Sosperiodista.Si algo logró George Bush, además de mancharse las manos con la sangre de afganos e iraquíes inocentes asesinados en su carrera belicista por el petróleo en Medio Oriente, es poner en debate a todo el Partido Demócrata para lograr desplazarlo de la Casa Blanca en los comicios que tendrán lugar el 4 de noviembre del 2008.
Anoche, la cadena de televisión norteamericana CNN, televisó en vivo y en directo el debate protagonizado por los sietes aspirantes presidenciales demócratas, realizado en Las Vegas.

Estuvieron la ex primera dama Hillary Clinton, líder en las encuetas; el senador negro Barack Obama, su competidor más directo; en rigor, los dos más conocidos. Luego, el abogado millonario John Edwards; el hijo de hispanos Bill Richardson; Chistopher Dodd, Joseph Biden y Dennis Kucinich.
Primera conclusión:
todos los aspirantes, sin distinción, se declararon en contra de la locura belicista de Bush y a favor de retirar las tropas en Irak y Afganistán. En esto, marcaron claras diferencias con los republicanos, que anteponen la seguridad nacional del país a un mundo en paz.
Aunque debería aclararse que esto no apaga en los corazones de los democrátas la llama imperialista, pero la modera. "Hay que sacar a las tropas de Irak en un año, pero esto no significa marcharse y decir adiós, sino que hay que lograr un compromiso político para que se compartan los ingresos petroleros", propuso Richardson.
El moderador preguntó si eran más importante los derechos humanos que la seguridad nacional. Hillary dijo que no son conceptos "contradictorios sino complementarios". Pero todos subrayaron que cuando el presidente de EE.UU jura, lo hace bajo el deber de proteger al país.
El debate expuso también el costado más vulnerable de Estados Unidos, aquel que confronta a la Nación con su fama de superpotencia económica. No hay que olvidar que el electorado democráta está conformado por las clases medias y medias bajas, inmigrantes, sindicatos, grupos étnicos, protestantes, etc; en tanto que el voto conservador milita en el partido republicano.
Una de las preguntas fue
qué hacer con los 5 millones de indocumentados, cómo integrarlos a la sociedad, si como inmigrantes ilegales tienen derecho, por ejemplo, a percibir una licencia de conducir. "Es que esos inmigrantes no vinieron a Estados Unidos a conducir sino a vivir", ironizó Obama, provocando risas y aplausos. Más allá de la humorada, todos coincidieron en emprender "un camino para legalizarlos y dejar de criminalizar su condición", aunque cuando llegó el turno de las preguntas del público un ciudadano se quejó por el hostigamiento que sufre por su origen étnico.
Un aspecto para resaltar e imitar: la periodista que moderaba, en vez de preguntarle a todos qué opinaban de esta queja, le pidió a Edwards que respondiera la inquietud por haber sido el único en votar en el congreso la "ley patriota" de Bush, que avanzó sobre las libertades civiles. El aspirante sugirió que no es por esa ley que lo acosan sino por el mal uso que Bush ha hecho de la misma.
La discusión por los fondos a la seguridad social, disminuidos por la guerra, generó uno de los cruces de la noche entre Hillary y Obama, cuando éste acusó a aquella de ser irresponsable con el manejo de los números. La discusión aquí giró sobre si hay que aumentar los impuestos o no para atender el pago de 78 millones de estadounidenses que deberán jubilarse en un futuro próximo. En ese marco, Richardson precisó que la guerra privó a la salud, educación e infancia norteamericana, de 45 mil millones de dólares, en un país donde 47 millones de personas están fuera del sistema de salud.
Los demócratas cuestionaron también
la realidad de la educación. Dijeron que representa sólo el 5% del presupuesto y que los maestros están "subpagados"; el mínimo anual ronda los 41 mil dólares. Tanto Obama como Hillary acordaron en bonificar a los maestros que hacen bien su trabajo y apartar a los otros. Aunque en esto, no fueron demasiados enfáticos: no hay que olvidarse que entre sus votantes los demócratas contaron siempre con el apoyo de los sindicatos.
Otra de las cosas en que polemizaron son los riesgos frente a la importación de juguetes chinos, ante la inminencia de Navidad y Año Nuevo. El moderador preguntó si acordaban o no con
las relaciones comerciales con China. Siendo que su esposo aprobó el Nafta y otros acuerdos, Hillary sorprendió oponiéndose a los mismos (entre ellos, el acuerdo comercial con Perú). Obama, pragmático, dijo que habría que imitar a Japón en esto, que envía inspectores a China para ver si cumple con normas medioambientales o laborales en sus productos, antes de autorizar las importaciones.

Lo más destacable del debate fue al final cuando
se permitió al público hacerle preguntas a los precandidatos a participar en las primarias del partido. El primero en hacerlo fue una madre con su hijo, que venía de participar de la guerra en Irak. Si bien se notaba que nada estaba librado al azar, que la pregunta y el orden se convino de antemano, igualmente merece destacarse que dejaran preguntar a los ciudadanos y la altura y seriedad con que respondían los candidatos.
En esto,
los yanquis, nos llevan unas cuantas leguas. Para nosotros, aún, es todo un triunfo que algunos candidatos acepten debatir en público -como pasó con la campaña para gobernador de Córdoba- pero bajo condiciones que desnaturalizan y empobrecen a esta práctica republicana.
Por algo somos una democracia enana, con políticos de igual tamaño intelectual y humano.
16/11/07