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Donadinho /

Donadinho

Una divertida hipótesis en clave de ficción de lo que pudo originar el 11/S. Se dicen tantas cosas sobre Bin Laden, que al final puede resultar que la imaginación de nuestro autor explique por qué sucedió lo de las torres gemelas.



Por Antonio Gili.

¡Pare de sufrir, mi amigo, mi amiga! ¿Usted se queja de esa verruga irreverente, que le ha salido, en su ya prominente apéndice nasal, y ahora usted resulta ser algo así como un “mutante bi-nariceo”? ¿Se lamenta por sus “rodillas enamoradas”, porque la hacen lucir como una crónica incontinente urinaria? ¿Cree tener mala suerte, por haber instalado una heladería, justo en aquel enero en que la temperatura no superó jamás los dos grados centígrados?

Le tengo una noticia, que la dejará helada, bombón. Lo suyo es anecdótico, doña. Le contaré una historia, que le va a demostrar, que siempre existe un desafortunado que supera a otro. Aunque, el caso del personaje a punto de biografiar (ya lo juzgarán ustedes mismos), es de un parangón difícilmente alcanzable en lo que se refiere a mala fortuna.

Se trata de Eldere Sasservando Sufrimentho Maisgrosso. Nació (cómo habrán deducido) en Brasil; más específicamente en un pueblito cercano a Sao Paulo, llamado Conejao Manquinho.

Desde su mismísimo nacimiento, el destino se ensañó, se engangrenó, agarró para el churrete a este antihéroe nacido en la tierra de la capoeira, la cashasha, la caispirinha y la tutuca (no me diga que nunca “onomatopeyó” el … tu-tu-cá, tu-tu-cá, tu-tu-cá, tú—tu-cá).

Contra lo que muchos estarán pensando, Eldere era realmente hijo de un poderoso hacendado, dueño de 550 hectáreas, productor de cacao, mandioca, bananas y gomeros (gomeros ¿qué tiene?). Pero quiso el azar que le tocara estar en la nurserie, justo durante el turno de la enfermera Chicca Tápara Elcarayo; obesa y hedionda septuagenaria, que sufría de miopía y estrabismo, desde su más tierna infancia.

Imagínese; que si cuando tenía 5 años le hacía “noni” al papagayo, al que confundía constantemente con su muñeca de loza, lo que esta mulata distinguía a los 73 años. La cuestión es que confundió al recién llegado a la incubadora, con un atado de ropa sucia y lo arrojó por el conducto de la lavandería. Allá fue el imberbe, involuntario y precoz cultor del tobogán; con tanta mala estrella, que ya habían retirado la canasta de ropa, y en su lugar estaba apostado debajo del tubo, el carro de Jacirú Pormangos, un cartonero que hacía la zona de la Clínica A-Ro-Ro-Ronaldo, exclusivísima unidad neonatal donde se desarrolló el primer capítulo de la vida de este personaje orinado por la división canes de la policía de Sao Paulo.

Pero la providencia no le tenía deparado a Eldere la oportunidad de ser tutelado, ni siquiera por un humilde cartonero como Jacirú; ya que el carácter silencioso y dócil del recién nacido, contribuyó a que el trabajador callejero lo confundiera con un bebote de juguete, y lo separara junto a otros “chiches”, para ser donados a un orfanato.

Desde el día en que se concretó la contribución, Eldere pasó a ser conocido como “Donadinho”, apelativo que lo acompañaría de por vida.

El caso es que los dioses de todos los cultos, parecían haberse confabulado en sumergir en un laberinto eterno a Donadinho. Así fue que la Institución a la que el “ciruja” regaló al niño, era el Misericordiosísimo Aglutinador de los Santísimos Guachos del Sagrado Corazón a la Parrilla, regenteado por el Padre Branco Da Quirca Trucchia.

Este veterano sacerdote, sentía una auténtica vocación de servicio; aunque debilitada significativamente por su inclinación al “ejercicio de codo sobre una barra fija”…, por decirlo de alguna manera que no afecte demasiado a su investidura ; ya que espetar brutalmente, que al curita le gustaba el “escabio”, no pareciera ser la manera adecuada para referirse a un santo varón de Dios.

La cuestión es que cuando el sacerdote cundía ante los vapores etílicos; no podía, al parecer, contener a ciertos demonios internos que lo dominaban, y le daba por vender niños. “ Hay que balancear el stock” ; decía el religioso, a la vez que fulminaba varias moscas y mosquitos, munido apenas de su borrascoso aliento.

