
Melisa Amengual (Hurlingham, Buenos Aires)
A escala global, la velocidad es quizás la principal característica de la sociedad del siglo XXI. Junto con ella, la actualidad es una necesidad que se está convirtiendo en "básica", si es que ya no lo es.
Tal grado de aceleración nos provoca vértigo. Sobreviene la preocupación de estar siempre al tanto de todo. Si de inserción social se trata, no hay otro camino que no sea el de zambullirse por completo en este mar digital y empaparse de actualidad en todos sus formatos: información periodística y consumo de tecnologías recién salidas del horno, pero con pronta fecha de vencimiento. En palabras de Nicolás Negroponte: se trata de ser digital o, directamente, no ser.
Con todo esto, la brecha entre la novedad y el recuerdo se hace cada vez más pequeña. En estos tiempos también los objetos inanimados tienen destinos fatales y sus vidas se remiten a la medida de un momento. Pese a su resistencia material, su funcionalidad es tan corta que a veces no llegamos a aprovechar todas sus potencialidades al momento de su inevitable back up.
Es el mismo proceso el que los crea y el que los sumerge en la prematura obsolescencia, para dar lugar a otras novedades que recorrerán el mismo corto camino para pasar a ser parte integrante de este círculo vicioso (¿o virtuoso?) en apenas un suspiro.
Fuertes y débiles a la vez, capaces de influir y condicionar nuestras vidas al punto de convertirse en extensiones de nuestro cuerpo pero lo suficientemente impotentes como para poder evitar el rápido descarte a archivo que sufrirán. No es casual, no es ningún accidente, es la naturaleza del fenómeno tcnológico.
Velocidad y actualidad no son sino las dos caras de una misma moneda, que lleva inscripta el escudo de las tecnologías de la información, dentro de las cuales Internet es, sin lugar a dudas, las más importante y la única inmunizada a la vejez. Todo innova dentro de la Word Wide Web, pero la Red misma parece ser inmortal.
Reproductores Mp3 y MP4, cámaras digitales, celulares (o todo en uno) son el menú del día que cambia antes de ser siquiera digerido. Otras versiones, acompañadas por ingeniosas presentaciones que la hacen irresistible al consumidor serán el próximo plato. De todas formas, no hay empacho a la vista o parece que el apetito del ser humano de hoy es francamente insaciable.
Imagen: rojo.com
19/06/07
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