
Escribe: Hernán Vaca Narvaja
De no ser por el paso del tiempo y la habilidad mediática del abogado Marcelo Brito, la actuación del fiscal Javier Di Santo sería motivo de un nuevo escándalo nacional. Luego de 33 meses de espera, recibió los esperados informes del FBI y, lejos de tomar alguna medida procesal en función de esos resultados, pidió más tiempo para analizarlos. Su diferencia de criterio respecto a los otros sospechosos que tuvo la causa es, además de discriminatoria, incomprensible: mandó a prisión a un “perejil” sin otra prueba que el testimonio de un débil mental: imputó de “sospecha leve” a Facundo Macarrón con prueba genética (incompleta) en su contra; y no hizo nada cuando el FBI confirmó por segunda vez que el ADN hallado en las zonas más comprometedoras de la escena del crimen y el cuerpo de la víctima pertenecería a Marcelo Macarrón.
Las conclusiones del FBI son claras y contundentes: habría ADN de Marcelo Macarrón en la vulva, en la sábana ajustable donde yacía el cadáver de Nora Dalmasso y en el cinto de la bata con la que fue estrangulada. “No es posible descartar la posibilidad de que el ADN de Marcelo Eduardo Macarrón (...) esté presente en estas muestras”, dice el informe. “No se obtuvo ninguna evidencia de la presencia de ADN del sospechoso Zárate en estas muestras”, agrega el trabajo que lleva la firma del genetista Jack Ballantine.
Con estos resultados, Di Santo desvinculó de la causa a Gastón Zárate, el célebre “perejil” que conoció por primera vez los sinsabores de la prisión por haber trabajado como pintor en la casa de los Macarrón y que fue liberado por la presión popular de una multitud que se movilizó espontáneamente para reclamar su libertad. En su resolución, Di Santo omitió decir que la orden de detención fue motivada por la declaración de un muchacho con serias limitaciones intelectuales (Carlos Curiotti) en base a aprietes policiales, lo que le fue reprochado por el juez de control, Daniel Muñoz.
Pese a los entusiastas vaticinios del abogado Brito, el informe del FBI no desvinculó a Facundo Macarrón. Y la causa, lejos de haber vuelto a “fojas cero”, despertó de su letargo y parece encaminarse indefectiblemente hacia el círculo más íntimo de la víctima (el marido, el hijo y el suegro).
Di Santo no imputó a Marcelo Macarrón -cuya huella genética aparecería en forma indubitable en la escena del crimen-, pero tampoco desvinculó a Facundo, que quedó como único acusado por el crimen de su madre. ¿Investigará a Félix Macarrón? Es posible. Así lo exigiría otro de los párrafos del escueto informe del FBI: “Facundo Macarrón, Félix Macarrón y Marcelo Eduardo Macarrón no pueden ser excluído(s) como principal(es) donante(s) del ADN identificado”. Se refiere a muestras halladas en la sábana, la vulva, la vagina y el cinto asesino. El “linaje Macarrón” o haplotipo Y (Y-STR) de esas muestras apuntaría por igual a padre, hijo y nieto como posibles donantes del material genético y, por tanto, los ubicaría en la escena del crimen. En otras palabras, el informe genético reeditaría lo sucedido tras el primer informe del Ceprocor, allá por mayo de 2007. Pero a diferencia de aquel resultado, el estudio del FBI comprometería particularmente la situación del viudo, único del que se habría obtenido un perfil genético completo (STR autosómico).
Antes de tomar cualquier decisión, Di Santo quiere saber si es posible que el ADN hallado sea producto de la relación sexual que el traumatólogo dijo haber mantenido con su mujer la madrugada del martes 21 de noviembre de 2006, casi cinco días antes de que fuera hallado el cadáver de Nora Dalmasso en la habitación de su hija.
Cuestión de hábito
La duda de Di Santo en realidad no es nueva. Ya había sido planteada en el expediente en función de la imputación de Facundo Macarrón. Al haber obtenido solamente un ADN parcial (haplotipo Y) de un Macarrón, la investigación procuró entonces establecer si ese ADN podía ser del viudo. Antes de conocerse el informe final del FBI, esa posibilidad había sido prácticamente desechada. Así se desprende, por ejemplo, de las conclusiones de la autopsia psicológica.
