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Qué comemos hoy

Al autor le gusta comer bien y rico. Y encontró un lugar recomendable sobre la ruta vieja de Mendiolaza. Aunque no se animó a las entrañas, destacó la bondiola, el matambrito de cerdo y el pollo de campo al limón, entre otras delicias que pueden saborearse al solcito.

Pablo Carrera.

El local en cuestión se llama Raíz.

Queda sobre la ruta vieja de Mendiolaza, en pleno corazón de la comuna. Si uno va por la ruta desde Córdoba, cuando arriba a la zona civilizada, laconstrucción se destaca al costado derecho, en una esquina. Se trata de un solar antiguo, pintado de rosa, con galería hacia el frente, donde siempre está el pizarrón con las sugerencias del momento.

Ya dentro, la decoración retrotrae a una pulpería, con una barra y un mueble aparador grande lleno de botellas y conservas. Una heladera de las viejas, esas de madera, también conserva el pasado dentro de las paredes, por dentro, bebidas sin alcohol y aguas minerales.

El primer salón, el del recibidor, tiene una chimenea rústica. Recomiendo no sentarse muy cerca, porque a medida que promedia la comida, avanzan los calores.

El resto de los ambientes son calefaccionados con estufas a querosén o a gas, con cascaritas de naranjas que tapan un poco el olor del combustible.

Como abre los domingos al mediodía, el patio interior, donde hay hasta un molino, se puede aprovechar, tanto desde la galería como desde el mismo césped, ya que los anfitriones tiene mucha buena voluntad y si da para comer al solcito, te arman la mesa ahí, entre los árboles.

Ahora, pasamos a la comida. El menú es simple, nada estridente, con pocas pero variadas propuestas. Hasta tienen un menú infantil para consuelo de padres. Todo lo que se ofrece está hecho a la parrilla o al horno de barro, salvo las pastas, dos propuestas, que son traídas a la mesa en unas cazuelas de barro pintorescas.

Las entradas son contundentes, recomiendo las mollejas con verdes o las empanadas. ¡Ojo con las de matambre, porque son picantes y jugosas!

Entre los platos principales, la bondiola y el matambrito de cerdo son dos highlights que no pueden ignorarse. También el pollo de campo al limón o el relleno (eso que a mí no me gusta la pechuga, por seca, tengo que reconocer que acá pudo cautivarme). Ofrecen entraña, pero no me he animado, ya que me avisaron que la porción era más que abundante. A esto se lo puede acompañar con ensaladas de las más diversas variedades, o con papas al horno de barro con especias, papas a la crema (un manjar) o verduras asadas (otro manjar).

Quien quiera otra propuesta sin irnos muy lejos de la parrilla, tenemos pizzas a la parrilla. Ricas, crocantes y suculentas.

Los postres son pocos, tranquilos, y se nota que el acento lo pusimos en lo salado. Destaco la Mousse de chocolate y las frutas tibias con grapa y helado ¡No le tengan miedo y anímense, que también son digestivas! Se puede cerrar la noche con un cafecito o un te digestivo.

En materia vinos, la carta cuenta con ofertas bastante buenas (Finca El Portillo, Alfredo Roca) como así también, un pingüino de vino de la casa. Consultar sobre cuál es y de acuerdo a eso, elegir. Los precios son bastante acomodados.                                        

Imagen: etereaestudios.com

Nota de Sosperiodista: El artículo nos llega vía el boletín literario Basta Ya! edición 49

29/09/06


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Ramiro

No entendi lo de arribar a la zona civilizada,parece una manera despectiva de referirce, al resto de la comunidad, tal ves a aquellas personas que nunca podran degustar tan delicioso menu, los chicos del paicor, los ancianos del comedor.




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