
Alejandra De Virano.
Hemos asistido como sociedad a diferentes situaciones violentas. Vimos jóvenes, niños y adultos apedreando móviles policiales como expresión de rechazo a vehículos que circulaban por una calle o una ruta cercana con intención de robo o en circunstancias de protesta y reclamos.
En lo personal, con la intención de preservar la integridad física y psíquica de vecinos y familia, el año pasado sentí la obligación de dar a conocer circunstancias vividas en relación a vandalismos varios. Al expresarme fui acusada, por algunos, de discriminar entre otras cosas. Recibí dichos agravios como una intención evidente de censura a mi necesidad de expresión.
El martes 22 observé una llamativa cantidad de piedras en la calle. No sé quien las ha tirado. Sacando una conclusión rápida puedo contestar: las tiraron desde la villa “Los Galpones”, lo que podría interpretarse como un prejuicio.
Luego de sufrir desvelos y tristezas desde mediados del año 2005 a fines del 2009 tuve un importante período de calma de casi seis meses. Desde enero de 2010 hasta junio las lluvias de piedras se tornaron esporádicas. Por ejemplo, en marzo un día llegamos a nuestro domicilio y no podíamos bajar del vehículo por el enfrentamiento amigable entre dos grupos; digo amigable porque volaban limones, papas y piedras de tamaño chico mientras se reían y se gritaban cosas. Diversión que uno no podía compartir, claro.
El viernes 11 de este mes mientras limpiaba la vereda tuve la suerte de volver sobre mis pasos y al instante sentí el fuerte impacto de una piedra en el piso. Por la trayectoria, el ruido al pegar en el piso y la forma de la piedra no dudo que la dirección era mi cabeza; además después de tantos años uno comienza a reconocer las características de los proyectiles. Ese día, no pude ver donde estaba escondido el responsable de la agresión pero al día siguiente cuando impactó una piedra en la puerta vi a José (nombre ficticio), un niño de 9 o 10 años, con una hondera.
José es un niño que conozco desde que tendría 4 años, pasaba a algunas siestas pidiendo a los vecinos algo para comer. Compartíamos con él y otros tres niños cereales, galletitas y frutas. José casi siempre venía solo.
Un día no teníamos nada para compartir: pero nada. Y José se fue, regresando a los cinco minutos con otro niño que yo no conocía de unos 6 años, más o menos. Al contestarle lo mismo volvieron pasados unos minutos pero ya eran tres niños: José, el niño desconocido y M. de unos 9 años. A M. sí lo conocía y les repetí que lo que le había dicho a José y al niño desconocido era cierto: no tenía nada para darles. Se fueron. Salgo a limpiar la vereda y José, su amigo y M. se sentaron en el cordón de la vereda del frente a gritarme cosas. Una vecina sintió el griterío y salió de su casa para saludarme lo que motivó que los niños se fueran. El triste final de esta historia es que al tiempo M. en situación de descontrol por intoxicación con drogas agredió muy mal a otra vecina, no vi más al niño de 6 años o tal vez no lo reconozco, pero José tira piedras con una hondera y nadie se responsabiliza por eso.
Las piedras y quienes la utilizan tienen una relación directa con la intencionalidad, es decir, si la intención es molestar o romper cosas los niños son los encargados, si la intención es romper algo para robar el encargado de tirar la piedra debe tener unos 15 años o más. El tipo de piedra también cambia, ya que si es vandalismo lo más usado son piedras de tamaño menor con características redondeadas, si intentan robar: la piedra aumenta de tamaño y si la intención es lastimar a una persona es utilizado un ladrillo o piedras con bordes irregulares y filosos.
¿Quién tira las piedras? Ví un joven de rostro blanco como la nieve tirando piedras de unos 20 cm de diámetro a modo de King Kong mientras tomaba impulso por sobre su cabeza mientras intentaba impactar en autos y viviendas. Vi a toda una familia que apedreó la casa de una vecina produciendo importantes daños. No es una cuestión de edades, colores o lugares. Las piedras se arrojan desde una villa o a la salida de un boliche, en una ruta o un barrio. Tampoco son todos los habitantes de determinado sector o todos los niños de un asentamiento, sólo algunos.Y entonces me permito imaginar que todos poseemos libre albedrío y tomada la decisión de robar, agredir, molestar, romper o lastimar e independiente de ser blanco o negro o pobre o rico o la división que uno elija, buscan y toman con firmeza la piedra y con la mano o con hondera afinan la puntería.
¿Todos poseemos libre albedrío? Me gusta pensar que sí. Pero lo grave resulta al analizar los condicionamientos que rodean a algunas personas. Con hambre, con frío, con tóxicos o con carencias afectivas, entre otras necesidades, las decisiones pueden no ser muy correctas para una convivencia social pacífica pero no deben representar excusas. No todas las personas sometidas a las mismas condiciones de vida poco digna deciden igual, lo preocupante y peligroso surge cuando palabras o actos de personas malintencionadas que rodean al niño, joven o adulto incitan las conductas peligrosas hacia los otros o hacia su propia persona.
Sin asignar culpas sino definiendo responsabilidades y acciones nos permitiremos construir una sociedad que todos la consideremos propia, es un deuda que tenemos que saldar.
23/6/2010
Recomendar esta notaAlejandra, su análisis es la realidad de estos tiempos. Los que tiran piedras, son los 14 millones de pobres "modernos" o sea los que han queado fuera del sistema. El "plan descansar" no alcanza y otros prebendas, menos. No se apunta a la premisa de los grandes líderes (Perón, Evita, Frondizi, etc.) en la cual la bandera de estos es: "gobernar es dar trabajo". Los actuales no están preparados para la misma. Son partes del genocidio silencioso.
Anita R.su opinion es tan cierta como que cuando llueve nos mojamos,se nesecita llevar a cabo un modo de gobernar con transparencia,con capacidad de dialogo y con especial sensibilidad para los mas desfavorecidos y nesecitados,la mayoria de los politicos dan ASCO."TIRAN LA PIEDRA Y ESCONDEN LA MANO" y lamentablemente los "adulones" y "alcahuetes" de turno no se dan cuenta de nada,los Legisladores y Ministros de nuestra provincia hoy tienen un ajuste salarial del 50%,menos el Gobernador y el Vice????
Anita: tu nota invita a la reflexión por eso me uedé pensando en otras piedras que se arrojan y no las vemos, están invisibilizadas y son las agresiones expresadas en el desprecio, la marginación, la estigmatización de esos chicos que arrojan piedras. No las justifico pero trato de entenderlas para no condenarlos. Sabías que gran parte de la sociedad media piensa que no tienen derecho a comer jamón crudo ni usar zapatillas de marca porque son pobres? y por qué no , les respondo o ea ue no les asiste ese derecho como tanotas otoas que les son vedados. Lamento por lo que pasaste. Mis saludos Guillermina
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