escribi tu nota

publica tu articulo

el surprensa red

Córdoba

Un vuelo sin destino /

Un vuelo sin destino

Esta nota recuerda la tragedia del avión Avro Lincoln de la Fuerza Aérea Argentina, tripulado por un sargento sanfracisqueño. Ocurrió en los cincuenta.

Darío Pérez (desde San Francisco)

En 2011 se cumplieron 61 años del terrible episodio. En el tiempo transcurrido no se investigó cuáles fueron las causas, cómo había acontecido y qué sucedió con los restos de los tripulantes.  En abril de 1983, cuando se cumplían 33 años de ausencia, los deshielos dejaron al descubierto vestigios de un avión. Una expedición que cruzaba la Cordillera los encontró y empezó a armarse el rompecabezas, pero sin embargo no se dieron a conocer mayores detalles.

En marzo de 2009 un grupo de turistas australianos, en excursión, encontraron partes de la máquina siniestrada y restos óseos. Este nuevo hallazgo determinó la formación de la Comisión de Familiares por la Repatriación y Restitución de los restos de los Tripulantes del Avro Lincoln B-019, quienes junto con diversas autoridades del Ministerio de Defensa, la Cancillería y las fuerzas aéreas de los gobiernos de la República Argentina y de Chile, solicitaron la recuperación de los cuerpos de sus familiares.

Los restos encontrados dos años atrás a orillas del Estrecho de Magallanes fueron estudiados y analizados por expertos en la materia. Lamentablemente, los resultados oscurecieron la esperanza de familiares y amigos pues los cuerpos hallados en 2009 no pertenecían a la tripulación. Tras practicarles una serie de estudios, los forenses descartaron que se traten de restos de los tripulantes. Los huesos hallados pertenecerían a pobladores que vivieron entre los años 1680 y 1800, casi tres siglos antes.

El día del siniestro

Aquella fecha, tres aviones Avro Lincoln MKII de la Fuerza Aérea Argentina, matrículas B-019, B-026 y B-013, despegaron de la base aérea de Villa Mercedes (San Luis), en una misión de entrenamiento. El jefe de escuadrilla era el capitán  Mendioroz, que comandaba el B-019; la otra máquina la comandaba el capitán Naveiro y la restante el capitán Borderes Castex, según relata el historiador José Alberto Navarro en su sitio web.

Luego de hacer una parada en Río Gallegos para cargar combustible, los aviones de combate levantaron vuelo con destino a Ushuaia con lapsos de cinco minutos de diferencia entre ellos. Las condiciones climáticas eran excelentes y los aviones tenían buena comunicación entre sí mediante el uso de radios de alta frecuencia. Cuando estaban llegando a Tierra del Fuego la situación climática empeoró, dos de los aviones retornaron a la base, pero el B-019 nunca volvió. Después de 48 horas de búsqueda sobre la zona del lago Fagnano, lugar del último reporte radial, el avión se declaró desaparecido.

Aparte del sargento Adelmo Amoroso, integraban la tripulación el piloto de la máquina, capitán Bautista F. Mendioroz y los tenientes Raúl J. Zarzuela (copiloto); Emilio Barros y Carlos Marcos Modolo (navegadores); el suboficial auxiliar José Enrique Marcuzzi  y el sargento Adrián E. Heynen  (radiotelegrafistas); el suboficial auxiliar José Antonio Bianchi (mecánico); el sargento Héctor Oscar Ibañez, y los cabos mayores Federico Nicolás Pacheco y Humberto Francisco Losardo.

 “Caído por la patria”

Cuando uno ingresa al cementerio local puede observar a su izquierda un monolito homenaje al sargento Adelmo Carmen Amoroso, uno de los tripulantes desaparecidos en el accidente, oriundo de nuestra ciudad. Muchas veces pasamos por allí desconociendo de qué se trataba ese pedestal de mármol, con una hélice y la leyenda “Caído por la patria”. Quizás para la mayoría no representó importancia, pero debemos saber que ese joven servía al país en la Fuerza Aérea y perdió su vida en una misión.

Adelmo Carmen Amoroso vivió  en San Francisco largo tiempo junto a sus padres Mario Amoroso y María Morero, y Nino, el hermano menor. Su padre - relata Navarro-, tenía instalado un negocio de peluquería denominado Salón Azul que se encontraba en el local ubicado en 25 de Mayo al 1500, y luego se trasladó a su domicilio de calle Belgrano, entre Colón y España.

La familia Amoroso era oriunda de Buenos Aires, pero se radicó  en San Francisco a finales de la década de 1930, aproximadamente.  Adelmo y su hermano formaron parte del equipo de básquetbol del Club El Ceibo durante los primeros años de  vida de la entidad  desde 1943 en adelante. El  baloncesto, por entonces, era todavía una novedad en San Francisco  y sólo lo practicaban unos pocos  grupos barriales, explica en su página el historiador.

Cuando el joven egresó del colegio secundario se incorporó a la Fuerza Aérea Argentina siguiendo una vocación hondamente arraigada en su espíritu joven. Su contracción al trabajo, un carácter dócil y una clara inteligencia lo hicieron merecedor del afecto y el respeto de sus amigos y camaradas de armas; todos estos valores le permitieron ascender prontamente en el escalafón militar.

En aquel momento, la noticia de la desaparición del avión estremeció a la ciudad de San Francisco, pero con el paso de los años esta historia fue desvaneciéndose. En ocasiones y cuando algo nuevo surgía al respecto, los medios nacionales levantaban la noticia y el caso se posicionaba por uno o dos días en la agenda. Aun así, es una historia que todos los sanfranciqueños, aun los más jóvenes deberían conocer. Sin dudas, esta es una de las tantas historias que la ciudad con sus 125 años tiene para desempolvar, hacer memoria y mostrar a todos sus habitantes.

15/9/11

Recomendar esta nota






Completa este formulario para recomendar esta nota:

Tu email:

Tu nombre:

Email de tu amigo:


escribi tu nota