escribi tu nota

publica tu articulo

el surprensa red

Ocio y Tendencias

Maldita lluvia, más de una hora para llegar a casa /

Maldita lluvia, más de una hora para llegar a casa

La lluvia no tiene nada de romántica cuando te sorprende en la calle, de regreso a tu casa, cansado, sin paraguas y con los colectivos que no te reciben monedas, porque los taxis y remises, mejor ni hablemos. Más de una hora intentando llegar. Parecía que cesaba, pero hacías un paso en falso y las nubes se violentaban más. Y encima te ofrendaban unas piedras preciosas que repiqueteaban en tu cráneo componiendo un ritmo imaginario. Lo bueno es que siendo responsable de un medio me sirvió para tomar unas fotos mientras estaba apostado esperando que terminara. Ahí vemos a tres que cruzan en fila india huyendo despavoridos del agua (foto principal); al caballero tomando del cuello a su amiga o esposa pero dejándola del lado de afuera del paraguas; luego unos amigos que compartieron espera conmigo; un flaco hecho paraguas; otro que intenta iluso cubrirse con el bolso; uno que cruza raudo totalmente empapado; una cuatro por cuatro que salpica a montones; el guardián custodiando la esquina de 24 de setiembre y Jacinto Ríos; y la calle hecha río.

lluvia

lluvia

lluvia

lluvia

lluvia

lluvia

lluvia


11/12/06

Demoliendo bajo la lluvia y sin protección /

Demoliendo bajo la lluvia y sin protección

La foto muestra a un joven haciendo equilibrio sobre un muro medianero de tres metros de altura sin cinturón, arneses, indumentaria adecuada, y bajo una copiosa lluvia que dificulta la visual. Después nos lamentamos cuando sucede lo peor, pero este joven obrero no debió haber estado trabajando hoy con condiciones climáticas que no eran las adecuadas. La Uocra recomienda liberar a los obreros en días lluviosos y húmedos como el de hoy, pero los capataces no colaboran, la inspección no llega y aumentan los peligros de accidentes.


Marcelo Romero.

Bajo la lluvia y sin ningún tipo de prevención ni protección este joven obrero de la construcción puso en riesgo su vida mientras realizaba hy tareas de demolición en predios pertenecientes a la Provincia.



Pese a que desde el sindicato de la Uocra recomiendan siempre a los capataces liberar a los obreros cuando las condiciones climáticas no son las recomendables para trabajar por los riesgos existentes, ya sea por la filtración del agua en las estructuras o la contaminación visual, este joven se encontraba hace unas horas trabajando bajo una llovizna persistente y molesta para la visual.

El joven estaba a tres metros del piso. No llevaba arneses, ni borceguíes, ni cinturón, y lo que en la foto aparenta ser un casco, es un gorro de tela con visera. Estaba totalmente desprotegido.

No hace mucho croniqué a través de este medio un par de accidentes ocurridos en obras que se construyen en la ciudad, que pudieron ser fatales. Aunque sí los hubo en este mes y medio que llevamos del 2007, aunque no me tocó reflejarlos a mí, por fortuna. Es muy triste ver esa imagen.

La irresponsabilidad y desprecio por la vida de los obreros, por parte de empresarios, sindicalistas y autoridades laborales, sumadas a la necesidad de trabajar y ganarse el sustento, son causas que desencadenan estos accidentes.

En predios de la la Provincia ubicados en la intersección de Humberto 1º y Cañada, a metros del Ministerio de Obras Públicas, el desprevenido obrero realizaba tareas de demolición en un muro medianero de unos tres metros de altura.

El improvisado equilibrista no reparó en los peligros que lo acechaban, aunque sí dejó traslucir su curiosidad al fijar la vista en mí mientras lo fotografiaba.

afiche


Los precedentes son afiches de prevención de riesgos de trabajo que figuran en el sitio web de la Uocra y que alertan sobre la cantidad muertes anuales (¡100 mil!) y la necesidad de una aplicación efectiva de la ley. "¡No hay ley sin aplicación efectiva!".


