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Escondiendo la monjita /

Escondiendo la monjita

Curioso hecho el de ayer en el partido entre Vélez y Tigre cuando le arrojaron desde la tribuna una botella de vidrio al arquero visitante. El objeto no llegó a impactar en su integridad, pero más grave fue la actitud ocultista protagonizada por el jefe del operativo. Actitud que denunciaron las cámaras de tv.


Sosperiodista.

A los 27 minutos del segundo tiempo del partido disputado ayer entre Vélez y Tigre en cancha del primero, se produjo un episodio llamativo cuando una botella de cerveza (de las llamadas monjitas), arrojada por hinchas velezanos, cayó en cercanías del arquero visitante Daniel Islas.

Afortunadamente la botellita de vidrio no alcanzó a impactar en el cuerpo del guardavallas. No hubo que lamentar heridos. Pero el hecho terminó siendo sintómatico por lo que vino después.

Resulta que el árbitro Pablo Lunati agarra el envase y se va hasta la línea de cal para mostrárselo al jefe del operativo policial, advirtiéndole -según leíamos en sus labios- que extremara las medidas de seguridad porque si volvía a caer un nuevo elemento contundente iba a tener que suspender el partido.
El policía de la Federal -un hombre bajo, con gorra y algunos kilos de más- recibe la botella de manos del árbitro, la agarra del "cuello", da media vuelta y empieza a caminar hacia su lugar pero tratando de abarcar con la palma y dedos de la mano derecha la integridad de la botella., intentando "protegerla" del ojo indiscreto de la cámaras de televisión que siguen sus movimientos en primer plano.

El plano de la cámara duró apenas unos segundos, demasiados para sacar a luz la picardía criolla del policía.

Fue todo un gesto el del uniformado: su reacción primera, ante un hecho grave y recurrente en los estadios de fútbol argentinos, fue intentar esconder la prueba del delito entre su mano y la muñeca, no vaya a ser que después mis superiores me reten por incapaz y se enojen los patrones de AFA, a quienes las imágenes de violencia en las canchas le generan urticaria y rechazo. Por eso, nada hacen.

Es decir, para los poderes responsables de luchar contra la violencia en el fútbol siempre es más práctico patear la basurita debajo de la alfombra. Aunque esa basurita sirva como testimonio de la irracionalidad tribunera de algunos, y de la incapacidad organizativa, de otros.

7/10/07

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