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Una noche de marcha en España /

Una noche de marcha en España

"La noche en España te mira con ojos desorbitados. Te mete la lengua en la oreja y como aldabonazos te llena el cráneo de música máquina". Nuestro periodista ciudadano nos saca de paseo, una noche cualquiera, de un día cualquiera de Barcelona. Las noches allá "saben a tapeo y a alcohol, a drogas, a besos y a sexo; pero sobre todo sabe a exceso". Es un texto con situaciones y personajes de ficción, aunque en clave real y exento de toda moralina, una droga costumbrista peligrosa.


Jorge Herrera Marín (Barcelona, España)

La siguiente nota ha sido elaborada teniendo en cuenta el testimonio brindado por numerosas personas a este redactor y mediante la observación del comportamiento y hábitos de consumo de estupefacientes en diversos ámbitos de España.

El tipo de consumo al que se hace mención en esta crónica es el que se denomina habitualmente como social recreativo, que asocia el uso de las drogas a las salidas nocturnas. La situación que se describe es ficticia, como los nombres de los personajes; pero el contexto, los tipos de sustancias utilizadas y las pautas de las ingestas son descriptos tal cual suelen darse en numerosos sitios de ocio, por lo que sí constituyen datos fehacientes. No obstante hay que aclarar que no se puede caer en generalizaciones a pesar de que en Europa el consumo de drogas está tácitamente más aceptado que en muchos otros sitios del mundo.

Según Energy Control, colectivo independiente e institucionalizado que se preocupa por el uso de drogas en los espacios de fiesta de los jóvenes ofreciendo información con el fin de disminuir los riesgos de su consumo: "no nos posicionamos ni a favor ni en contra de las drogas. Entendemos el consumo de drogas como un tema de salud y no de moral".

Entendiéndolo así, declaro que no adhiero a estas prácticas, ni las recomiendo; recordando que el uso de sustancias psicotrópicas ilegales y por tanto, no examinadas en cuanto a su procedencia, naturaleza intrínseca y dosis administradas puede acarrear efectos fisiológicos y psicológicos graves, según advierten los principales organismos de salud pública.

Nos vamos de ‘viaje’…

La noche en España te mira con ojos desorbitados. Te mete la lengua en la oreja y como aldabonazos te llena el cráneo de música máquina. Te acaricia hasta hacerte daño. Te endulza los sentidos y al rato te los pone agrios de hastío. Para ser claro: te embriaga en un nunca acabar. Sabe a tapeo y a alcohol, a drogas, a besos y a sexo; sobre todo sabe a exceso.

La noche en España es corta y es larga; mejor, es redonda como el tiempo mismo. Se acaba en un abrir y cerrar de ojos y cuando crees que se ha acabado vuelve a empezar. No se muere cuando sale el sol. Eso es un mero accidente de fácil resolución. Se pueden cerrar las ventanas o irse de after dos días o meterse otra raya... esa es la noche de España. La noche de Barcelona, Madrid, Ibiza; la histórica ruta del bacalao de Valencia, Bilbao, Marbella, Cádiz... Voy a tratar de explicar al menos algo.

Un sábado cualquiera a las 00.30 hs.

Arnau, celebra su cumpleaños en el bar Acrópolis, de la Rambla del Raval, corazón de la ciudad vieja de Barcelona. A este distrito hasta el ‘82 cuando se hicieron las olimpíadas lo apodaban ‘el barrio chino’ y no había persona respetable que pusiera un pie en él. Era un sitio infecto, lleno de bodegones de mala muerte, de edificios enclenques, de putas y fulleros. Ahora que la ciudad del diseño lo ha engullido casi todo está lleno de bares progres y en cada esquina un paquistaní oferta cerveza en varias lenguas a un euro la lata. A su manera, el barrio se ha vuelto glamoroso, multiétnico, polifacético y muy transitado por los turistas.

