
Mariel Soria.
Finalmente, se prendieron las luces del escenario y en unos segundos el sonido comenzó a invadir la sala. La obra se basaba en una fábrica fuera de tiempo, donde los operarios producían sonidos bajo las órdenes de un capataz -bastante odioso y un poco violento a veces-, hasta que uno de ellos decide revelarse y tomar el control del lugar.
El guión era muy bueno, también el vestuario, la escenografía y la iluminación; pero sin dudas lo más impactante era escuchar cómo los artistas lograban con instrumentos no convencionales -tachos, pelotas de básquet, o caños de plástico- pasar por diferentes ritmos como candombe, malambo, flamenco, música electrónica y hasta una versión de “Libertango” de Astor Piazzola que puso el sello de argentino al espectáculo.
Después de casi dos horas de show, “Fabricando sonidos” llegaba a su fin y los espectadores admirados aplaudieron de pie. Los chicos del choque urbano se despidieron, pero al grito de ¡otra! volvieron a escena con sus instrumentos e interactuaron con el público que siguió cada una de sus indicaciones. Valió la pena la espera, seguramente más de uno debe estar ahora en su casa practicando hacer murga con una bolsita de nylon.
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