9/2/07

Madonna, la culpa no es de la lluvia /

Madonna, la culpa no es de la lluvia

El jefe comunal de San Francisco culpó al temporal de que su ciudad esté inundada, tenga evacuados y esté paralizada. Es una forma elegante de desviar la atención, para escaparle al problema de fondo: la falta de obras de desagües pluviales y cloacales. Los vecinos están hartos y hace tiempo que vienen exigiendo una solución. Ni los gobiernos anteriores, ni el actual que gobierna hace ocho años, respondieron. Siempre es más fácil culpar a la madre naturaleza.


Nicolás Albera. 

El intendente de San Francisco, Hugo Madonna, le echó la culpa al temporal de que la ciudad que gobierna desde hace casi ochos años, sufra una de las peores inundaciones de la historia. Ya hubo decenas de evacuados y se dictó el cese de todas las actividades.

En una ronda de declaraciones formuladas a radios y canales de televisión cordobeses, el jefe comunal le apuntó al clima (buen chivo expiatorio, si los hay), para no tener que hablar de cosas más incómodas. Como por ejemplo, la inexistencia de obras de desagüe para facilitar el escurrimiento de las aguas. No sólo desagües pluviales sino también cloacales. Las aguas servidas ya forman parte del paisaje urbano, y los vecinos están hartos.

Por eso es que cada vez que una nube negra asoma en el cielo de la ciudad, las plegarias de los creyentes, y también la de los agnósticos, para que no llueva, dicen presente.

Incluso cuando llueven pocos milímetros, igualmente las calles se tornan intransitables. La foto es ver a los vecinos sacando agua de adentro de sus casas, o a los comerciantes y dueños de negocios reaccionando contra raudos automovilistas que pasan salpicando líquido cloacal.

El problema es de antaño. Los gobiernos justicialistas tampoco hizo nada. La “solución” siempre pasó por los famosos parches.



Leímos y escuchamos sobre la emergencia hídrica en San Francisco, sobre el arribo de un grupo de técnicos de la Dirección Provincial de Agua y Saneamiento (Dipas) y geólogos para evaluar el comportamiento de la napa freática en la ciudad. También se sabe que en abril comenzarán trabajos para la ampliación de los canales de desagües pluviales externos, y que todos se mancomunaron en el compromiso de encontrar un terreno para construir una laguna de retardo.

Palabras bonitas en este año electoral. Pero resulta que ayer y hoy llovió, y según el pronóstico meteorológico, la inestabilidad climática continuará.

Hasta el mediodía de hoy, existían más de 30 personas evacuadas, alojadas en el centro deportivo municipal. A la vez, se suspendieron las clases en las escuelas y se decretó el cese de todas las actividades.

Otra vez debemos encomendarnos al Señor para que nos ayude.

(fotos del autor de esta nota)

29/3/07
Todo empezó un día de lluvia /

Todo empezó un día de lluvia

En un bar, un día de lluvia, en una de las esquinas más populares de Córdoba. Un paraguas de varillas quebradas queda abierto en un contenedor sin despertar interés en los transeuntes pero avivando la curiosidad de nuestra cronista urbana, que pasó de la antigua Grecia a la calle Independencia para recoger el testimonio de Chechín, nieto de quien inauguró en 1903 “La Casa de los Paraguas”. Hoy, para disfrutar un día de lluvia, sólo contamos con protección extranjera.

Liliana Chávez.

Tomaba un café en el bar de 27 de Abril y Obispo Trejo. Me gusta ese lugar cuando llueve. Ver la calle desde allí. La plazoleta del Fundador, la Recova, su vereda con árboles de flores rosadas y el incesante paso de la gente.

Un transeúnte deja su paraguas de varillas quebradas, abierto en un contenedor. Al rato, primero un hombre y luego un chico, se detienen a inspeccionarlo pero ninguno lo lleva.

