
María Soledad Pérez (Villa María)
Su vida transcurre ente el taller, el negocio y su familia. El camino recorrido con la música lo llevó a convertirse en un reconocido luthier.
No hay una sola marca de sus manos que no remita a su jornada de trabajo y nos introduzca en su taller lleno de virutas, formones y magia.
Lo entrevisté y me acerqué un poco más a la cálida y solitaria labor de quien convierte un pedazo de madera en una obra de arte.
- ¿Cómo es su jornada de trabajo?
Bueno, mi jornada es bastante común a la de cualquier trabajador, me levanto temprano, me encierro en el taller y emprendo la tarea.
Estoy solo, así que tengo charlas conmigo mismo cada vez que surge algo, tengo la tranquilidad que necesito y aunque a veces me siento un poco solo, no me aburro nunca ya que siempre estoy haciendo algo. Por la tarde abro el negocio, en donde me esperan más trabajos y la atención a los clientes por diferentes tipos de consultas e inquietudes.
Es allí donde la tarea se hace un poco menos solitaria ya que constantemente estoy charlando con mis clientes, muchos de los cuales hoy son mis amigos.
Mientras se acomoda en su banqueta, orgulloso nos muestra parte de sus creaciones y me pregunto si hay algo de misterio en su trabajo…
- ¿Cómo es la vida de un luhier?
Mi vida está llena de satisfacciones, y gracias a Dios, mi trabajo es una de ellas, siempre digo que no hay nada mejor que trabajar en lo que a uno le gusta, y yo por suerte no tomo a mi trabajo como tal, ya que lo hago con placer, con amor, es lo que siempre quise hacer, es un sueño cumplido.
- ¿Qué siente cada vez que termina un instrumento?
“Cada vez que termino un instrumento siento que comienza algo mucho mejor: el siguiente, ya que estoy entregado a la búsqueda del perfecto, el que reúna todas las condiciones que busca el cliente y que busca mi obsesión. Y eso no quiere decir que el siguiente va a ser el perfecto, ya que creo que justamente esa búsqueda me lleva a esforzarme cada vez más, a investigar, y seguramente cuando construya ese instrumento no me daré cuenta porque estaré esperando al próximo y así será permanentemente.
En sus palabras y en su mirada deja escapar con total transparencia la pasión que siente por lo que hace y que indudablemente se ve plasmado en sus instrumentos.
- ¿Qué le deja y qué le quita este oficio?
Ser luthier no me quita nada, al contrario, todo lo que hago no hace más que dejarme cosas: enseñanzas, experiencias, perfeccionamiento, amistades, y sobre todo el alma llena de satisfacciones, de alegría, de hacer esto un camino, de estar en contacto permanente con la música, mi primer amor, y de pasar los días agradeciendo por poder hacer lo que me gusta.
- ¿Cree que sus trabajos son una obra de arte?
No soy yo quien debe decir eso, son otros los que deben considerar mis trabajos como obras de arte. Yo pongo en cada uno de mis instrumentos, todo mi amor, mi dedicación, mi espíritu, mi mente y mi corazón. El resultado final solo es una parte más del trayecto, primero está la charla con el cliente, escuchar lo que quiere, entenderlo, ver el amor que tiene por la música, su pasión; esos son algunos de los disparadores que me llevan al resultado final.
Creo que artistas son todos aquellos que satisfacen algunos de los sentidos del hombre, sea cual sea su trabajo, su vocación o su don, lo hacen con amor y con responsabilidad.
Esta entrevista, me dejó la buena sensación de que todo se puede lograr cuando hay verdaderas ganas de hacerlo, que nunca hay que darle la espalda a los sueños y que todo se puede conseguir, con humildad, con sencillez, con sinceridad, así como nos muestra en sus palabras y en su vida el luthier Germán Aprile.

Germán Aprile colocando trastes en una guitarra de su línea
Fotos: María Soledad Pérez.
12/11/2010
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