Aquella característica pacífica, ya mencionada, acerca de la personalidad de Donadinho, resultó en una rápida elección por parte de un matrimonio que realizaba por aquellos días uno de los particulares “tours de compras” que se llevaban a cabo con el orfanato como centro neurálgico. Allá iba, la feliz pareja con su flamante retoño, de vuelta a Minas Gerais (de donde eran oriundos) vía aérea; cuándo en medio de la ruta, a la aeronave le explotaron tres motores. Se le quebró un ala; se le desbarató el tren de aterrizaje; se le salió el paragolpes; y fundió biela. Hubo un solo sobreviviente: Donadinho, a quién el destino hizo aterrizar sobre la carpa del Circo Morfeo, propiedad de Rolando Morfei, un voluminoso empresario circense con una experiencia exitosa en el rubro de más de 35 años.

Donadinho creció en el circo, amamantado por un camello travesti que realizaba un acto nudista; y pasó allí una infancia feliz. Hasta que un inesperado suceso torció el camino de nuestro antihéroe, y de aquellos que lo rodeaban. Una foca importada desde el Mar de Barents, trajo consigo la ideología comunista, y adoctrinó al resto de los animales (verdaderas estrellas y causales fundamentales del éxito del espectáculo), quienes no tardaron en rebelarse y escapar para unirse al Partido de Barbudos Zoológicos de Brasil; fracción política que no dilató en desaparecer debido a la manifiesta incapacidad de diálogo de su cúpula dirigencial. Era patético escuchar al presidente del partido gritar sus “oink, oink”, para recibir un par de “kikiriki” y algún que otro “beeee” de parte de los vicepresidentes, como toda respuesta. Otra dificultad (no menor), era el desconocimiento que tenían estas “ bestias revolucionarias”, acerca de la existencia del Odorono.

La cuestión es que el circo, sin su atractivo principal, naufragó rápidamente a pesar de los esfuerzos del dueño y alguno de sus más fieles acompañantes, entre ellos nuestro protagonista.
Don Morfei ideó con mucha astucia un micro – emprendimiento que en un principio, pareció sacar a flote a estos extraños personajes. Se trataba de un servicio de adornos de jardín temporales, para eventos, fiestas y recepciones. Para ello se valió de los enanos; la mujer gorda, que se transmutaba en estatua viviente (aunque pintada de blanco, más que una escultura, parecía una rotonda ) y los trapecistas, utilizados en el servicio ocasionalmente, cuando se solicitaban farolones, guirnaldas y/o piñatas ( adicional muy caro esta, debido a la gran cantidad de linimento y analgésicos necesarios para aguantar semejantes apaleadas). Nuestro retardado, perdón retratado, era caracterizado como un enano, con maquillaje envejecedor y abundante talco para el pelo ; y así cumplía con su estática y acalambrante labor.

Pero la tragedia era su sino, y un nuevo suceso doloroso puso fin a esta etapa de su vida. En cierta ocasión, el Embajador de cierto país africano musulmán, el Imán Mustafá Naticón, solicitó para un almuerzo en su Embajada una fuente de agua en su jardín. Don Morfei diseñó ingeniosamente el escenario. Una pileta redonda gigante, con la gorda en medio lanzando agua por todos sus orificios (no pregunten por donde entraba la manguera que proveía el líquido elemento hasta las entrañas de la paquiderma); dos trapecistas colgados por las piernas, de cada brazo de la gorda, y a su alrededor, un ejército de pintorescos enanos parados en un pié, como rindiéndole culto a la “lipídica” ubicada en el centro de la escena. Todo iba bien, con maravillados espectadores de aquella dantesca y original muestra de arte viviente. Hasta que un enorme panal ubicado en un árbol muy cercano, por detrás de la fuente, estalló en una violenta revuelta a causa del enésimo flato de la protagonista central de la puesta, que no podía contener sus gases motivados por esta especie de enema industrial a la que estaba siendo sometida, sumado a la olla de fejoada con cerveza negra que la “cerdinha” había tomado como desayuno esa mañana.

Las abejas atacaron sin piedad la humanidad de la artista, quien resistió con la valentía del Chapulín Colorado para mantener la postura, pero los zánganos pican fuerte. Así fue, que por escapar al flagelo, la mujer tropezó en su huída provocando el desparramo.
A los trapecistas, ya se los ha sometido a 23 operaciones para tratar de separar cintura, cadera, omoplato, hombros, orejas y mollera. En cuanto a los enanos, sólo se volvió a ver a Donadinho, que de milagro, esquivó la estampida. A los otros 14, alguien aseguró que un buen día aparecieron momificados en una caverna de la estepa mongol.

