Juan Pablo Martínez Ghirardi.
Mientras Sadam Husein es condenado a muerte en la horca, Oriente Medio vive un momento de convulsión generalizado, donde la violencia impiadosa pareciera no tener fin.
En Irak, Husein fue condenado por la masacre chiíta de la década del ochenta. Este fallo, aún apelable, ya ha generado protestas que ya se han cobrado vidas y que, desde aquí hasta que la apelación tenga éxito, o se haga efectiva la pena, motivarán crónicas interminables de enfrentamientos en donde los inocentes continuarán como rehenes de quienes anteponen a los intereses de paz, el fanatismo egocéntrico generado por las diferencias étnicas.
Por su parte, más cerca del Mar Mediterráneo, la violencia ha ingresado en un espiral sin fin. Israel ha iniciado una escalada sobre la Franja de Gaza que no cesará hasta cumplir sus objetivos. Al menos el representante de su gobierno, Ehud Olmert, ha señalado que no lo hará hasta no acabar con los lanzamientos de explosivos que los milicianos palestinos de Hamás llevan a cabo diariamente. En menos de una semana las tropas israelíes han incursionado en Gaza de manera arrolladora, arrasando con casas y vidas. La milicia palestina tampoco parece verse afectada por la muerte de inocentes y anuncia que, de continuar Israel con la avanzada, asesinará al soldado israelí secuestrado desde junio.
Declaraciones que llevó a un sector político de Israel a anunciar que el primer ministro palestino, Ismail Haniye, y su ministro del Interior, Said Syam, pasarán a integrar la lista de shahid (mártires). Haniye, brazo político de Hamás, dijo que Israel utiliza esta operación militar denominada Nubes de Otoño para experimentar armamento, y acusa a Olmert de intentar restaurar la alicaída imagen del poderoso ejército israelí, desafiado impunemente por Hezbolá en el Líbano.
Por intermedio del líder de la lista Palestina Independiente, los movimientos palestinos Hamás y Al Fatah dieron una señal a quienes desean un gobierno de unidad nacional donde el líder de Hamás –Haniye- no participaría, pero sí lo haría el movimiento. Una oportunidad para el presidente Mahmud Abás que deberá asumir el protagonismo que aun le debe a su cargo y buscar la solución a un conflicto que sumerge a su pueblo en una existencia marcada por el miedo. Para ello deberá buscar el consenso y apoyo de la comunidad internacional, que le requerirá un compromiso estable para con algunos puntos claves como el reconocimiento a la existencia de un Estado judío en el territorio del mandato británico en Palestina, algo que Hamás siempre fue reticente a hacer.
11/11/06
Recomendar esta notaEs notable que el Sr Martinez Ghirardi es conocedor del tema, explayandose con gran discernimiento!!
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