
Sosperiodista.
La venta de Sancor, empresa símbolo de la industria láctea argentina, a manos extranjeras es un cross en la mandíbula a las pretensiones de tener un proyecto serio de país. Esto lo sabe Néstor Kirchner, autor de la famosa frase: "Es imposible un proyecto de país si no consolidamos una burguesía nacional", enunciado por primera vez, tres años atrás, durante un acto con los banqueros nacionales agrupados en Adeba. Desde ese día, los deseos del presidente, han sido desacreditados en forma sistemática por la propia dinámica capitalista de los negocios.
El viernes se conoció que Sancor (Santa Fe-Córdoba) está negociando una asociación con Adecoagro –la empresa controlada por el inversor húngaro-estadounidense George Soros- que de concretarse, perderá el control del paquete accionario a cambio de 120 millones de dólares. La cooperativa nacida en Sunchales y con 4.000 productores asociados, llegó a esta situación por la imposibilidad de seguir afrontando el pago de una deuda financiera por 167 millones de dólares.
Los mayores gravámenes a las exportaciones (retenciones) y el congelamiento de precios en el mercado interno, fueron detonantes que pusieron a la empresa al borde de la cesación de pagos.
El caso de Sancor es similar al de otras grandes compañías como Acindar, Pecom, Loma Negra y Quilmes, que, acuciadas por sus multimillonarias deudas en dólares, fueron adquiridas por inversionistas extranjeros. Es decir, el caso de Sancor es parte de un proceso de desnacionalización empresarial que comenzó hace un tiempo y no sabemos dónde termina.
Sorprendentemente –o no- este proceso se da en momentos en el que el Estado nacional ha decidido jugar un rol activo en la economía, como mediador entre el capital y el trabajo. Tenemos entonces el ensayo de un modelo keynesiano, una prédica nacionalista que baja del poder, y empresas nacionales vendidas a capitales del exterior. Así, la realidad supera al discurso.
Lo que está pasando también encuentra correlato en los números oficiales. Según la última encuesta nacional de Grandes Empresas elaborada por el Indec, de las 500 mayores las locales sólo controlan el 33% de la producción total y las extranjeras el 67%. En 1993 –año base de la comparación- la relación era la inversa: las locales controlaban el 56% de la producción contra el 44% de las extranjeras. Pero el retroceso es más pronunciado si se compara utilidades: en 1993, las empresas con participación de capital extranjero generaban el 65% de la utilidad total, mientras que en 2004 tal porcentaje ascendió al 91%. ¿Qué pasó en todo este tiempo para que esto ocurriera? ¿Cómo se explica semejante retroceso verificado por el empresariado nacional?
Alguna vez este país tuvo una "burguesía nacional", de empresarios industriales y comerciales que, aliados a los trabajadores y estimulados por el Estado, miraban al mercado interno (la empresa Di Tella, fue un ejemplo), contra aquellos cuyos intereses estaban asociados al mercado mundial (Bunge y Born, por ejemplo). Esa burguesía había emergido del Estado de Bienestar del primer peronismo, luego con el desarrollismo de Frondizi, y más tarde, en el marco de la Confederación General Económica (CGE), creada por el empresario José Ber Gelbard, en el gobierno peronista de los setenta. El Estado actuaba como principal cliente de ese empresariado.
Quizá nuestra burguesía doméstica no haya adquirido jamás el estado de desarrollo alcanzado por la burguesía industrial de San Pablo, pero fue un modelo de capitalismo nacional que ahora añora Kirchner y que José Martínez de Hoz y luego Domingo Cavallo, terminaron por destruir, mediante la especulación financiera, la apertura indiscriminada de la economía y la convertibilidad. Nos eximimos de nombrar a la cantidad de analistas, economistas y académicos, que así lo piensan.
La propia Unión Industrial Argentina (UIA), en su 11° Conferencia Industrial de Rosario, trató la problemática de las "Pymes transformadas en grandes empresas y grandes empresas en transnacionales". Si bien en esa oportunidad los conferencias omitieron ponerle nombre y apellido a los responsables de este proceso, se hicieron algunos diagnósticos y se arriesgaron salidas.
