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Esas cosas que tiene ser madre /

Esas cosas que tiene ser madre

La periodista ciudadana celebra el día de la madre compartiendo sus sensaciones desde que era chiquita hasta que se es abuela.

Mónica Beatriz Gervasoni

Más allá o más acá del tan mentado instinto maternal, desde nenas nomás, las mujeres jugamos a ser mamás.  De chiquitas nomás nos dan un osito de peluche para dormir abrazadas a él y no extrañar a mamá que no duerme con nosotras.  Pero también nos pudieron haber dicho, o pudimos haber dicho: cuida al osito, el también tiene miedo de noche y no tiene una mamá que lo cuide.  Y ahí nomás empezamos a soñar con alguien para cuidar.  Apenas largamos el andador apresuradas queremos tener un bebe y su correspondiente cochecito para sacarlo a pasear.  Ser mamas, o ser maestras desde aquel tiempo que la escuela era la segunda casa y la maestra la segunda mamá, lo maternal rondaba nuestros juegos y nos hacía felices.  En un descuido trepamos a los tacos de mamá y soñamos ser como ella.  En la adolescencia alguna muñeca queda para el recuerdo y la mayoría en fotos amarillentas por el tiempo.  Y entre los fragores de la lucha íntima del corazón con el: “me quiere o no me quiere” el jugar a ser mamá es un grato recuerdo guardado en los bolsillos de la niñez.  Arribada la juventud y pasados o no las mariposas en la panza ante el amor, el deseo latente se hace carne. Queremos un hijo, dos, formar una familia.  Aunque tengamos vocación, trabajo, realización personal y todas las conquistas del mundo femenino de este siglo.  En algún momento el deseo se hace presente y tan fuerte que hasta que el test del embarazo nos muestra dos rayitas violetas o azules o rosas pero dos rayitas, al fin y seguro, no dejamos en paz al destino y nuestro anhelo femenino y maternal no para.  Y las rayitas se presentan nomás.  Y vamos corriendo a contárselo al mundo más íntimo y no necesitamos de muchas palabras.  Una cara redonda como las nueve lunas que nos esperan lo dice todo.  Y ahí estamos. En ese estado idílico.  Imaginando, soñando, gestando.   Y cuidándonos mejor que nunca y cuidándolo desde que supimos de él o ella en nuestro vientre.  Y ansiando la primera foto en la panza y el primer monitoreo y a dieta de hígado que detestamos, por el hierro para el bebé y la leche entera que aborrecemos pero es lo mejor para el que llevamos dentro.  Y entre los litros de agua para las eco se van sumando las semanas y va creciendo dentro de una. Y si es una nena, lloramos de emoción y si es un varón lloramos de alegría y sea lo que sea no nos importa, es nuestro bebé, es nuestro hijo/a, hasta que comprendemos que son hijas e hijos de la vida.  Mientras tanto la nena, sueña a ser mamá como nosotras, se trepa a los tacos altos y juega con nuestro rouge en el espejo.  Y el varón nos reclama que sepamos patear un penal o  que sepamos de qué hablamos cuando decimos corner.  Y mientras son chiquitos somos Diosas, bajadas de un olimpo y somos mágicas porque todo lo podemos.  Y lloramos con sus primeros porrazos. Y nos anuda el corazón dejarlo en la guardería porque él tiene que aprender y nosotras volver a trabajar.  Y llegamos a las adolescencias de ellos y sufrimos con sus corazones rotos desairados, porque conocen el desamor, pero ya somos las que no entendemos nada.  Las que estamos equivocadas en todo y en que el mundo tiene razón y nosotras vivimos equivocadas.  La juventud sigue en pie de guerra mientras se diferencian de nosotras.  Sin embargo en alguna parte de  la juventud la cosa va madurando y nosotras también, y el tiempo y la vida pasa y las aguas se van aquietando…  Y mientras ellos crecen y crecen y no paran de crecer, y nos siguen haciendo más madres cada año que pasa, llega un buen día que te dicen, por ejemplo, mamá: tenemos que hablar o mamá, tengo algo que contarte.  Y una, que es madre, atisba esa cara arrebolada, que tan bien conocemos y sabe e intuye pero espera en amoroso silencio que ellos hablen, porque desde que nacieron, ellos tienen la palabra en nuestras vidas, a que digan, un buen día de estos, mamá, vamos a tener un hijo, mamá vas a ser abuela.  Y ahí sabemos, lo grita el cuerpo y los pensamientos.  La piel y las emociones, que la vida es sabia y que lo mejor que pudo habernos dado es la familia que alguna vez soñamos y decidimos ese día que deseamos con todas las fuerzas de nuestro corazón: Tener un hijo. Y todo vuelve a empezar, como la primavera que vuelve y también sabemos que un día una se irá, pero también habré comprendido que hay algo de mí…Una huella en el mundo del y de los pasos que di…

15/10/2011

 


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jose luis planas osorio

Yo soy muy feliz de ser padre de 5 hijos y abuelo de 2 nietos preciosos ...!!! Ser abuelo es excepcional ...!!!




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