
Mónica Beatriz Gervasoni.
¡Ja!, a mí me van a engrupir que no existen ni Papá Noel ni los reyes magos.
Desde tiempos inmemoriales todas las vísperas de los seis de enero muchos papás, mamás, abuelos/as o tíos/as, hasta hermanos/as mayores, vestidos de buena voluntad, han recreado para sus pequeños, toda la magia y la escenografía del aura mágica de los tres zares: Melchor, Gaspar y Baltazar.
Apenas un poquito después que hicieron lo propio con Papa Noel. Muertos de calor metidos en el característico traje rojo. Inventando una panza de mullidos almohadones. Con la más bella ilusión de una barba blanca y una risa que practican con todo esmero apenas oyen en sus corazones las campanadas que anuncia la navidad. Jo, jo, jo…
Todo para que quede grabado en una foto de la vieja y destartalada Kodac, o en una moderna instantánea, digital o escena filmada, la sonrisa tierna e inocente, que primero ha quedado tallada en las retinas y por si acaso no llegara a ver más esos ojos, en los corazones, a fuego.
Un rato de legendaria ilusión será el más bello recuerdo al que acudir cuando mucho se haya perdido por esas cuestiones que tienen la vida, el azar o acaso el destino.
El encantamiento se repite en los hogares de los creyentes y en los que no, también; porque vale la pena en un mundo pagano repleto de quejas, el sabor de la inocencia. De aquellos que tienen picardía pero que aún no han asomado sus ojos a las miserias humanas. Que están vírgenes de muchos pecados.
En el universo pobre y en el cosmos de los más pudientes se repite la escena. Tanto en uno o en otro mundo. Se sabe que son pobres camellos, cansados y sedientos pero contentos de viajar miles y miles de leguas para traer y repartir cantidades extraordinarias de ensueño, de felicidad, de alegría.
Muchos fabrican arbolitos de navidad con árboles de veras y usan su creatividad para moldear sus adornos de cosas que reciclan hasta de papeles de chocolatines como hizo alguna vez una abuela que ya no está. Cueste lo que cueste, la ceremonia tiene que estar puntualmente lista. Por eso, se lustran los mejores zapatos de todos los talles que serán puestos, prolijitos debajo del arbolito, para que se depositen ahí, las esperanzas. Todo lo bueno vale para apostar a la quimera, además se estrena el recién nacido año nuevo como no hacerlo con las mejores galas que prepare la imaginación.
No seremos como aquellos reyes magos pero no dejamos de haber recibido su legado. Y el paraíso de los grandes se transforma para emularlos para repartir mucho de su espíritu. Nos ponemos de pie después de hincarnos, una vez que hemos reconocido la estrella que los ha guiado desde que la historia es historia y nos guía. Nos postramos ante el milagro de esa luz que brilla fuerte pero que en esta época del año se ve en todo su esplendor, intensidad y luminosidad. Para mostrarle nuestra esperanza en todo lo nuevo, el agradecimiento a lo bueno del año que, viejito, ya se va, y nuestra apuesta redoblada a los más chicos en cuyas manitos ya depositamos el futuro del mañana que ya está viniendo.
6/1/08
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En La Décima de febrero, la zona sur después de la tormenta del 30 de enero. La emergencia expuso las deficiencias estructurales,la responsabilidad y la desidia estatal y la consecuencia del desarrollo inmobiliario descontrolado. Además: Mujeres hartas de la violencia: en sólo tres meses, huno 500 exclusiones de hogar. Y Más. Ingrese y baje La Décima en PDF.