
Mónica Beatriz Gervasoni.
Murió la risa de un ataque de destino. Se llevó con él el sol de la mañana del miércoles 10 de noviembre de este 2010, que también ya anda con ganas de andar despidiéndose. Se ve que su pandilla lo extrañaba. Y no es para menos. Las instalaciones de edición la Urraca, nacida allá por el 78 en la dictadura, con la revista Humor a la cabeza, con una tapa desafiante: Menotti de Hoz, como para dar un ejemplo, nomás, hace rato que se mudó, en parte, a dirección Albiceleste en el piso de arriba. Con papá Cascioli a la cabeza de las ideas, como siempre, y los rebeldes que se le acoplaron en la vida y en la muerte. Empezó el èxodo rebelde Abrevaya, se le sumaron Guinsburg y Castelo.
Y, claro, como no podía ser de otra manera: los revolucionarios estaban impacientes, faltaba uno. Uno imprescindible en la trouppe del humor escrito, dibujado, inteligente, irónico, perturbador. Con la última palabra en la boca. Con todo lo que había que tener bien puesto y contra lo que los dictadores nada pudieron hacer para acallar. Con las olas de conciencia que agitaban, dándole letra a cada gags. Solo faltaba él: El Señor Aquiles Fabregat. Y él que era todo un caballero no se hizo rogar. Dijo presente. Dejó huérfano a Eustaquio el Rozagante, después de todo ya, hace rato, que andaba en edad de ser bien mozito. Dejó desamparado al crucigrama que cerró sus cuadritos por luto. Y lo dejó bailoteando con la más fea y dificilonga: la partida. Enmudeció la lapicera. Quedó vacío el tintero de su esencia de humorista inteligente. Menos mal que tuvo el tiempo y las ganas de andar diseminando lecciones entre teclas de Olivetti ya desvencijadas y en los teclados de los ordenadores. Generosamente las compartió con su sobrino y con sus discìpulos. Aunque sea como yo, que lo tomé maestro de prepo en la redacción de Humor, Humi y la legendaria Sex humor. Que me inscribí en cursos improvisados de su sabiduría por los pasillos o cuando compartíamos un mismo ascensor. Pero eso alcanzó. Y no se puede escribir más porque titubea la birome. Se han llevado a una comicidad y no se acepta rescate. Entonces una lágrima borronea la tinta y la hoja. Y el humor, el humor, señores y señoras, se ha puesto serio.
En la imagen: Fabregat, a la izquierda.
15/11/2010
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