
Sosperiodista.
Este sitio lo encontró el sábado supervisando la obra de demolición (porque destruir tampoco deja de ser un arte) de la Casa de las Tejas. Las cámaras de TV también lo mostraron de fino sport, dando órdenes y haciendo comentarios a los maquinistas de la empresa Brasca Demoliciones cuyos trabajos, por ahora, avanzan lentamente.
Informaba hace unos días La Voz del Interior, citando fuentes de gobierno, que el gobernador “está insoportable” supervisando cada detalle de la demolición y que por este motivo, pocos ministros y secretarios han tomado vacaciones y giran a las órdenes de aquel.
Schiaretti pareciera estar como aquel ministro de economía, sentado sobre la caja del tesoro, viendo cuánto pesito se gasta o se deja de gastar. Aunque, en realidad, esta no es la mejor metáfora para hablar de alguien que decidió endeudar a la Provincia por 430 lucas para destinarlas a una nueva sede de gobierno, y 11 millones más (probablemente puedan ser más porque se desconoce el proyecto) para levantar un parque temático, obras demasiado costosas y extravagantes para una Provincia endeudada hasta la médula.
Pero, en fin. Allí está el gobernador en pantaloncitos cortos, un sábado a la tarde o un lunes bien temprano, con su presencia omnímoda ejerciendo presión sobre los obreros que están a cargo de convertir todo en polvo; aunque la cosa viene lenta, no se sabe bien por qué.
Sin embargo, una colega analizaba este fin de semana que la pretensión de quienes habitan la Casa de las Tejas es demoler lo más rápido posible y hacer irreparable la situación a fin de acallar de una vez las protestas y las denuncias.
Por ahora el ritmo de obra no se ajusta a esa pretensión. Es como si al gobernador le costará, todavía, la decisión. Sino no se entiende qué hace en persona supervisando la obra, cuando tiene a su disposición un ejército de profesionales (los propio tiene la empresa a cargo de los trabajos) que están avezados, por su preparación técnica, a ejercer un mejor control y fiscalización de lo que se destruye.
¿Será esto parte de la sobreactuación de todo político? Es decir ¿finge el gobernador estar preocupado por las consecuencias de las acciones de gobierno que lleva a cabo? ¿O verdaderamente a Schiaretti lo invade hoy un sentimiento de culpa tan grande por la polémica y arbitraria decisión que ha tomado, que la ansiedad por ver la casa demolida cuanto antes, lo carcome al tiempo que lo frena, por momentos lo tironea, le hace un cosquilleo de angustia en la panza al ver desplomarse ante sus ojos 50 años de historia, sólo porque cree que el pasado es sinónimo de atraso y no puede armonizarse con el porvenir, el futuro, el progreso?
Ustedes dirán con razón que si siente tanta culpa porque no frena todo y se resarce ante el pueblo. Quizá porque es culposo, pero no idiota. Quizá porque esto supondría tirar abajo un entramado de negocios urdido pacientemente por la coalición que gobierna a Córdoba hace 11 años. Y segundo porque el pueblo que puede, no está en Córdoba sino en Brasil, en Madel o en las Sierras; y el que no puede y está todos los días luchándola para ver cómo lleva un peso a casa, no tiene tiempo ni ganas para salir a la calle a blandir una pancarta que diga: "Basta de demoler". Ante quién se va a resarcir o retractar si las protestas y las denuncias que encarna un grupo de ciudadanos que han manifestado su rechazo público al derrumbe, por ahora carecen de fuerza organizativa.
Igual se lo ve intranquilo al gobernador, más nervioso que de costumbre. Lo delata su actitud de moscardón, oscilando sobre la obra, apareciendo de improviso, sobreactuando preocupación, que seguramente la tiene y mucho. Por más que declare estar convencido de lo que hace, sabe y no es tonto, que el proceso que desembocó en este desaguisado, ha sido desprolijo y sospechoso, tanto como su victoria conseguida aquel 2 de setiembre de hace tres años.
De aquella sospecha electoral el gobernador salió airoso, recobrando legitimidad y autoridad a través de una discreta gestión de gobierno, pero no se sabe cómo saldrá de ésta sospecha.
Quizá esto último no le preocupe demasiado, al no tener chances de ser reelecto. Pero seguramente sí le interesa a su partido que, a través del regreso aún no confirmado del Gallego (sumido en un suspicaz silencio), apuesta a inmortalizarse en el poder de la Provincia, para regocijo de depredadores (desarrollistas y constructoras), y para desconsuelo de los “profetas del atraso”.
10/1/11
Recomendar esta notaNo tienen culpa de nada. Son psicópatas...
Esto dijo el Sr. Gobernador el día 4 /05/2009 en unreportaje al diario Dia a Dia: "Juan Schiaretti: “La Casa de las Tejas no se venderá en mi gestión" Licitará el Centro Cívico y la nueva Terminal de Ómnibus antes de fin de año, pero pateó hasta 2012 el loteo de la Casa de Gobierno. 04/05/2009 | Córdoba Por Adrián Bassola, Ary Garbovetzky, Gabriel Esbry y Juan Manuel González *El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. Con la crisis internacional en el horizonte y las elecciones de junio entre sus urgencias, el gobernador Juan Schiaretti confirmó, en una entrevista concedida a Día a Día, que este año se licitarán la nueva Terminal de Ómnibus y el Centro Cívico que se emplazará en la estación del Ferrocarril Mitre. Pero anticipó que mientras él sea gobernador, la Casa de las Tejas no será vendida como estaba previsto en el plan original para financiar la construcción de la nueva sede gubernamental. “No quiero que ningún mal pensado crea que tengo un interés personal en venderla, así que esa tarea quedará para quien me suceda”, aseguró" Es o no un HDP...
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