
Martín Menditto.
Ya en los últimos momentos del 2007, el intendente de Córdoba, Daniel Giacomino, aseguró en el programa Arriba Córdoba (Canal 12) que ve con buenos ojos un posible aumento del boleto de colectivo urbano, planteando una empatía con el servicio de Rosario, estimó que el valor del viaje debería ascender a un peso con cincuenta centavos.
Dicha versión no puede menos que enervar a los usuarios del transporte público, que día a día reciben un servicio que oscila entre lo mediocre y lo malo.
La excusa es que con ese aumento del 25 por ciento se financiarían algunas mejoras en el servicio de ómnibus, anteriormente ya se incrementó el boleto con la misma excusa, sin embargo, el servicio lejos de mejorar ha perdido calidad sistemáticamente; y los fondos devenidos de los aumentos se licuaron en engrosamientos salariales para los chóferes.
Con estos antecedentes, lo lógico sería que primero mejoren el sistema de transporte público de pasajeros, y luego aumenten el precio del boleto, así, el usuario pagaría el incremento por una mejora ya materializada, existente, y no por una promesa de nulo cumplimiento, según lo marca la historia de anteriores subas del cospel.
Cuando los colectivos funcionen correctamente, tengan una periodicidad aceptable, un estado mecánico óptimo, recién allí se puede empezar a discutir sobre un incremento en el costo del servicio.
Los usuarios están hartos de financiar mejoras que nunca se ven, de pagar de más por un servicio que retrocede en su calidad. Las experiencias de las anteriores subas no invitan a ser optimistas, ni crédulos con las promesas oficiales, podemos preguntarnos ¿adonde están las unidades que se iban a comprar cuando el boleto paso de $ 0,95 a $ 1, 20, las cuales iban a solucionar el problema de la periodicidad?, hoy por hoy, en algunas zonas, en determinados horarios, se puede esperar un colectivo durante media hora o cuarenta minutos, es más, muchas de las unidades en funcionamiento ni siquiera tienen un estado mecánico aceptable, a menudo podemos ver en las calles de Córdoba ómnibus parados por desperfectos técnicos, que han dejado a sus pasajeros de a pie. Pagar más por este servicio paupérrimo es un abuso intolerable.
Analizándolo fríamente, la lógica que se le propone al usuario es bastante malvada: financiar una promesa sin garantías, es decir, pagar primero por un servicio que algún día quizás mejore, si esa optimización no se materializa, el boleto no vuelve a su precio original, ni se le devuelve el dinero invertido a los usuarios. Ni siquiera el peor de los negociantes aceptaría una propuesta similar, pero el estado municipal condena al pasajero a cargar con los costos, aún cuando este último no tiene beneficio alguno.
Las mejoras en el sistema público de transporte debe idearlas la municipalidad y financiarlas los empresarios que usufructúan las empresas de colectivos urbanos, hay que obligarlos, de algún modo, a reinvertir las ganancias en el mejoramiento de las unidades. Son los empresarios quienes deben costear un mejor servicio, para eso reciben subsidios al por mayor que les alivianan y facilitan la tarea de administrar las líneas de colectivos. Es hora que las cargas más pesadas se monten sobre las espaldas indicadas y no sobre las más débiles.
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3/1/08
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