
Eduardo Planas
John William Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919. Estudia también derecho como su padre, en su ciudad natal, recibiéndose de abogado en 1943. Tres años más tarde, en 1946, con tan sólo 25 a los de edad es Diputado Nacional por el Peronismo. Con anterioridad había militado en las filas estudiantiles del Radicalismo más consustanciadas con los ideales Yrigoyenistas y Forjistas.
Comienza a transitar un brillante camino como intelectual y político. En el ámbito del Congreso Nacional es elegido Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la
Cámara de Diputados y Presidente de la Comisión Redactora del Código Aeronáutico, como así también de la Comisión de Protección de los Derechos Intelectuales.
Inserto de lleno en la militancia del Partido y debido a sus aptitudes, es nombrado Secretario del Bloque Peronista. Mantiene una relación directa y privilegiada con Eva Perón. Hombre íntegro y de principios, Cooke no entiende la “Lealtad a Perón” como servilismo o como levantar la mano en la bancada obedientemente cada vez que se lo requieran. Más de una vez enfrenta a la cúpula partidaria, si esta colisionaba con sus convicciones.
Su proyecto de ley sobre “Represión de Monopolios” y su denuncia pública sobre los intereses
oligárquicos del diario “La Prensa” le valieron odios y enconos de liberales, oligarcas y peronistas “light”, lo que influyó para que no fuera elegido Convencional Constituyente en 1949 (pese a que su proyecto de reforma a la Constitución Nacional fue uno de los mejores y más completos), ni reelegido Diputado Nacional. Imagínense que un hombre como Cooke que decía públicamente: “La economía no ha sido nunca libre: o se la dirige y controla por el Estado en beneficio del pueblo o la
manejan los monopolios en perjuicio de la Nación”, debía necesariamente generar escozor en el establishment.
Como hombre del Movimiento Peronista en 1954, fue un crítico implacable a los contratos con la
Standard Oil de California que le permitía a ésta explotar los pozos petroleros nacionales.
Consideraba que no solo era un mal precedente sino que no era el camino adecuado para lograr
autoabastecimiento, con el agravante de que podía desviar al Peronismo de su profundo
contenido revolucionario.
En 1955 el Peronismo se había quedado sólo. Los diferentes actores sociales que le habían dado
su apoyo poco a poco y por diferentes razones se habían distanciado. Muchos militares, los
sectores nacionalistas, la Iglesia, el empresariado “nacional” tomaban distancia o pasaban a la
oposición. Solamente la clase obrera seguía fiel, incólume, pétrea, alrededor de su Líder.
Luego de los bombardeos de junio de 1955, en el mes de agosto, Cooke es nombrado interventor
del Partido Peronista en Capital Federal y paralelamente escribe y dirige la revista “De Frente”
en donde deja bien sentado que la revolución peronista debe profundizarse o será derrotada. Y
si se decide profundizarla hay que tomar los recaudos necesarios para aniquilar la respuesta
oligárquica. El está convencido –y los hechos le darán la razón- que las Fuerzas Armadas no son
confiables para aplastar una sublevación. Sugiere a Perón reflotar el tema de las milicias obreras
armadas como única garantía de triunfo.
Por supuesto que esta movida encuentra resistencia en los militares peronistas (Con cierta
lógica castrense se decían: “uno le da las armas a los obreros, ¿pero después como se las saca?”)
y también resistencia en el propio Perón. Según cuenta una anécdota relatada por Cooke:
“Cuando me entrevisté con el Presidente para interesarlo sobre este tema, de armar a la gente
para defender al gobierno, me dijo que lo fuera a ver al Mayor Cialceta un estrecho ayudante y
colaborador suyo, para ese momento interventor en la Confederación General del Trabajo
(CGT). Cuando estuve con éste, a su vez tenía una orden precisa y concreta de Perón para que el
asunto no prosperara y yo inclusive fuera ‘demorado’ si insistía mucho con el tema”. Entonces, no hay defensa armada consistente y el gobierno peronista cae. Dirá Cooke: “En septiembre de 1955 el Gobierno Popular cayó porque la clase trabajadora, que era la que sostenía el régimen y la que contaba con fuerzas para un salto hacia la intensificación de las tendencias revolucionarias, no participó en l lucha en que se resolvió su suerte y la del país entero durante un largo período
histórico. El 17 de Octubre de 1945 fue un hecho de masas; el 16 y 21 de septiembre
de 1955, las masas se enteraron por la radio que habían perdido una guerra sin
llegar a pelear en ella”.
