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Ficción en la ficción /

Ficción en la ficción

Al autor de esta nota le pidieron una crítica del Código Da Vinci de Dan Brown. Lo leyó y le gustó. “vale la pena leerlo, es de un estilo que atrapa desde el comienzo, tiene elementos de una buena novela policial, con contenidos de simbología, datos históricos, y la referencia a uno de los grandes del arte”. Critica a los que quiere se aclare que “es sólo ficción”.


José Luis Planas Osorio (Cruz del Eje).

Prestos al requerimiento del editor del boletín literario Basta Ya, emprendimos la búsqueda del “maldito libro”, pero no apareció. Todo el mundo quiere leerlo. Todo el mundo, desde el nietito al abuelito, lo quiere leer, amigos, amigos de los amigos, amigos de los hijos, hijas, novios de las hijas, compañeros de las hijas, parientes, primos, tíos, tías, ahijados, etc., todos han despertado con un afán apresurado por leerlo, el libro fue y vino de la docta ciudad, estuvo en escritorios ajenos, casas ajenas, mesas de luz ajenas, pero a la hora de encontrarlo no apareció.

No es la Biblia, ni el Martín Fierro, ni Borges, Cortazar o Macedonio Fernández, o un Tratado de Ética, de Derecho Romano, Historia Patria, mítica u oficial. No, es simplemente la nouvelle mas vendida y leída de los últimos tiempos Si me refiero el famoso “Codigo Da Vinci” del célebre Dan Brown, que volvió a ponerse de moda, por la película del mismo nombre.

Leído hace un par de años, precisamente en abril / mayo del 2004 -regalo para el 49 aniversario del natalicio celebrado con riquísimas pizzas a la parrilla- es una novela atrapante, tiene un argumento interesante, que viene como a ser una empresa de demolición para ciertos edificios dogmáticos, que dieron base- según algunos- a cierta civilización allende nuestros mares, y que nosotros recibimos, o nos impusieron por la fuerza de los hechos, o la violencia del mas poderoso.

Espadas, fusiles mauser, frazadas con viruela mediante, (lo de las “armas biológicas” no es nuevo ), nos impusieron creencias, ritos, liturgias, libros que hablaban las palabras de dioses blanquecinos, con “palos de fuego”, azúcar, alcohol, trajes brillantes y caballos pegados a su cuerpo, (amen de los celebres mastines cebados con carne humana , aborigen por supuesto, los famosos “Perros del Paraiso”, Posse dixit)) .

A quienes quieren- letrados de la Córdoba de los Doctores y las Campanas- que se aclare que es sólo ficción, como si no hubiera ninguna duda histórica, objetiva, de la otra historia, la oficial, que también, puede ser una fábula, bastante lucrativa por cierto, como ésta.

En tren de verdades históricas, no hay, sencillamente no la hay, comprobaciones científicas, históricas de que la “versión oficial”, de la vida del hijo del carpintero fuera históricamente acontecida, o al menos de que los hechos a narrados en los textos recopilados recién en el siglo IV, luego del Concilio de Nicea, tengan un atisbo de realidad. Pero eso es harina de otro costal, o al menos no de este, en trámite más que sumario.

Prestos a realizar el comentario, solicitado gentilmente para el “Basta Ya!”, nos detuvimos unas horas; ante el temprano llamado de la Patria a festejar el cumpleaños de su editor, quesos duros, salamines y vinos del alto Valle del Rio Negro, invitados por unos amigos, y como íbamos a negarnos al evento patricio, cuando además se hablaba de Borges, de Cortázar, de Macedonio por supuesto, de Marechal, de revistas culturales, boletines literarios, libros escritos y por escribir, y recuerdos de un ayer tan lastimoso, pero necesario que se exprese.

En síntesis: el libro vale la pena leerlo, es de un estilo que atrapa desde el comienzo, tiene elementos de una buena novela policial, con contenidos de simbología, datos históricos, y la referencia a uno de los grandes del Arte, nuestro Leonardo Da Vinci, nuestro porque era un alma universal, un espíritu universal, un genio colosal y gigantesco, en todo el sentido de la palabra.
Algunos hasta dudan que haya sido de este planeta, les cuento.

Y aunque sea para profundizar en la obra de este genio incomparable y también curiosear en la historia para saber que no todo es lo que parece y que hay muchas cosas para dudar, para no aceptar imposiciones dogmáticas, fanatismos o absolutismos, vale la pena acometer sus páginas.
(“Cogito ergo sum”, decia Descartes. Es la base de la investigación y el libre criterio. He dicho.

05/10/06

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