Emiliano Benito.(fotos enviadas por el periodista ciudadano)Yofre Norte es un barrio ubicado al noreste de nuestra ciudad. O más bien, un pueblo dentro de la ciudad. Mejor dicho,
Yofre es una mezcla de pueblo y barrio. Su gente así lo siente y quienes conocen este lugar, se dan cuenta de que esta parte de la ciudad es muy particular. Algo distinto tiene, y ese “toque diferente” se hizo presente en la tarde de ayer.
Amaneció soleado, con vientos y nubes, pero sin amenaza de tormenta. Empezaba un día caluroso, las primeras vecinas ya barrían y baldeaban las veredas. Más tarde, abrieron los primeros comercios. Y el barrio comenzó con su ritmo habitual de los domingos: las familias haciendo las compras, la gente yendo a la iglesia, los niños jugando en la plaza y los artesanos… tratando de llevar algún dinero a su casa.

Ni bien se acercaba el mediodía, las calles se iban despoblando y los comercios, cerrando. Como a las 13 horas, dos vecinos se acercaron a la plaza, balde y cuchara en mano, para arreglar algunas de las estatuas y poder así pintarlas a la tarde, cuando el cemento estuviera seco. Realizaron su tarea, bajo un fuerte sol y luego regresaron a sus casas.
Transcurrió la siesta, con toda la traquilidad que implica en las calles, y comenzó la tarde esperadaen la plaza. ¿Qué tenía de diferente? Más adelante sabremos, pero por lo pronto diremos que la excusa para lo que ocurriría más tarde fue un programa de radio. “Con lo mejor de nosotros”, programa que se transmite en una FM local, invitaba a todos a reunirse en la plaza Manuel Belgrano:
una radio abierta para compartir entre vecinos pero también para ocuparse del cuidado de los espacios públicos.Y se hicieron las 17:30, la plaza ya contaba con algunos concurrentes habituales y se empezó a preparar el sonido para realizar la transmisión. Poniendo música al principio, luego saludando e invitando a los asistentes a participar de la radio abierta, comenzó la tarde. Con el correr de los minutos, fueron llegando vecinos y comerciantes que se habían comprometido a realizar diferentes arreglos o mejoras al espacio público.
Veamos.
Don Raúl, fue uno de los primeros en aparecer con los diferentes materiales de trabajo y comenzó a pintar a los leones, estatuas protectoras de la plaza, que recuerdan la historia del barrio y que son la delicia de los niños a la hora de jugar, trepados a su lomo. El color elegido: dorado.Casi simultáneamente, se lo ve venir en un remis a Tito, “el guardián de la bandera”, bajando una lata de pintura y un cajón con plantines y flores. Él se encargaría de pintar los canteros y de colocar los plantines que los adornasen.

Ambos vecinos, comenzaron su tarea y, para sorpresa de todos, los niños fueron los primeros en acercarse. Curiosos por naturaleza, los chicos miraban lo que hacían estos dos hombres, hasta el momento en que uno de ellos se animó y preguntó si le querían dar una mano. "Con mucho gusto", respondió Raúl y le entregó una broncha para que pintara a uno de los leones.
Y los chicos empezaron a animarse, unos ayudaron a Tito a plantar, otros pidieron pinceletas para darle color a los maceteros. Los conductores del programa se empezaron a entusiasmar: por micrófono, describían lo que iba sucediendo, invitando a toda aquella que tuviese ganas de participar de la actividad. La radio abierta comenzaba y la gente trabajaba a la par.

Los leones empezaron a teñirse de dorado, los jarrones tomaban un color blanco impecable y lucían hermosos colores en su interior, debido a que alojaban distintas flores y plantas. Y se acercaron unos muchachos, Matías y Andrés, y preguntaron si podían colaborar con algo. Como respuesta, le fueron entregados latas de pintura blanca y negra, para darle color a la vestimenta y el calzado de la estatua del patriarca de la plaza: Manuel Belgrano.
La radio abierta seguía sonando, los conductores comentaban lo que sucedía, presentaban su programa e iban animando a la gente a “hermosear” el lugar. Al atardecer, las estatuas de los leones, de Manuel Belgrano y los maceteros ya estaban listos. El sol ya estaba casi escondido: eran las 19:30 y, como todos los días, era la hora de arriar la bandera. Mediante los parlantes, se invitaba a todos los concurrentes que quisieran participar de esa ceremonia, a acercarse al mástil.

Sonó Aurora, empezó el arriado del pabellón nacional y la gente, tramo a tramo, bajaba la bandera. Cuando llegó al tope, entre varias personas desataron la bandera y se la entregaron a don Tito. El lunes a primera hora, de seguro y a manos de este hombre, la patria estaría representada nuevamente en este sector de la ciudad. Pero esta vez, será distinto:
la plaza Manuel Belgrano se convertía en un mejor lugar, por el trabajo de todos sus vecinos. Porque hay gente que todavía cree en construir algo para su comunidad, en reparar lo que otros insensatamente dañan y por hacer de este, un mejor lugar. “Pinta tu aldea, y estarás pintando el mundo”.
Fuente: http://conlomejordenosotros.blogspot.com
19/11/07