Luis Pagani, presidente del Grupo Arcor, dijo que "ningún país puede progresar si no tiene un empresariado nacional moderno, y que para consolidar una burguesía nacional hacen falta "reglas de juego claras, duraderas, seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica". Puso como ejemplo, un ranking de la revista América Económica que mostró que, de las 500 mayores empresas latinoamericanas, Brasil tiene 202 compañías, México 154, Chile 48; y Argentina sólo 32.
Aldo Ferrer, economista y ex ministro de Economía y Trabajo, lo complementó diciendo que "todo desarrollo es en primer lugar un proceso endógeno, de construcción de una sociedad, abierto al mundo pero dentro del espacio nacional". Y que los países que tienen más éxito son los que "tienen mayor capacidad de transferir su singularidad, su individualidad" porque "las empresas transnacionales, por naturaleza, responden a estrategias centrales y sus matrices, desde luego, reflejan las condiciones del ambiente en el cual se insertan, pero también las de sus matrices".
Ferrer también afirmó, esa vez, que "cuanto más alta es la participación de los emprendedores locales y de la inversión pública en ese proceso de transformación del ahorro en inversión productiva, más alta es la tasa de inversión y más alta es la tasa de crecimiento. En sentido contrario, cuando esta función declina y en ese proceso de transformación de ahorro tienen protagonismo agentes no nacionales, tiende a declinar la tasa de inversión, tienden a achicarse los espacios de rentabilidad, tienden a promoverse la fuga de capitales y, consecuentemente, a reducir la tasa de crecimiento". "Además –agregó- en los países exitosos que han construido estos patrones viables de crecimiento, prevaleció siempre un pensamiento crítico, fundado en la propia forma de ver la realidad del mundo y del propio país, para construir políticas viables. En ninguno de los países que anduvieron bien, prevaleció, un pensamiento alienado, fundado en lo que Prebisch llamaba "el pensamiento céntrico", que los países centrales formulan, lógicamente, pero desde sus propias perspectivas y con un criterio ordenador que privilegia los intereses del centro".
En esa misma conferencia, Javier González Fraga, que una posible salida para revertir el proceso de desnacionalización, es revirtiendo el proceso de huída de capitales. "Si la huída vino de la mano de la desnacionalización, la renacionalización va a tener que venir de la mano de la traída al país de una gran cantidad de capitales", dijo. Esos capitales –según dijo citando cifras oficiales- suman 100.000 millones de dólares; entre depósitos, dinero en efectivo y en títulos, entre ellos argentinos.
En esa conferencia también se habló como mecanismos para contrarrestar la extranjerización económica la creación de un banco de fomento, un mercado de capitales al servicio de las pymes, créditos accesibles, reglas claras, seguridad jurídica, y transparencia y estabilidad económica.
A propósito de la venta de Sancor, un empresario nacional dijo a Clarín que "es muy difícil enfrentar a estos monstruos (fondos como el Soros)", porque "traen unas líneas de financiación a las que nosotros no podemos ni en sueños", refiriéndose a los créditos que disponen estos grupos transnacionales a la hora de comprar empresas fuertemente endeudadas. ¿Cómo recrear una burguesía nacional en tiempos de globalización económico-financiera?, sería la pregunta.
Roberto Lavagna –hoy adversario del presidente- cuestiona a Kirchner porque su promocionado "capitalismo nacional" no es más que un disfraz para encubrir un "capitalismo de amigos".
Algo de razón tiene el ex ministro de Economía si pensamos en los hermanos Cirigliano (Mario y Claudio), controlantes de los colectivos Plaza y los trenes TBA, a quienes distintos informes periodísticos sindicaron como uno de los grupos económicos más beneficiados en materia de subsidios por el kirchnerismo. Subsidios que, luego, no se reinvertirían en capital de trabajo.
Lo que queremos remarcar es que la ausencia de empresariado nacional no se debe a la falta de políticas estatales, sino también a la falta de compromiso nacional de determinados grupos económicos, que persiguen más un interés rentístico y acumulativo que productivo.