La cuestión es que la empresa se desbarató, y nuestro amigo volvió a deambular sin sentido, oficio o profesión en que ocuparse. Así, recorrió el país buscando su lugar e intentando nuevas actividades; creciendo a la vez que se convencía, que la mala fortuna no sólo se aferraba a su existencia, sino que fundamentalmente, la contagiaba a quienes tomaban contacto con él. Se hizo espía de la KGB. Pero al año, Gorbachov anunció la Perestroika, y con ella el final de la Guerra Fría.
Luego se empleó en una peluquería que llevaba 35 años reinando en un pequeño pueblito; hasta que una extraña plaga agroquímica, trajo calvicie endémica al pueblo.

Intentó suicidarse colgándose de la rama de un pino, pero se quebró la rama y fue a dar de bruces, contra un hormiguero de marabuntas que le dieron una soberana paliza, mandándolo directamente al hospital.
Durante su estadía en el nosocomio estalló una caldera de la calefacción, lo que provocó un incendió que acabó con la unidad sanitaria para siempre.
Él fue derivado a una granja de rehabilitación, a orillas del mar, dónde su estancia transcurrió plácida por quince días, hasta que un violento tifón azotó aquellas costas como no sucedía desde hacía 367 años.
Quedó a la deriva en el mar, por espacio de 20 días. Y cuando pensaba que el agua salada pondría fin a su azarosa vida, encalló semiinconsciente en una playa blanca y extensa. Después que se hubo repuesto, se decidió a explorar el lugar. Llegó hasta una hondonada, y se encontraba en su centro cuando comenzó a divisar numerosas cabezas melenudas asomándose sobre las cuestas. La primera reacción fue de miedo. Pero no tardó en mutar su estado de ánimo hacia la euforia, cuando pudo distinguir a corta distancia las figuras que se le acercaban. Eran mujeres. Hermosas, primitivas y desnudas mujeres que lo rodeaban. Lo llevaron a la aldea, y no tardó en comprender que esta era habitada sólo por aquel género
¿Habría cambiado su suerte?¿Habría dado al fin con el terruño para asentar su esqueleto de una vez? Estas y otras preguntas, rondaban por su cerebro burbujeante, mientras un grupo de preciosas criaturas, le daban un reconfortante baño caliente con sales.

Cuando advirtió que la temperatura del agua, subía inconvenientemente, y que la marca de las sales era Celusal, comprendió lo que estaba ocurriendo. Se lo iban a comer, pero no en el sentido que él se había imaginado. “ Te voy a chupar todos los huesitos”, le había dicho la pechugona aquella, y él se había ilusionado con una noche de lujuria.
Cuando se estaba resignando a la compañía de las zanahorias, papas y cebollas, una nueva voltereta curiosa del destino, torció el camino. Un enorme platillo volador se posó encima de la aldea, abdujo a Donadinho (con caldero, verduras y todo) por ser el único elemento de una composición cromosómica distinta ; y al resto de la isla, la fulminó con un rayo poderosísimo compuesto de acetato nítrico y Poett de Lavanda.

Mientras la nave surcaba el cosmos, y se disponían para hacerle a este espécimen, los estudios de rigor; un cometa que atraviesa esta galaxia cada 4632 años, se atravesó delante del ovni, conducido en ese momento por un alienígena que había obtenido un carné de conducir adulterado, debido a una incipiente miopía. El impacto fue inevitable, y el aparato se desintegró entero.
Donadinho aterrizó sobre el toldo de un Drugstore de Kabul (Afganistán). Desesperado y aturdido por el gentío y su caída, emprendió una corrida por las calles de la enigmática ciudad, y se perdió ante los ojos de una multitud de musulmanes sorprendidos, no tanto por su origen estelar, como por la sombrilla que el personaje se había incrustado en su descenso. Juran que al verlo correr desde atrás, hacía recordar melancólicamente el sistema de frenos del mítico Batimovil.
Sólo rumores se oyeron acerca del paulista, desde aquel día. El último (de hace pocos días), es que le andaba haciendo unos mandaditos a un empresario inmobiliario de origen saudita. Dicen que la última comisión consistía en un misterioso trámite que debía llevar a cabo en una oficina de las Torres Gemelas, en Nueva York. Lo vieron silbando bajito, mientras abordaba un vuelo de American Airlines.

Quizás, por fin, haya variado su mala estrella en el primer mundo. Al fin y al cabo ¿en Nueva York, hace mucho que no sucede nada malo, no?

10 de setiembre del 2001.
23:59 hs.

FIN

(caricatura frankgalasso.com)

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