Luego del golpe militar que desaloja del gobierno a Perón, Cooke pasa a ser un referente
obligado de los primeros núcleos resistentes. En una reunión clandestina en la casa del
historiador José María Rosa es detenido el 21 de octubre y enviado a la penitenciaría nacional de
Avenida Las Heras y de allí a la helada cárcel de Río Gallegos, junto a otros notables del
peronismo como Héctor J. Cámpora.
El 2 de noviembre de 1956, desde el exilio de Caracas, Perón lo nombra su heredero político,
cosa que no hizo nunca antes ni después con ninguna otra persona: "or la presente autorizo al compañero Doctor Don John William Cooke, actualmente preso en el sur por ser fiel a su Causa y a nuestro Movimiento, para que asuma mi representación en todo acto o acción política. Su decisión será mi decisión, su palabra, mi palabra. En él reconozco al único Jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y, sus decisiones, tienen el mismo valor que las mías. En caso de mi fallecimiento, en él delego el mando”.
En abril de 1957, Cooke se escapa a Chile con otros presos políticos. Se suma a la Resistencia
Peronista. El 23 de febrero de 1958 hay elecciones en el país para Presidente y Vice. El peronismo está proscrito. Perón hace una alianza con Frondizi y éste con casi 4 millones de votos peronistas
(3.983.478) asume la primera magistratura. Frondizi debe cumplir a cambio de los votos
obtenidos compromisos de máxima y mínima en la negociación de los cuales estuvo Cooke
representando a Perón y Rogelio Frigerio a Frondizi.
Frondizi no cumple. Y además siguiendo los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI)
enajena el patrimonio nacional. Se reanuda la Resistencia Peronista. Paradigma de estas luchas
es la toma, por parte de los trabajadores, del Frigorífico Lisandro de la Torre para evitar su
privatización en beneficio de la Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP),
organismo que nuclea a la oligarquía vacuna. La lucha adentro del frigorífico se generaliza en
todo el barrio de Mataderos y zonas aledañas.
John William Cooke no sólo está ahí presente sino que es el encargado de redactar el 17 de
enero de 1959 la proclama que organiza un huelga nacional revolucionaria. “Los agentes del
imperialismo, desde los cargos oficiales utilizan el monopolio de la propaganda para atribuir
al paro general, los móviles más aviesos y las complicidades más absurdas. Basándose en la
tesis reaccionaria, de que las agrupaciones gremiales solo deben discutir temas específicos de
cada gremio, dan la calificación de política a la huelga general que se está cumpliendo con
éxito total.
De esta manera la oligarquía argentina se reserva el derecho a decidir cual huelga es lícita y
cual debe ser reprimida con las fuerzas pretorianas. Esta huelga es política, en el sentido que
obedece a móviles más amplios y trascendentes que un aumento de salarios o una fijación de
jornada laboral. Aquí se lucha por el futuro de la clase trabajadora y por el futuro de la
Nación. (...) Si los medios de lucha que ha usado no son del agrado de los personajes que
detentan posiciones oficiales, les recordamos que los ciudadanos no tienen posibilidad de
expresarse democráticamente y deben alternar entre persecuciones policiales y elecciones
fraudulentas.
No es posible proscribir al Pueblo de los asuntos nacionales y luego pretender que acepte
pasivamente el atropello de sus libertades, a sus intereses materiales y a la soberanía
argentina”.
Una vez sofocada la revuelta popular los dirigentes más representativos son perseguidos y
encarcelados. Cooke se refugia en Montevideo.
La servidumbre de Frondizi va en aumento, las luchas obreras también. El 13 de marzo de 1960
el Presidente decreta el Plan Conintes (Conmoción Interna de Estado). Sospechosamente un
mes antes, en febrero, había estado de visita en Mar del Plata con una numerosa corte de
asesores y espías, el primer mandatario de EE.UU. el general Dwight David Einsehower. Cooke
le envía una carta abierta que es herméticamente ignorada por la prensa del sistema.
