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Borges, un espiral al infinito /

Borges, un espiral al infinito

La hipertextualidad es una herramienta que usó genialmente Borges, mucho antes de la informática. Porque siempre es bueno recordar a Jorge Luis Borges y su genialidad, un periodista ciudadano analiza y, especialmente, recomienda Ficciones.


José Luis Planas Osorio (Cruz del Eje).


El libro publicado bajo el titulo de Ficciones de Jorge Luis Borges, data del año 1944 y, en realidad, se trata de dos obras, el primero El Jardín de los senderos que se bifurcan ( 1941) y el segundo Artificios, (1944), unidos bajo el sello editorial de Sur.

Obviando la novela de enredos que fue la presentación del primero en un concurso, y las calificaciones que recibió la obra por parte del jurado, y el consiguiente acto de desagravio organizado en honor a su autor, (siempre existieron “Los Salieris de Georgie” en el país), diremos simplemente, que es otra de las obras geniales de Borges, en donde, con toda facilidad con inventiva y perfil propio toma temas de su vasta erudición, desde la Cábala, al Gnosticismo, desde James Joyce a Stevenson, Las Mil y Una Noches, por supuesto, desde Heráclito el Oscuro de Efeso, hasta Franz Kafka, uno de sus preferidos, de un concepto vago o un texto oscuro, o una sola palabra, inventa, recrea, fundamenta y solidifica a la literatura, similar a un torbellino o a un remolino de ideas, que se van concatenando hasta dar forma al texto.

Me imagino muchas veces a Borges como una espiral “in crescendo”, hasta el infinito, en donde las palabras se van interrelacionando, intercalando, en donde es necesario detenerse en ellas, e ir presuroso al diccionario o a la enciclopedia, para entender su significado o uno de sus posibles significados, y el panorama se va ampliando, inconmensuradamente, hasta el infinito, la textualidad se torna un “hiper”, y esto lo realizó Borges mucho antes de que la informática y sus teóricos hicieran público y común a los mortales la noción del hipertexto.

Sus “obsesiones”, al decir de sus analistas y críticos, están presentes en estos textos, el laberinto, (el exterior y el interior, quizás el más importante y difícil de descifrar y recorrer); los espejos (aquel que acecha lovecraftianamente en la oscuridad del pasillo); el tiempo, los ciclos cósmicos que gobiernan el orbe; el azar (algo que no se nombra con esta palabra rige estas cosas ); el eterno retorno, de clara inspiración nietzscheana o la noción de la nada, en donde resuena tan diáfanamente Schopenhauer; la obra incompleta y defectuosa del Demiurgo, el creador del mundo material, de connotaciones gnósticas y herméticas; las nociones de sueño, de día y noche, de claridad y oscuridad, vida y muerte, que resuenan taoísticamente en sus textos.

De todos sus cuentos-ensayos, publicados en Ficciones mencionaremos algunos en estas breves líneas, recomendando su lectura y la detención en los mismos: Tlon,Uqbar, Orbis Tertius, La Biblioteca de Babel y El Jardín de los senderos que se bifurcan, del primer libro; y Funes el memorioso, Tres versiones de Judas, y La Secta del Fénix, del segundo; sin desmerecer los otros, sino como mera recomendación y criterio personal.

Porque, como dijo Borges, el autor es el lector.

Imágen: Somebits.com

17/09/06

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