dan la cara. Para eso tienen el dinero, el que les permite pagar (no siempre bien) a otros para que lo hagan por ellos y nos digan cualquier cosa con tal que ya no molestemos más. Es que hay otras víctimas esperando su turno, con el desprecio siempre presente, hombres y mujeres trabajando al límite de sus posibilidades, sin recursos y mal remunerados, y otros que se debaten entre la vida y la muerte y están en aquellas manos.

Que bueno sería que empezáramos a cambiar las cosas, pero el cambio comienza en cada uno de nosotros, siguiendo el ejemplo que nos dejó Carlos, el que se fue al menos sin terminar de entender, que de esa otra casa adonde él pensaba que iba a dar su última batalla, lo abandonaron con un cartel de “no hay lugar”. Pienso que lo más sincero que hace el Privado es su publicidad: “ te queremos sano”, nos dicen. Cuan cierto es: no vayamos a enfermarnos y tengamos la desgracia de caer en sus “solidarias “ manos.


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Martín Menditto

y esto tiene que ver con la transformación del hombre en objeto, en mercancía manoseable. Lo que comentas me hace agradecer aún más el trato humano e impecable que recibí de los médicos de traumatología del Hospital de Urgencias, donde se preocuparon siempre y a cada momento de contenerme, previamenti y a posterior de una intervención quirurjica que me realizaron por un accidente de tránsito del que fui víctima en abril pasado.



Pepe el Viejo

Esto sucede y continuará, por la sencilla razón que tenemos un Estado Ausente en casi todos los niveles. Puedo aportar un teléfono para colaborar con los familiares del extinto señor Carrizo: 0351-4999016 y pertenece a la Dra. Olga Romero de Sismondi, titular de la Fundación Civil en Defensa de los Derechos del Paciente, entidad con personería jurídica de reciente creación y que sus miembros se dedican en hacer valer los derechos de todos los pacientes en situaciones similares.



monica

cuando lei esta nota se me vino a la mente un caso muy parecido,yo tenia a mi mama que trabajaba en una institucion de aca de la ciudad muy conocida ella era mucama le dio practicamente su vida cuando no habia personal suficiente mi mama era el comodinse ajustaba a todos los puesto menos el de enfermera por ahi le sobre cargaban,los turnos ella no se quejaba agachaba la cabeza y trabajaba llego a decir que era su segunda casa,bueno se jubilo y lamentablemente se enfermo por suerte no de gravedad y que creen su segunda casa le dio la espalda todo por que no teniamos el dineo sufiente y encima de todo tiene la mutual del pami parece que en esta institucion esa mutual es mala palabra.para hacerla corta la cambiamos de upi para no tener que verle la cara a tanta gente etiquetada con el signo peso$adelante.




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