

Gaspar Chiolini.
Sábado 3 de junio a las 16, 30. Un hermoso sol otoñal fue la antesala de un evento esperado por grandes y chicos. Gente haciendo largas filas para conseguir un ansiado “lugarcito” para dejar su auto en el estacionamiento del mall. Las ansias por ver la magia no dejaba lugar a las clásicas molestias en las playas. Todo era sonrisas y “mucho nervio”.
El papá, la mamá y sus hijos de la mano era la postal que se repetía una y otra vez. La gente comenzaba a caminar el largo y estrecho puente del estadio Orfeo, escondiendo las máquinas y filmadoras ante las “amenazas” de algún que otro ingenuo integrante del staff con poco sentido común. Las camperas, los bolsos y carteras, eran lo elegido para “camuflar” las cámaras. Yo junto a mi novia, fuimos unas de esas miles de personas.
Al fin adentro. Rápidamente conseguimos nuestros lugares que había reservado 21 días antes, previendo lo espectacular que sería la convocatoria. Y no me equivoqué, estaba “hasta las manos” como se dice vulgarmente. Pese a que en cada uno de los ticket se detallaba la ubicación específica con sector, fila, asiento y el horario del show, estando en Argentina, eso muy rara vez se cumple, sobre todo cuando “algún vivo muestra la hilacha”, esperando conseguir una mejor visión de la cancha, por suerte “zafé” de esa situación y llegando una hora antes, nos ubicamos tranquilamente viendo como se armaba el escenario.
17.15: El tablero hace transpirar al personal de mantenimiento del estadio, no hay forma de que quede firme. El personal de limpieza esparciendo una bebida gaseosa cola por todo el parquet para lograr que el mismo quede lo más anti deslizante posible. Pese a que se corrigen los detalles en último momento, se logra el objetivo, llegar a las 17.30 con todo listo para el show.

17.30. Con la puntualidad que caracteriza a los espectáculos del primer mundo (y a lo que estamos tan poco acostumbrados de presenciar), ingresan los New York Nationals, habitual partener de los Harlem Globetrotters, recibido por un tibio aplauso de la gente que en ese preciso momento los comenzaba a conocer.

Se para la música, se apagan las luces del estadio, el reflector apunta a una esquina de la cancha e ingresa “Globie” la mascota de las estrellas agitando una gran bandera. El público se pone de pie y empiezan los aplausos acompañados de música muy “al tono” con el evento, “así se debe sentir en un partido de la NBA” pensé por dentro durante un segundo, dado que siempre fue, es y será uno de mis sueños presenciar un partido de ese nivel. La “piel de gallina” me anuncia que se acerca el mágico momento.
Mucho humo, Hip Hop al máximo nivel, el estadio que explota recibiendo a los Harlem Globetrotters. Chicos y grandes cumpliendo un sueño, ver a ese mítico equipo, con caras renovadas pero con el mismo espíritu de sus inicios en el año 1926. Luego de 10 años, se presentan en la Argentina.
Generaciones unidas en el público en un solo momento viviendo algo que parecía un sueño.

Desde el primer momento en que pisaron el “acaramelado” parquet, estos gigantes morenos demostraron su cordialidad y sencillez para con el público, saludando desde el señor más anciano hasta el niño que apenas comenzaba a caminar. Las sonrisas de los jugadores podía verse de “aro a aro” cada vez que el 21 “Special K Daley” dirigía la “batuta” del equipo con sus ocurrencias y su pícara risa.
Niños que quizás era su primera vez que los conocían, tuvieron la fortuna de ser elegidos por ellos para que formaran parte del show que jamás olvidarán gracias a los “trofeos” que en forma de muñequeras, pelotas, remeras y postales recibían a cambio de unos minutos de participación.

Finalmente las 19 marcaban el comienzo del final, las 8000 almas asistentes presenciaban un marcador de 66 a 46 a favor de los “Trotamundos”.
La gira de los Harlem se prolonga desde mediados de mayo comenzando en Buenos Aires, siguiendo en varias ciudades del interior de la Argentina, llegando a miles de chicos y grandes ansiosos de verlos.
Su origen se encuentra en Savoy, un famoso salón de baile de Chicago. Fue en 1926 cuando su creador Abe Saperstein tenía en mente amenizar los entre tiempos de los partidos con un grupo de 5 jugadores denominados por aquellos tiempos “Savoy Five”. Su visión rápidamente quedó rezagada cuando sus jugadores ganaron dos campeonatos nacionales, antecesores de la actual NBA. Allí comenzaba un mito.

Más de 80 años de historia, 55 vueltas al mundo, 140 países visitados, más de 25.500 partidos jugados, y más de 140 millones de personas lo vieron en el mundo entero.
Todo el marketing que rodea al equipo habla por sí mismo, desde remeras, llaveros, pelotas, pasando por video juegos, dibujos animados, DVD’s, hasta capítulos visitando La Isla de Gilligan en algún momento, o apareciendo en episodios de Futurama ¡Hasta Juan Pablo II fue espectador de sus shows!
En fin, un espectáculo de primer nivel que no hay que dejar de ver.
Fotos y vídeo pertenecen al autor del artículo.
5/06/07

Recomendar esta notael que cree que mas policias engordando el culo arriba de una camioneta, o mas armas, o mas motos para que tipos de azul anden presumiendole a las minas por el centro, el que cree que eso es seguridad esta meando fuera del tacho. la seguridad viene por destruir las estructuras que llevan a los pibes al delito, creo que la inseguridad se combate mejor con mas centros de participacion juvenil, con mas polideportivos, con mas centro culturales que se arremanguen y vayan a buscar a los pibes a las calles y logren interesarlos en otras cosas fuera del delito. pero claro mas uniformados con mas autos, pistolas y motos vende mejor para el circo.
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