Jorge Herrera Marín (Barcelona, España)
“En los últimos 20 años la agroecología ha generado, en su dimensión productiva, un manejo ecológico de análoga productividad a la de la agricultura, ganadería y forestación industrializadas. En su dimensión socioeconómica ha demostrado la perversidad del sistema agroalimentario convencional que ignora el deterioro de la naturaleza y la sociedad e impone un neocolonialismo generado por el dominio de las multinacionales”. Así de asertivo se manifestó durante su charla en el Espai Icaria de Barcelona el ingeniero agrónomo Eduardo Sevilla Guzmán, una de las personalidades más reconocidas internacionalmente en su ámbito, quien disertó sobre ‘La agroecología: Un sistema eficaz frente a la economía de las multinacionales para garantizar el medioambiente, la salud y la alimentación’.
Este catedrático andaluz, hecho teóricamente en las universidades de Europa y empíricamente en los vastos campos de Latinoamérica (desde Argentina, donde reside actualmente la mitad del año, hasta México; pasando por Bolivia, Perú y no pocos estados de Centroamérica) ha profundizado en el aprendizaje de la producción tradicional de cultivos, atento al entorno geográfico y social en el cual se genera respetando el medioambiente y la biodiversidad.
En opinión de Sevilla, hoy la ciencia trabaja sin aplicar el principio precaución, ya que, por ejemplo, no se ha demostrado qué efectos puede tener sobre la salud humana la utilización de semilla modificada genéticamente en el mediano y largo plazo y denuncia, además, que pronto toda Europa aceptará el uso de este tipo de simiente debido a las presiones de las multinacionales del sector.
¿Qué es la Agroecología?
La Agroecología se ocupa del estudio de la producción agrícola de modo medioambientalmente seguro, excluyendo la aplicación de pesticidas y el uso de semilla transgénica. Además de cuidar de este modo el entorno, considera fundamental que la producción sea socialmente responsable, atendiendo todos sus aspectos y no sólo al rinde. En definitiva, la agroecología permite cultivar como lo hacían nuestros ancestros pero con el apoyo y la sistematización de la ciencia de hoy. Detrás de todo esto subyace un concepto nuevo que consiste en cambiar el modo de ver las cosas y exige una mirada no mercantilista de los alimentos. “Es inconcebible que en el mundo de hoy, donde se tira la comida, haya gente que muere de hambre”, afirma.
Curiosamente, la recuperación de estas prácticas halla su origen en los pequeños agricultores que no podían sufragar los costos mínimos para la agricultura moderna (compra de semilla híbrida a las multinacionales, pesticidas, etc.) y que por ello se preocuparon por aprender cómo lo hacían sus abuelos. Si bien hubo algunos movimientos importantes en este sentido en Andalucía, por ejemplo; dónde con mayor fuerza surgieron, fue en Latinoamérica, principalmente en Brasil, con el movimiento de los sin tierra, en Bolivia, país de gran raigambre indígena, en el Perú y más tímidamente en la Argentina. Allí estuvo Eduardo Sevilla nutriéndose de los conceptos fundamentales de estas experiencias, que según él mismo resultan hoy una alternativa real, eficiente y ecológica a la hora de proveernos de alimentos y agrega que “el pensamiento moderno falsea la realidad para crear una cosmovisión hegemónica e invisibilizar, mediante una serie de mecanismos culturales, a determinados grupos sociales hoy marginados”.
Esta reflexión lleva al análisis lógico de que, al margen de la mercantilización actual, el agua y los alimentos son derechos humanos básicos a los que todo el mundo debiera tener acceso. Así de brutalmente inequitativo es el sistema actual en donde los precios de no pocos productos se fijan a miles de kilómetros de los lugares donde se producen. En contraposición, las acciones impulsadas desde la agroecología se basan en el respeto a las comunidades rurales y a los principios éticos y humanos.