Elaborada a lo largo de nueve meses por la asistente social Ileana Benítez, la criminóloga Raquel Ibarra y el psicólogo Javier Chilo, la autopsia psicológica sostiene que Nora Dalmasso conocía a su asesino y no opuso mayor resistencia y que murió en apenas cinco minutos, producto de un mecanismo de compresión mixta que la dejó sin aire y le provocó un paro cardiorrespiratorio. El trabajo indica que Nora no necesariamente tuvo sexo con el homicida y que lo más probable es que éste la sorprendiera dormida. Sobre el móvil del crimen, los especialistas concluyeron que habría sido personal y no pasional, con cierto grado de premeditación.
La autopsia psicológica es el trabajo más minucioso realizado hasta ahora sobre la personalidad de la víctima, sus vinculaciones familiares y sociales, sus hábitos y las circunstancias de su muerte. Su relectura en base a las conclusiones genéticas del FBI despeja varias dudas y abre otras nuevas. En lo referido a la permanencia o no del ADN del viudo en las muestras, sostiene que es improbable que el semen –y menos aún las células epiteliales- hayan permanecido en el cuerpo de Nora tantos días, habida cuenta de sus hábitos higiénicos casi obsesivos.
Así lo acreditan los testimonios de su propia familia. Facundo dijo que su madre se levantaba a las ocho, desayunaba en el dormitorio mientras escuchaba las noticias por televisión y luego se bañaba, maquillaba y vestía. Nené Grassi, madre de Nora, dijo que su hija se bañaba por la noche, antes de acostarse, y que siempre usaba su bata de toalla con ropa interior. Algo similar declaró su empleada doméstica Carina Flores, quien agregó que los fines de semana, cuando tenía más tiempo libre, Nora solía darse largos baños de inmersión, que la relajaban.
Si Marcelo Macarrón no mintió cuando dijo que tuvo relaciones sexuales con Nora en la madrugada del martes 21 de noviembre –hubo solo dos testigos de aquella supuesta relación y a uno ya no se le puede preguntar-, es probable que Nora se haya bañado como mínimo cinco veces antes de ser asesinada. En el expediente está acreditado que el viernes 24 además nadó un rato en la pileta antes de volver a bañarse para salir a cenar con sus amigas en el bar Alvear.
La presencia de ADN del viudo en la sábana ajustable de la cama donde habrían asesinado a su esposa sería incompatible con la declaración de la empleada doméstica, que declaró haber cambiado las sábanas el jueves 23, horas después de que el viudo viajara a Punta del Este. Y con la del propio Macarrón, que dijo que el último encuentro sexual con su mujer se produjo “en el dormitorio de Facundo”. ¿Cómo se explica entonces que su ADN haya aparecido en la cama de la habitación de su hija?
En el expediente hay indicios claros de que el matrimonio Macarrón no pasaba por su mejor momento. La doméstica afirmó que dormían en camas separadas y que “nunca halló vestigios de que ese matrimonio hubiera mantenido relaciones sexuales, salvo dos veces en tres años (sic), cuando encontró sábanas manchadas con semen”. La autopsia psicológica sostiene que a Nora y Marcelo los unía “una relación de conveniencia en la cual ella representaba un papel para la sociedad, pero que para nada llenaba sus expectativas amorosas y la impulsaba a buscar relaciones extramaritales”.
A diferencia de la imagen que los abogados del viudo transmitieron a los periodistas los días posteriores al crimen, Nora no era una fatal femme que coleccionaba amantes, sino una mujer atractiva y vital que se sentía sola y mantenía una relación clandestina pero estable con su vecino Guillermo Albarracín. ¿No es extraño que justo antes de viajar a Uruguay Marcelo Macarrón mantuviera relaciones sexuales con su esposa? La existencia de aquella supuesta relación nunca se había puesto en duda. Hasta ahora.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de abril, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)
Recomendar esta notaExiste el crimén perfecto?. Qué pegunta, no?.
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