
Diego Sponton (Santa Fe)
El comienzo de la semana trajo consigo un nuevo récord histórico.
No se trataba precisamente de los triunfos heroicos de un tenista argentino inspirado, tanto en Madrid como en París, derrotando sin miramientos en menos de 15 días a los número uno de la elite del deporte blanco.
La noticia estremecía en la tapa de los principales diarios del mundo: “Bélgica bate su record al permanecer 148 días sin gobierno”.
La crisis política se generó desde las elecciones legislativas debido a la falta de acuerdo entre los Flamencos y Francófonos. El vencedor encargado por el Rey Alberto II, el democristiano flamenco Yves Leterne, intenta formar un gobierno de coalición con los partidos francófonos, pero no termina de acordar con éllos el programa de reformas que pretende poner en práctica. Desde ahí, Flamencos y Francófonos o Valones ponen a prueba el federalismo en un país que tiene poco más de 10 millones de habitantes, donde se hablan dos idiomas bien marcados como distintos.
Si bien no se trata de algo ajeno a la política belga, los ciudadanos viven sin dramatismo la situación; aunque no dejan de preocuparse, porque en 1988, el democristiano flamenco Dehaene necesitó tres intentos y 145 días para poner de acuerdo a cristianosdemócratas, socialistas y nacionalistas sobre un programa de gobierno.
Todavía quedan abordar los temas más espinosos: el presupuesto, la descentralización del Estado y la división del distrito electoral de su capital, Bruselas. Lo más complicado es el llamado “dossier institucional”, el paquete de reformas económicas e institucionales que sigue bloqueado debido a que ni los Flamencos ni Valones están dispuestos a hacer concesiones. Estos últimos están en contra de cualquier cambio sustancial de la estructura del Estado, situación que durante todo este tiempo ha impedido que se llegue a un acuerdo.
En este largo ínterin, el país sigue administrado por el Ejecutivo que perdió las elecciones, el pasado 10 de junio.
Si la crisis continúa el Parlamento podría tomar la decisión extraordinaria de convocar comicios o aprobar un Ejecutivo de transición. Incluso el impasse pone en peligro la firma del Tratado de Lisboa el 13 de diciembre, entonces si no hay Ejecutivo en Bruselas, el interino no tendrá los poderes para rubricar el texto que ha costado a la Unión Europea una década de debates y más de dos años de crisis.
Los belgas suelen preguntarse si el país seguirá existiendo en su formato actual, ya que las diferencias lingüísticas están realmente muy arraigadas.
Sólo Bruselas es la zona oficialmente bilingüe del país. Las diferencias se acrecientan cada vez más entre Flamencos y Valones, cada una viven en su zona, leen periódicos diferentes, y miran sus propias cadenas de televisión.
Cada grupo se niega a hablar la lengua del otro y hace como que la desconoce. Los Flamencos hablan flamenco (una variante regional del holandés) en la mitad norte del país y los Valones hablan francés situándose al sur. La tercera lengua oficial es el alemán en la zona oriental.
Esta importante influencia francesa viene ya del siglo X y de la dominación que el país sufrió durante siglos.
Las crisis y críticas entre ambas comunidades son contínuas. Mientras que el lobby flamenco aprueba medidas para impulsar el aprendizaje del flamenco, el lobby francés acusa al otro bando de querer desplazar o marginar a las personas que no hablen su idioma.
A partir de los años 60, las querellas comunitarias entre Flamencos y Valones se multiplican: voces se elevan para reclamar más autonomía para Valonia en materia económica, mientras que las reivindicaciones flamencas se referían sobre todo a cuestiones culturales. Pero en 1962 se fija de una vez por todas la frontera lingüística entre Flandes y Valonia.
En la actualidad, mientras que los partidos francófonos defienden un statu-quo institucional, los partidos flamencos, beneficiados por el dinamismo económico de la región y empujados por su partido de extrema derecha “Vlaams-Blok”, ilegalizado en noviembre de 2004 después que el Tribunal Supremo lo definiera como grupo criminal incitador a la xenofobia y al racismo. Ahora se llama “Vlaams-Belang” y sigue reclamando la secesión de Flandes de Bélgica, un país que definen como “construcción artificial por la minoría socialista francófona de Valonia”.
Si Bélgica tiene problemas con tres lenguas, ¿cómo podrá Europa salir adelante con 20?
En el norte también han proliferado partidos políticos radicales e incluso de extrema derecha. La fuerte inmigración ha causado el rechazo de algunos flamencos que no acaban de aceptar que el mundo se mezcla y que Bélgica también debe aceptar este fenómeno social.
Hace exactamente un año, la televisión anunció que se llevaba a cabo la independencia de un estado flamenco, algo que causó un importante revuelo político e informativo. Se hizo creer durante algunas horas que Bélgica se había dividido, con extras, cámaras e imágenes que aportaron una mayor credibilidad. Una hora después anunciarían que se trataba de una broma aunque ya habían causado revuelo en más de una embajada. El director de la cadena argumentó que lo hizo para poner de manifiesto un problema social que está en la calle y hacer reflexionar a la gente.
9/11/07
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