El enfoque de la agricultura convencional siempre ha buscado incrementar la producción de cosechas sin considerar las consecuencias posteriores sobre el ambiente. Así ocurre con la labranza intensiva, prácticas de monocultivo, uso indiscriminado de fertilizantes sintéticos, el control químico de plagas y malas hierbas, uso desmedido de agua de pozos profundos y la manipulación genética. Hoy no se puede negar que estas prácticas deterioran los recursos naturales de forma considerable y, a veces, irreversible. Se está produciendo un gran menoscabo de la cubierta vegetal, erosión del suelo (eólica e hídrica, que afecta la fertilidad), incremento de la salinidad de la tierra, disminución de los mantos freáticos y pérdida de diversidad agrícola, biológica y genética; así como también una cada vez más persistente resistencia de las plagas y enfermedades agrícolas. Finalmente, han aumentado las inundaciones, la eutrofización de lagos y la contaminación del aire, y éstas son sólo algunas de las múltiples consecuencias de la agricultura basada en agroquímicos y en el uso de grandes cantidades de energía. Esta realidad ya es patente en muchos lugares del planeta y se nota en importantes extensiones del campo argentino y de Córdoba en particular.
Una alternativa también en las ciudades
La agricultura ecológica promete ser altamente productiva y a su vez sostenible en producción y conservación a largo plazo con la finalidad de poder solventar el abastecimiento de alimentos a una creciente población humana. Para atender este reto, actualmente se desarrolla la ciencia de la agroecología, la cual se define como la aplicación de conceptos y principios ecológicos al diseño y manejo de agroecosistemas sostenibles e implica la realización de prácticas agrícolas sustentadas en el conocimiento técnico y científico de los procesos ecológicos, agronómicos y sociales que concurren para su producción.
La agricultura sostenida por la comunidad es un modelo socio-económico relativamente nuevo de producir comida y organizar la distribución y las ventas, que apunta a aumentar la calidad de la comida y el cuidado dado a la tierra, las plantas y los animales, mientras se reducen sustancialmente los desperdicios y los riesgos financieros para los productores. Es también un método para que los pequeños granjeros y campesinos tengan un mercado cerrado exitoso y se basa en un sistema de recolecta y entrega semanal de frutas, verduras y hortalizas, y en algunos casos, hasta carnes.
No sólo en el campo es posible poner en marcha procesos productivos alternativos. En este sentido, Sevilla menciona el importante auge de la denominada agricultura urbana que se da, por ejemplo, en la ciudad de Rosario, y que demuestra que se puede cultivar en los terrenos de las ciudades sin agroquímicos y generando excedentes.
El sentido de este tipo de prácticas apunta a la erradicación de la pobreza mediante la generación de ingresos y creación de puestos de trabajo y atiende a la gestión ambiental: reducir de la contaminación, crear zonas verdes en la ciudad, introducción criterios ecológicos en el entorno urbano, higiene ambiental, sostenibilidad ecológica y gestión de los recursos.
Hoy la agroecología ya cuenta con maestrías que se imparten en diversas universidades del mundo a través de las cuales se brinda su enfoque pluriepistemológico, sistematizado y atento a la biodiversidad y los aspectos socioculturales. Supone una especie de vuelta a las fuentes para insertarse nuevamente en la naturaleza y preservar el planeta para nosotros pero también para nuestros hijos.
Perfil
Eduardo Sevilla Guzmán es doctor ingeniero agrónomo por la Universidad Complutense de Madrid y Doctorado en Sociología (Rural Sociology) por la Universidad de Reading, Inglaterra. Actualmente es catedrático del Área de Sociología en la Universidad de Córdoba, España, donde desde 1991 dirige el Programa de Doctorado en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural Sostenible; paralelamente, es codirector del master que sobre el mismo tema, enfocado a Latinoamérica, desarrolla la Universidad de Andalucía y autor del libro ‘De la sociología rural a la agroecología’ (Ed. Icaria), entre otros.
28/2/10
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