Quedo pensando. Ya las mujeres lo usaban para resguardarse de la lluvia en la Antigua Grecia. Era, por entonces, una seña de dignidad extensiva incluso, a estatuas y divinidades. Muchos son los monumentos egipcios, asirios y persas donde se ven reyes rodeados de servidores que sostienen un quitasol. Quitasol que, adaptado por los europeos, se convirtió en paraguas. Al llegar a casa me intereso un poco más sobre el tema, la imagen ha quedado dando vuelta en mi cabeza.

Los jesuitas, allá por el siglo XVI introdujeron la seda en estos accesorios que, sumado al encaje más vaporoso, fueron usados en Francia, durante el reinado de Luis XIV por las damas de la corte. En la Inglaterra del Siglo XVII, el paraguas era el sello distintivo de personas adineradas y pudientes.
Al contrario de la sombrilla, el paraguas fue negro durante muchísimo tiempo. Y los hombres, recién empezaron a usarlo en el Siglo XVII.

Y fue el químico escocés Charles Macintosh, quien presentó el primer modelo de paraguas impermeable en 1823. Pero tenía una contra: a diez metros de distancia se sentía su desagradable olor a caucho.

A solo días de presenciar aquel hecho, estoy sentada al borde de un cantero sobre calle Independencia. El motivo es, mi apetito de historias.

Espero que un hombre, en la vereda de enfrente, termine de sacar las placas enrejadas que protegen las vidrieras de su comercio de la inseguridad y el vandalismo. Se llama César, le dicen Chechín, nieto de Manuel Osorio, aquel que inauguró en 1903 “La Casa de los Paraguas”.

La charla se inicia con un interlocutor no muy convencido de hablar. Pero la nostalgia es una aliada incomparable para desatar los nudos que genera la desconfianza. Y tanto palabras como recuerdos se vuelven dóciles.

Tuvieron fábrica, compraban las telas, las varillas, hacían paraguas a pedido, con el mango y el diseño elegido por el cliente. César dice que antes, el valor de un paraguas era el mismo que el de un par de zapatos de cuero. Si habrán cambiado los tiempos, pienso. Hasta 1960, la casa vendía exclusivamente paraguas, ahora también comercia artículos de cuero, bolsos, valijas, bastones.

Mientras aguardo que atienda un cliente, observo el lugar y descubro, dos hermosas sillas de respaldo torneado con asiento de esterilla que están, según supe, desde el inicio del negocio; hay además, un hermoso reloj de pared y una colección llamativa de pequeñas figuras donde resalta la presencia de paraguas. Dos fueron traídas de España; las otras son una especie de máquinas en miniatura y César cuenta que a principios del siglo XX los afiladores callejeros también componían paraguas y ese elemento era el usado para hacer el trabajo.

En la pared, una vieja foto de la calle Independencia permite apreciar lo que hoy es el Museo Luis de Tejeda (sin el ingreso parroquial) y ver, en la construcción contigua, una ménsula de hierro con un paraguas colgando que indicaba, por toda marquesina, la presencia de este centenario comercio.

No quedan fábricas de paraguas en el país. Algunas desaparecieron en la época de Martínez de Hoz – acota César -, otras desde el uno a uno.

Las composturas, actualmente, se hacen desarmando otros paraguas para recuperar el varillaje y más como hobby que por lo rentable de la actividad. Hay personas todavía, para quienes cuenta el valor afectivo y se llegan hasta la casa en procura de rescatar ese accesorio que quizá, fue de un abuelo, de un padre o de su añorada juventud.

Al despedirme, lo hago con la seguridad de que César quedó envuelto en cierta nostalgia y que otros recuerdos desprenderían de su memoria el resto del día. Porque cincuenta años de trabajo son, para cualquier persona, todo una vida.

Nota de Sosperiodista: Este artículo fue publicado en el Boletín Literario Basta Ya, Número 78,   octubre de 2007.

