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Arbolitos, pesebres y Papá Noel /

Arbolitos, pesebres y Papá Noel

En medio de las corridas para llegar a tiempo con los obsequios de Navidad y reiterados diálogos del tipo "¿y música? ¿por qué no le regalás música?" En pleno centro de la ciudad, estaba Mariana. Que se tomó una hora para hablar de rituales navideños, mientras visitaba algunos puntos precisos de la historia cordobesa.

Analía Reineri.

Era gratis y yo no se nada de rituales ¿por qué no ir?

El recorrido empezó en el “árbol” de la plaza San Martín. El árbol es en realidad un poste de cemento con lucecitas que está ahí por iniciativa de la Sociedad del Centro. Pero le sirve a Mariana – guía de turismo municipal- para romper el hielo y comenzar a contarme por qué hay un árbol en la celebración de navidad.

Me contó que en la convocatoria anterior había más gente. Ese día –el jueves- tuvo que trabajar para mi sola. La propuesta era “Córdoba te espera en navidad”.

El árbol

“En las culturas antiguas el árbol era objeto de adoración”, cuenta. “Era un símbolo de festividad, de luz, de transición”. En Asia, Europa, los egipcios, celtas, vikingos… “y en la Biblia, en el génesis, el árbol representa el pacto entre Dios y el hombre”.

Pero es a fines del siglo V, que la iglesia católica durante el papado de Justiniano, declara el 25 de diciembre como fecha de navidad, aún cuándo no se sepa en qué fecha precisa nació Jesús, incluso, hay versiones que indican que fue seis años antes de la era cristiana. El árbol queda en el festejo como para no reprimir las tradiciones paganas, o más bien sería para sumarlas a la fiesta católica.

Otra versión. Siempre hay otra versión. Mariana cuenta que el reformista alemán Martín Lutero trata de imponer en Europa el ritual del árbol para que se pierda el sentido católico y se revalorice el rito pagano. La costumbre del árbol pasa a Inglaterra, luego a toda Europa y al final a América.

En un principio, el preferido era el roble. Pero el predicador británico Bonifacio estaba decidido a mostrar que el roble no estaba dotado de la madera más fuerte. Para eso cortó un roble que al caer destruyó todos los árboles que había, excepto un abeto. Y el abeto fue el elegido entonces para ser el árbol ícono del niño Dios.

“Después pasamos a Papa Noel”, me avisa Mariana cuando ingresamos a la catedral. Ubicada al frente de la plaza San Martín.

El pesebre


La Catedral, es en realidad la Iglesia de la Virgen de la Asunción, y nace como templo mayor en el mismo momento de la fundación de la ciudad (1573). Tardó 200 años en terminar de construirse.

Adentro, la imagen de la virgen de la Asunción -donada por Diego de Salguero, obispo de Córdoba en el siglo 18, el mismo que fundó el hospital San Roque.

“La imagen muestra cuando un ángel avisa a María que Jesús la vendría a buscar para ir con él a los cielos y le otorga una palma de oro que dice que el día de su muerte iba a subir delante de una procesión. Los apóstoles presintieron esto, se acercaron al lecho de la virgen que fue rodeada por un halo de luz, en ese instante se escuchó un fuerte trueno y descendió un coro de ángeles que rodeaba a Cristo que la vino a buscar”.

También hay una imagen de la virgen de Asunción traída de España. “Es una imagen de vestir”, o sea un armazón revestido. La vestimenta original (de oro y piedras) se conserva en el museo religioso Juan de Tejeda.

San Jerónimo, fue el primero en traducir la Biblia al latín (en el siglo III), es el patrono de la ciudad (en honor al fundador Jerónimo Luis de cabrera). A él se le atribuye la primera descripción del pesebre de navidad. Aunque Jerónimo no hablaba del lugar sino del recipiente de barro apoyado sobre maderas (recipiente donde comía el ganado).

Mariana señala también que la patrona de la ciudad es la virgen del Rosario del Milagro, aunque antes ese lugar lo ocupaba Nuestra Señora de la Peña de Francia o de Copacabana (que parece que era más morochita y apreciada por los nativos).

La catedral tiene diversidad de estilo porque fueron muchas las manos que participaron en su construcción. El siglo XVII marcó la segunda etapa en la construcción, gracias a dos grandes derrumbes que dejaron la obra en escombros. A partir del siglo XVIII retoman los jesuitas Bianchi y Prímoli, que diseñan la bóveda y el pórtico con un definido estilo neoclásico.

Un sevillano se encargó de la cúpula, que le aportó estilo románico. Finalmente las torres fueron terminadas mezclando la pesadez del barroco con la impronta del aborigen. Por eso, las torres tienen detalles indo americano.

En su interior, decorado en el siglo XX por el fundador de la primera escuela de Bellas Artes del país, el catamarqueño Emilio Caraffa, se destacan las pinturas (realizadas entre 1906 y 1912) de la bóveda principal y las de los brazos del crucero. De hecho Caraffa estampó su cara por toda firma.

En la catedral están enterrados el Deán Gregorio Funes, primer rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), el general José María Paz y Fray Mamerto Esquiú.

Retomemos a la Navidad. Dentro de la catedral curiosamente hay un pesebre permanente. Cuanta la historia -o Mariana- que San Francisco de Asís en 1224 –luego de un viaje a oriente-  le pide permiso al Papa para hacer un pesebre viviente. La representación figurativa vino de la mano de los americanos tiempo después.

