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La marca de estos tiempos /

La marca de estos tiempos

Babel, una película dirigida por Alejandro González Iñarritu, desarrolla tres historias que acaban fundiéndose con milagrosa coherencia. En diferentes escenarios "se entreteje la incomunicación, el destino obsesionado en su crueldad, la certidumbre de que no podemos controlar nuestra existencia". Para nuestra periodista ciudadana, la historia de estas vidas cruzadas dan cuenta de que el hombre implica una unidad, y que los sentimientos extremos son vividos con la misma intensidad.

Adriana Pozzo.

Una pareja norteamericana de vacaciones en el desierto marroquí; una adolescente japonesa sorda no puede comunicarse con su padre; una niñera cruza ilegalmente la frontera mexicana con dos niños estadounidenses y el circulo se completa con dos niños marroquíes.

Separados por tres continentes las vidas de personas extrañas entre sí chocan en el instante en que un disparo provoca un trágico accidente.

Tres continentes y cuatro idiomas evocan el viejo concepto de la Torre de Babel del Génesis por medio de la metáfora. La Biblia habla de una famosa torre construída por los hombres con el fin de alcanzar los cielos, Dios la destruye y esparce a los seres humanos por todo el planeta, separándolos y haciéndolos hablar diferentes lenguas.

Su director afirma: “Babel cobró vida a partir de la necesidad moral de liberarme y hablar de cosas que me llenaban el corazón y la mente: el dolor que existe en el mundo, en lugares cercanos o distintos simbolizado por el estudio de tragedias personales. Babel no contesta la pregunta de dónde soy sino más bien a dónde voy. Lo mejor de Babel es que empecé rodando una película acerca de las diferencias que separan a los seres humanos, las barreras físicas y el idioma, pero en el camino me di cuenta que estaba haciendo una película acerca de lo que nos une, el amor y el dolor.”

La película desarrolla tres historias que acaban fundiéndose con milagrosa coherencia. En escenarios como el desierto del sur de Marruecos, la frontera entre EEUU y México, nuevamente el desierto, y la ciudad de Tokio, se entreteje la incomunicación, el destino obsesionado en su crueldad, la certidumbre que no podemos controlar nuestra existencia y los imprevistos volcanes que siempre están amenazando a la placidez adquieren un protagonismo doloroso y del que es imposible escapar. El instinto de supervivencia y las consecuencias que te colocan un nudo en la garganta que tan solo se diluye con el llanto de un padre desesperado, pues no hay palabras para describir la emoción visceral de la pérdida o casi pérdida de los seres que amamos profundamente. Un final exento de juicio y moralina como la vida misma.

Estos síntomas del posmodernismo que a veces pesan con la globalización provocando una sensación de aislamiento total que está reflejada en esa ciudad donde uno se pierde como en Tokio, en no poder escuchar, ni tampoco expresar el mar que agita dentro de cada ser humano. Tal vez la mirada que puede hacerse a estas vidas cruzadas, con culturas diferentes, cacofonías diversas, es que el hombre como tal implica una unidad, y los sentimientos extremos son vividos con la misma intensidad, la bajada a tierra puede que consista en aprender a percibir lo que le ocurre a las personas que tenemos cerca y construir puentes para comunicarnos cada día en forma más profunda.

Director: Alejandro González Iñarratu

Reparto: Brad Pitt , Cate Blanchett, Gael García Bernal

Música: Gustavo Santaolalla

26/01/07


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carolina

A gonzalez iñarratu, le gusta dejar ese mensaje en sus peliculas que se caracterizan por ser historias de vidas cruzadas (no vi babel). basicamente la esencia humana,es eso, asi, como lo describe adriana, y refleja el director en sus peliculas. con matices, los sentimientos son los mismos.



oscar

la incomunicación en el siglo de la comunicación y los avances tecnológicos. la sensación de aislamiento y soledad como un flagelo que se incrusta como una espina en el alma. el dolor de ser pobre e ilegal y no encontrar consuelo, apoyo en nadie. este mundo que hemos ayudado a construir oprime en serio y la única salida ante tanto ruido y confusión, es volver a nuestras fuentes, como a miles de años atrás, cuando la especie humana se sintió obligada a comunicarse, tender puentes con los otros para sobrevivir.




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