En Catamarca, la tasa de suicidios crece exponencialmente y los medios -contra recomendaciones de la OMS- publican los casos en tapa. "Los policiales ejercen una fuerte seducción en buena parte de los consumidores, y esto repercute lógicamente en las ventas", advierte un corresponsal catamarqueño que hace una aguda observación del tratamiento periodístico de esta tragedia.
Carlos Gallo(Catamarca)
El crecimiento exponencial de la tasa de suicidios en la provincia de Catamarca llegó en el último lustro a niveles muy superiores a la media nacional y mundial, considerando el total de habitantes. El fenómeno se tornó insostenible especialmente en el año 2002, cuando la cifra anual de muertes llegó a 59 en una población de algo más de 333 mil habitantes, pero sigue latente.
A tal punto que fue declarada “zona en emergencia” por este flagelo, que involucró a personas desde los ocho hasta los noventa años.
Desde entonces, y hasta la muerte de una joven madre de 21 años ocurrida el lunes pasado, son 205 los suicidios consumados, y son más aún los intentos fallidos.
Diferentes actores de la comunidad expresaron su preocupación y, si bien estos acontecimientos ameritan un análisis psico-sociológico profundo y responsable, a un simple observador le basta con otear los principales titulares y copetes sobre estos hechos recurrentes para concluir que algo sucede (o más bien mucho, y muy grave) donde hasta hace poco casi nada había.
Un rasgo notable es que el cien por ciento de estos casos fueron cubiertos –más o menos explayadamente- en la prensa local, sobre todo en los diarios, sin un criterio visible de preservación de la integridad de las personas sensibles o potencialmente afectadas por estas tragedias.
La clave parece estar atada a la irresponsabilidad social de los medios para informar estos hechos. Irresponsabilidad, sí. Sino de todos los medios, al menos de los más influyentes, los que “marcan la agenda” o “construyen la realidad cotidiana”. Ya dentro de la empresa periodística, es de igual manera: si la cuestión no involucra a todos, al menos es cosa de los que deciden en última instancia.
Por caso, desde el cronista hasta el responsable de decidir el título principal (o “de tapa”, en los gráficos), hay un filtro donde interviene fuertemente la línea editorial, asociada a la empresa y a sus ingresos. Pero no caben dudas que hay responsables por publicar un gran titular en tapa con la palabra “suicidio”, contra las expresas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y otros organismos al respecto.
Como es sabido, los casos policiales ejercen una fuerte seducción en buena parte de los consumidores, y esto repercute lógicamente en las ventas. Contra este interés, las normas de estilo y de contenido de los principales diarios del mundo, y también de nuestro país indican que el único lugar donde no se debe publicar un suicidio es, precisamente, en tapa. Entre otras consideraciones al respecto.
Off the record, los periodistas de estos medios reconocen que las ventas son mayores cuando se publican destacados las tragedias o casos como violaciones, muertes horribles.
Un peligroso y perverso mecanismo de retroalimentación entre la necesidad de vender noticias y la falta de motivaciones personales, familiares y sociales entre otros factores, está siendo utilizado en los medios –conscientemente o no- por quienes tienen la responsabilidad de marcar la agenda diaria. Por cierto: no es cosa de ellos orientar políticas sociales en el orden público, pero sí les cabe responder por la recurrencia al morbo, la descripción pormenorizada, el desconocimiento de sus deberes y, peor aún, la evasión moral como lo demuestra un fragmento del informe publicado este año en un informe especial sobre el tema: “El alto índice de muerte por este flagelo volvió a poner en el tape la falta de una política seria de prevención, de la cual nadie se hace cargo, pero sí muchos se llenan la boca hablando” (Diario La Unión, 7 enero 2006).
El límite que la moralidad impone al periodista en el ejercicio de la ineludible función de formar e informar con responsabilidad ante el medio social, ha sido sobrepasado y, en este caso, es literalmente de terror.
El colmo ocurrió la semana pasada, cuando un grupo de desocupados montó una escena en la plaza principal enlazando a dos de sus miembros en sendas horcas para presionar al gobierno por recuperar su fuente laboral, frente a cámaras, micrófonos, flashes, y curiosos de todas las edades separados por un inoperante cordón policial. Todo está publicado y hasta puede consultarse por Internet. Interesante tema para un investigador de los medios ajeno a los involucrados.
Cual es la razon por la que no se deben publicar los suicidios. Que recomienda la OMS. Me gustaria obtener una respuesta ya que en la localidad en que vivo ocurrieron dos suicidios de jovenes en pocas horas. si bien esto es algo que no ocurre todos los dias, llamo poderosamente la atencion, habida cuenta que esta ciudad tienen muy pocos habitantes y todos son conocidos.
Silvio
Hola Julieta:
Entiendo que estamos viviendo en una sociedad mediática donde todos queremos sentirnos importanes, salir en las tapas de que hablen de nosotros en la radio o bien que nos muestren por T.V. Ciertas personas por dotes laborales o físicos lo logran mientras que la moyoría de nosotros somos personas anónimas para la prensa general. Posiblemente quienes tienen una buena estructura de valores y reconoce lo verdaderamente importante en la vida no le da demaciado valor a esta cuestión, sin embargo, quienes poseen una personalidad inestable y débil, pueden utilizar la autoflagelación del suicidio para ser TAPA. ¡Que locura!
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