En el principio, sólo un burro y un camello acompañaban al niñito Jesús. Pero luego de un concilio en el siglo V se incorporó la imagen de la virgen a la que se suman los pastores y los reyes magos. Sobre estos tres,  se decía que Melchor tenía piel blanca, Gaspar piel amarilla, y que Baltasar era negro. Más oficial, la versión indica que en realidad se trataba del rey persa, el de la india y un jeque árabe, respectivamente.

Salimos de la catedral. En el patio,  la imagen de Fray Mamerto Esquiú cuyo corazón se conserva “intacto” en Catamarca. Esquiu está en proceso de beatificación.

En la parte trasera del edificio, el famoso calicanto. Material hecho de piedras, arcilla y hasta -algunos aseveran que contiene- sangre de animales propio de la gente del lugar.

¿Quién te trae los regalos, el Niñito Dios o Papá Noel?


Ya estamos al frente del Monasterio de Santa Catalina, en la plazoleta de la Fundación. Mariana me adelanta que ya me va a hablar de Papá Noel.

Antes me cuenta de la Iglesia y el convento de las Carmelitas Descalzas de San José, desde 1968 funciona un museo religioso. Según fuentes extraoficiales, parece que la hija de Juan de Tejeda, enfermó y éste prometió a Dios que si se salvaba, construiría la Iglesia. La hija se salvó y Tejeda no cumplió. Por eso, una grave enfermedad cayó sobre él. Finalmente fueron su hija y su mujer quienes iniciaron la obra.

Desde la plaza,  vemos el Convento de Santa Catalina de Siena. La obra original estaba ubicada dos cuadras más adelante de su actual posición. (Obispo Trejo 44) y se realizó  gracias al impulso de Doña Leonor de Tejeda y Miraval (hermana de Juan), dama cordobesa que quedó viuda  y se metió a monja, tal era la costumbre de la época.

Ese convento conserva una rica colección de lienzos provenientes del Perú, con pintura colonial cuzqueña, finos tapices del período hispánico y alfombras artesanales del siglo XVIII.

Pero lo más tierno de Santa Catalina, es la historia de la imagen del niño Jesús Milagroso. Me cuenta Mariana que en la Candelaria, en la estancia de Mercedes Pinto, un joven pastoreaba bueyes de José Cabanillas. Cuando vio entre las ramas gruesas de un árbol la imagen del niño Jesús, tan adherida estaba a la rama que tuvo que ir el propio Cabanillas con un serrucho. Mercedes Pinto le regaló la imagen a su hermana monja. Cuando ésta murió la legó al monasterio.

Después de un tiempo, le cortaron la rama y hoy está ubicada en un oratorio. Al costado de la Iglesia.

Coca Cola y Personal

Los vikingos veneraban una imagen de abuelo en invierno, los bretones personificaban a un personaje del pueblo…Lo más cerca de la imagen de Papa Noel es San Nicolás de Bari, obispo de Mérida (Turquía) que era muy generoso con los niños. Sin embargo,  dicen que era muy delgado y no vestía de rojo, sino como un cura.

Fueron los holandeses quienes difunden a San Nicolás (Sinter Klass) que da origen al  Santa Claus de los norteamericanos.

Y fue el poeta Clement Moore quien difunde en el siglo 19 a Papá Noel como un señor con barba y risa ronca. El traje rojo se lo debemos a Coca Cola, más precisamente a la publicidad que data de 1930.

Ojo. Del rojo, puede mutar al azul. Es que una vez que finalizó el recorrido, dos cuadras más adelante en  Rivera Indarte y Colón, un “Papá Noel” completamente azul tomaba una Coca Cola. Cuando esta cronista pretende tomar una fotografía, me dice que no, se baja la gorrita y me muestra la marca de telefonía celular que promociona: “Si me ven me matan”, explica

24/12/06



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Eduardo Planas

Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad, Poco a poco fui creciendo… ( Sui Géneris ) En mi época ( parezco Cafiero o Daniel Salzano, salvando las reconocidas distancias cualitativas literarias con éste último) los regalos los traía el Niño Dios. Papá Noel no existía, aunque el arbolito y el pesebre sí. El árbol era un abeto que estaba en el jardín de casa y mi padre lo ilumina con lámparas de colores diseñadas por él, de modo que se veía en todo el barrio y era la envidia de todos los vecinos. Cada familia cenaba en su hogar, luego iba a la Misa del Gallo, a la Capilla cercana y al volver ya estaban los regalos que había traído el Niño Dios. No habia pirotecnia ni tortas de fuegos artificiales, sino cuetes , y los más lindos y ruidosos eran los rompeportones que nunca sabía si los rompían en serio o nó, aunque , debo reconocer, había intentado hacerlo. O fabricaba bombas de humo con pólvora de los cuetes. Pan dulce, turrones, y sidra. Champagne, uno o dos y gracias. Cuando venía al centro, a pasar la Navidad con la otra familia, la cena allí si era el famoso pavo, y entre los primos juntábamos un verdadero arsenal de cuetes. Eran Navidades en familia, más tranquilas, más lentas, donde la alegría de los regalos, se equilibraba con la mesa familiar servida con manteles blancos, y la celebración del Nacimiento de un ser, (divino o humano), que -me contaban- había venido a esta tierra en la pobreza de un establo allá en Belén, para sembrar el amor entre los hombres. De Papa Noel o Santa Claus ni noticias. Ese vino después, con la Coca – Cola y las barras rojas y estrellas azules, pero esa es otra historia. Eduardo




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