Pídele a Arnau un ticket y no lo pierdas -es el saludo al transponer el umbral-, hay descuentos en los cubatas, dice Nicola, el dueño, un italiano narigón y simpático que se entrega con una sonrisa y al que le resulta imposible pronunciar las erres. La música, por ahora es salsa, o merengue o bachata, no lo sé, me pierdo con los ritmos latinos. Da igual. Saludos, amigos, sonrisas y un porro que va... ¿chocolate? (nombre vulgar del hachís) No, marihuana, me dicen. ¡Venga para acá! Tres caladas y a pasarlo que ya volverá. ¡Hola Arnau! Un abrazo. Feliz cumpleaños tío, ¿cómo estás? vamos a la barra. Vodka con naranja y un Gintonic, presentamos el ticket; plin, caja. ¡Salud!, mirándose a los ojos. ¡Llegaron las chicas! Qué guapas son. Una monada. Hola Nuria, hola Claudia, que bien estáis...¡Hola majos!, y vosotros, ¿hace mucho que llegasteis? Nada, nada, recién. Justo íbamos a la barra. Ah, y no perdáis el ticket que hay descuento en los cubatas...

Sábado 01.30 hs.

Todos los amigos han llegado y los que no, ya a esta hora se sabe, no vendrán. Un vistazo rápido y concluyo que hay unos veinte conocidos y cien clientes. Calculo que al menos una tercera parte son ‘guiris’, es decir centroeuropeos, sobre todo alemanes, ingleses y franceses que-vienen-a-España-a-hacer-lo-que-en-sus-países-no-pueden: gritar en la calle borrachos, orinar en los portales, liarse a golpes con el primero que pase, fumar marihuana en la vía pública sin que nadie les diga nada y un largo etcétera. Otros vienen a disfrutar buenamente de la fiesta en España, diría que éstos son la mayoría, aunque los primeros, naturalmente, se hacen notar más. Todo tiene su explicación si se piensa que por trescientos euros los ingleses consiguen paquetes turísticos que incluyen vuelo, alojamiento y bebida libre en diversos hoteles de la costa catalana o valenciana. Otro 30% de los asistentes son españoles; lógicamente muchos catalanes, algunos vascos, gallegos; pocos, poquísimos madrileños. El resto son probablemente en su mayoría sudamericanos, el colectivo que mejor se integra. ¡Viva la fiesta!, ya llegó el Dj, que ahora pincha electrónica y los cubatas hace rato que van sabiendo a poco.

Sábado. 02.00 hs. La música está que pela.

El ambiente se corta con un cuchillo. A pesar de la ley que prohíbe fumar en los bares de menos de cien metros cuadrados la gente hecha humo por todo los orificios respiratorios. El humo es de todo lo que sea susceptible de ser pitado: tabaco, marihuana y hachís e incluso, se huele el rancio de un nevado, porro de marihuana o tabaco empanado en cocaína. Cuando se pica la coca para esnifarla, siempre quedan restos y el modo de rescatarla es humedeciendo ligeramente con saliva un cigarrillo y rodarlo para que se pegue a él. Es entendible porque se paga a razón de cincuenta o sesenta euros el gramo, y eso es dinero.

Por ahí, de vez en cuando, hay alguno que no bebe. Este suele ser el que conduce; fuma también poca marihuana y aunque no es taxativo, esta es una regla que generalmente se cumple. En este sentido la libertad es absoluta y si alguien dice que no a algo, simplemente no se insiste. ‘Total, si quiere, ya te pedirá’, se razona habitualmente, aunque otros con malicia piensan: ‘mejor, más para mí’.

A estas alturas, la cerveza y los cubatas se hacen sentir. Hora de ir al baño. Cola kilométrica. Me paro en puntillas y como la puerta no es ni tan alta ni tan larga veo en un retrete dos cabecitas demasiado juntas que asoman por arriba y cuatro piecitos por abajo. Ya no miro más. Los que hacemos cola nos sonreímos. Ya casi nos toca...El rubio que va delante mete los dedos como garfios en el bolsillito monedero del jean y saca un atadito de plástico que se guarda en un puño. Su turno. Se mete; después de un momento abre la puerta. ¡Por fin! -me digo- pero pronto se me esfuma el alivio. Sólo asoma el mechón rubio y los ojos irritados. Me pide un billete, no hace falta que me explique que es para hacer un rulo. Ahí van 20 euros...se lo extiendo con la punta de los dedos y me devuelve una sonrisita con disimulo. Ahora sí, sale limpiándose la nariz con el pulgar y con la otra mano me devuelve el dinero que ni por asomo se quiere planchar para meterse de nuevo a la billetera. Al final lo guardo. El rubio se va dando botes. Yo encaro urgido el baño.