En 1964, Cooke vuelve al país, al decretar el gobierno de Illia una nueva amnistía política. Pero
ese será un gobierno que nace débil (con sólo el 23% de los votos emitidos) y morirá víctima de
sus propias contradicciones encarnadas como siempre en el Peronismo, ese Peronismo que
decía Cooke, era “El hecho maldito del país burgués”. Los radicales habían prohibido el retorno
de Perón en diciembre de 1964. En Mendoza hay elecciones que gana el candidato peronista,
Corvalán Nanclares, sobre el delfín vandorista (Serú García), con lo que se borran de un
plumazo las ilusiones de dividir al Peronismo y por delante esperan nada menos que las
elecciones de Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Las FF.AA., verdadero poder detrás del trono no quieren que se repita la historia del 18 de
marzo de 1962 (Ganó Framini y le desconocieron el triunfo electoral) y luego tengan que salir a
anular el comicio. Cortan el problema de raíz y derrocan al gobierno radical. Eso sí, prometen a
la ciudadanía idílicos destinos de paz y prosperidad. Y hay que decirlo, en parte de esa sociedad
hay consenso para que gobiernen los militares.
John William Cooke, una vez más se adelanta al resto de los observadores políticos, ve
bajo el agua, es didáctico y previene en su trabajo “El Peronismo y el Golpe de Estado.
Informe a las Bases” que: “En 1955 el bloque de las clases privilegiadas recurrió a la corporación militar, como su brazo armado, como violencia pura para que se derribase a Perón y luego como puntal de la semilegalidad. Pero hoy el sistema democrático tampoco asegura la hegemonía burguesa en el Estado, como en los capitalismos avanzados, así que hay que suprimirlo. Para eso se ha
recurrido nuevamente a las FF.AA. para que “despoliticen”.
En realidad –dice- no ha ocurrido otra cosa que una aceleración y agudización de la política bajo
la forma mistificadora de la apoliticidad (...) ahora en nombre de la libertad, las FF.AA. nos
quitan la libertad a todos”.
Por la gestión y empuje de J.W.Cooke nace y se desarrolla una pequeña organización: “Acción
Revolucionaria Peronista” a la que definirá como “Una organización que al tiempo de elegir la
vía que conocemos (la revolucionaria), se reclama integrante del movimiento de masas
peronistas”.
Por eso Cooke dice: “Así como no concebimos la revolución sin el Peronismo, tampoco creemos
que sea misión que nos incumba exclusivamente a los peronistas”.
John William Cooke fallece en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, víctima de un
cáncer, el 19 de septiembre de 1968. Parecería que antes de morir, quiso dejar la posta.
Ni aún en momentos tan difíciles como éste perdía esa chispa que siempre lo caracterizó, mezcla de porteño irónico con irlandés explosivo. A los amigos que iban a visitarlo a su lecho de enfermo, forzando una sonrisa les decía: “Lo que es el destino. Me he pasado toda la vida
construyendo células (revolucionarias) y ahora estoy luchando para evitar que se reproduzcan...”.
Con el tiempo se conoce una última carta a su compañera de siempre, Alicia Eguren
(secuestrada-desaparecida luego, por la última dictadura militar, el 26 de enero de 1977) con
precisas y puntuales directivas a cumplir -entre ellas- que las cenizas no se conserven ni se
depositen: “Dispersálas poéticamente al viento, tirálas al mar (transo con que las tires al Río de la Plata, lo mismo da cualquier río y aún una laguna)... Yo viviré como recuerdo, el tiempo que me tengan en la memoria las personas que de veras me han querido; y en la medida que he dedicado mi
vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que
continúen esa militancia”.
Fue: Diputado Nacional, Profesor Universitario, Periodista, Prisionero, Prófugo, Exiliado,
Clandestino, Conductor Máximo del Movimiento por expresa voluntad de Perón, Activista
Revolucionario y Teórico Fundamental. Hasta aquí una sucinta reseña de la vida y obra de John William Cooke.
La mejor definición sobre su persona la dio la ya mencionada Alicia Eguren en el periódico
combatiente “Con Todo”, de septiembre de 1968 con motivo de su fallecimiento:
“Hay épocas en que la dignidad de los pueblos enteros reside en el coraje desesperado de unos pocos, cuyos atormentados sueños de justicia preforman las leyes de una humanidad nueva. Cooke perteneció a esa minoría predestinada y se expuso sin retaceos”. (Extraído del artículo de RODOLFO RASCETTI).
19/9/2010
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