Hay en el gobierno nacional una política tendiente a privilegiar ciertas empresas nacionales en las licitaciones de obras o servicios públicos como mecanismo para compensar el fuerte dominio que ejercen las firmas transnacionales en la economía local. Pero esto tampoco parece alcanzar para frenar la sangría de empresas nacionales en inversores norteamericanos, brasileños, entre otros.
Ojalá fuera un tema de sentimientos. Lo que aquí en juego es la vida y el modo de subsistencia de los argentinos porque se trata de empresas con una alta participación en los mercados –Sancor es la segunda láctea del país, después de Mastellone-, lo que significa que se van a tomar decisiones fuera de nuestro país que nos van a afectar para bien o para mal a todos. Hoy, más de 4.000 productores asociados a la cooperativa están en vilo por esta venta. Lo que no es poco.
12/10/06
Recomendar esta notaEsto es una muestra más de la inexistencia en nuestro país de una burguesia con conciencia y sentido nacional. La falta de una burguesia dinámica, activa ,emprendedora, capaz de asumir riesgos y de cumplir su papel histórico como en todo pais capitalista, (como lo cumplió en mismo Estados Unidos en su momento, o en el Brasil actual, donde podemos decir que existe una burguesía con cierta conciencia de tipo nacional,que apuesta a la ampliación del mercado interno, a la industrialización, que invierte sus ganancias en su propio país,etc.)- fue una de las causas por las que el proceso de industrialización en Argentina lo cumplió, en la década del ´50, el Estado, con todo lo que ello significó. Nuestros empresarios prefieren: ganar el 200%, no abonar impuestos (es un secreto a voces que los mayores evasores de impuestos sonlos grandes empresarios)y tener a sus empleados "en negro". Y el dinero que ganan, lo ponen en algún banco extranjero preferentemente en Uruguay o las Islas Caiman o hacían "inversiones inmobilarias en Miami". En la epoca de la "plata dulce" de Martinez de Hoiz, plena época dictatorial o del menemismo, se llenaron de dinero con la especulación rentistica financiera, dadas las altísimas tasas de interes y luego con el famoso "uno a uno". Sin contar que la mayoria de los "grandes emporesarios" lease Macri, Amalita Fortabat, Yabran, Rogio, Delta etc. se enriquecieron siendo contratistas del Estado. Eso si, son los primeros "enemigos del Estado" y adherentes incondicionales al al NEOLIBERALISMO que tanto daño hizo a nuestro pais. Enu na epoca acompañaron el proceso de industrialización, luego algunos adhirieron a las tesis "desarrollistas" o inclusive conformaron una pequeña burguesia de tinte nacional con Gelbard a la cabeza con la CGE y la Federación Agraria, por ejemplo. Pero ahora TODOS adhirieron -y adhieren- a las tesis del neoliberalismo. En unpaís comoel neustro privatizaciònes igual a extranjerización,desnacionaolización. Como ejemplo paradigmático lo tenemos a ese "empresario" que fundió la Casa Tia, la vendió y ahora anda haciendo política ofreciendo su dinero a cuanto político de sesgo liberal quiera postularse, aparte de pagar su pagina semanal en la Revistas de actualidad,preferentemente "CARAS" con la última modelo conocida. Esa es nuestra burguesia "nacional". o el ejemplode cordobe donde se fundieron dos bancos para darles créditos " a los amigos del poder" en las épocas angelocistas. Empresas fundidas y empresarios ricos. Bancos fundidos y banqueros multimillonarios. "La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la postmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos",dice Eduardo Galeano, frase que compartimos. Saludos
El problema es mas grave aún de lo planteado, ya que no solo se extrangerizaría una empresa nacional, sino que se vendería una cooperativa, lo cual está expresamente prohibido por la ley. No está claro si es una venta encubierta mediante la creación de una nueva sociedad. Esto sería ilegítimo ya que se supone que las cooperativas solo pueden crear nuevas sociedades para dedicarse a otro fin distinto al que ya tienen.
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