3/11/07

Lluvia /

Lluvia

"Se avizoraba la típica tempestad de veranito, que cuando llega se va casi al mismo tiempo, se queda un rato, toma unos mates a la tarde y ni bien termina la siesta se va...", detalla el periodista ciudadano en esta crónica de sensaciones de un día de lluvia. Algo así como una foto ciudadana pero en casa, acompñado de la rubia Mireya con Piazzola de fondo y el amargo quemando el paladar.


Diego Sponton (Santa Fe, Capital)

Cuando llueve en la ciudad, llueve de verdad. No es una llovizna chiquita que molesta, no garúa, chispea decíamos de purrete. Los noticieros disfrazan la situación con un “copiosamente” y mirando la realidad por la ventana desmitificamos el dial y pensamos en “excesivamente”. En realidad cae agua, mucha, que rebota y salpica con ganas, fría. Llueve con ganas de seguir lloviendo, porque se marcan los globitos en la alcantarilla.

Cuando llueve se muere el prejuicio. El calor agobiante marcado por el mes interminable suponía algo así. Se avizoraba aunque sin precisión, la típica tempestad de veranito, que cuando llega se va casi al mismo tiempo, se queda un rato, toma unos mates a la tarde y ni bien termina la siesta se va. Pero no. Aún quedan coletazos de lluvias que nacieron vaya a saber dónde, cerca del polo, de las montañas, del mar y de allí el sifonzazo llegó a tapar este pozo.

Los colectivos se niegan a acercarse al cordón, algunos no hacen el intento si quiera de parar ante la mano erguida. Algún tachero se confunde y con las balizas se acerca rápidamente, sin chistar se suben empapados marcando el destino, sin antes maldecir a la Diosa lluvia.

El hombre galocha más que exagerado y distintivo, como lo describe Sasturain, hoy es más observador que nunca o mejor dicho un escuchador.

Saludables titulares no desarrollados, la fugacidad de la info radial es marca registrada; no porque carezcan de idoneidad para hablar de Don Ernesto, quien ha sido nuevamente postulado al premio Nóbel, sino porque su código así lo indica. Para el desarrollo están los diarios… de su vejez.

Después de recibir el vómito de las noticias, pocas agradables y muchas de las otras; la gran mayoría de las otras, decidimos apostarnos en el rincón preferido del bodegón, limpiando el sillón por los pelos de Toulouse, que muestra los dientes con el ronroneo antipático que los perros emiten tras ser desalojados de su lugar favorito; con la falsa promesa de volverlo a su lugar.

Antes claro, ya ubicados los discos, le damos play a la concertina. Ahora sí, le pedimos fuego a la rubia mireya sentadita pegada al ventanal. Media mañana lluviosa con Astor de fondo y el amargo quemando el paladar imaginamos el dolor del fuelle al carraspear.

Se cuela el polaco en la balada para un loco; loco yo, loco vos, locos nosotros. La gata Varela se contornea en el Afiche. En la porteña soledad del callejón lo ilumina el regio bandoneón cuando aún el día no se anima a amanecer. Mientras los titulares se mojan, empapados de este actor, con el pastor, con el autor, con nombre de Piazzolla.

El chapoteo de los chicos saliendo del colegio marcan el mediodía, los autos se apresuran para llegar, todo el mundo va y viene, el mundo se bambolea. El mate lavó el alma un ratito y el bandoneón la secó. Se asoma el sol con timidez y se vislumbra una tarde húmeda. Rutinaria.

Llueve con sol. A esperar el arco iris!

30/1/08


Recomendar esta nota





irene

“las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños”Alejandra Pizarnick. Dice un amigo a quien me atrevo a tomar prestado: Llovizna oblicuo.Llovizna con sol.Llovizna sin viento.Llovizna y me empapo. Me empapo y no me importa.Solo cuenta el abrazo de las gotas de luz que caen lentamente,como una caricia,así, como si nada.(j.carranza). Es la lluvia que tiene algo de sanadora,como sostiene el periodista ciudadano cuando llueve se mueren los prejuicios.




Completa este formulario para recomendar esta nota:

Tu email:

Tu nombre:

Email de tu amigo:


escribi tu nota