Sábado 03.00 Nos vamos de rave.

A las tres de la mañana, cuando en Barcelona cierran por ley todos los bares, empieza un movimiento migratorio gigantesco. Decenas de miles personas se mueven en manada para reinstalarse en las discotecas. La ciudad tiene múltiples zonas de ocio; pero los afectos a la electrónica marchan entonces, por ejemplo, a La sala Apolo, un clásico de toda vida. Tecno a toda mecha con los mejores Dj’s de Europa en programa. Razzmataz, es otro gigante que congrega multitudes en el Poble Nou, ex barrio fabril donde muchas naves industriales se han reconvertido en clubes de house, acid, minimal... Quedan otros en las entrañas de la ciudad vieja como La Paloma, un teatro que conserva su decorado original de terciopelos y una araña dorada gigantesca que pende en el centro, ahora con decenas de luces rojas en lugar de los velones originales. En la sala Fellini, club monumental que engulle por cientos a los jóvenes que pasan por su acera, la cola puede alcanzar a esa hora hasta casi cien metros. Hay otros clubes pequeñitos, como el Moog, todo un referente, más intimista pero igualmente eléctrico.

Esta es la hora en que el bar Acrópolis empieza a apagarse, baja su persiana metálica y agachado hay que ir desfilando para la calle, donde a su vez los seguratas piden exigentemente que circules para no entorpecer el descanso de los vecinos. No es extraño que algún desvelado eche por la ventana un cubo de agua, bienvenido en verano, pero que en invierno te arruina la noche.

Es cuando nuestro amigo Arnau, ‘animado’, invita a ir a una fiesta rave en la montaña. Estas fiestas, que tienen visos de ilegalidad, se organizan en forma velada y para dar con ellas te tienen que pasar el dato. ¡Hecho!, todos de acuerdo, Noelia esta sobria y sabe donde es la fiesta a unos 60 km. de la ciudad. ¡Allá vamos!

Arnau, el agasajado, tiene 32 años. Es muy buen chaval, trabaja y se queda todo lo que gana y como muchos de su edad en España no ha pensado ni remotamente en conocer a una ‘buena chica’ y casarse. Más bien todo lo contrario. Lo suyo no es la monogamia, no al menos hasta que se considere mayor. ¡A vivir que son dos días! Se cree demasiado joven para echarse carga a los hombros y además apenas conoce algunos países de Europa y uno que otro de África y Asia. Como habitualmente se dice, no ha pensado en retirarse. Está en activo... No pasa semana sin que salga de marcha viernes, sábado, y a veces también los jueves. Conoce todos los rincones de la ciudad. Le encanta el tecno y el chill out. Además, según coinciden todos en la barra (aquí, pandilla) tiene ‘buenos contactos’, es decir un camello (dealer) que le pasa drogas surtidas, poco cortadas y a buen precio.

La furgoneta es una Voslkwagen, muy hippie, pintada de bordó y aunque viejita, equipada con todas las comodidades. Contamos seis personas. Una más que las butacas disponibles, pero totalmente disimulable. En la ruta hay que ir con precaución, allí es donde podemos toparnos con los controles habituales de los Mossos d’Escuadra, la policía autonómica de Cataluña, que tiene fama de estricta.

Viene Patrick, un holandés de ojos esmeralda que habla un castellano enrevesado; simpático, te palmea entre frase y frase y uno intuye que te tiene aprecio o que te ha hecho un chiste y ni te has enterado. Se vino a vivir a Barcelona por el clima, por el mar y por la fiesta, como todos. Patrick está contento con su vida en Barcelona, más que eso, diría que está ‘encantado de haberse conocido’. ¡Anda Patrik, dróganos! Grita con un mohín Nuria sentada a mi lado en la parte de atrás, en un reclamo que tiene más de cierto que de sorna y el holandés no se hace rogar. Johanna, otra de la compis de juerga le pasa la caja de un Cd y empieza a cortar speed con la tarjeta de crédito. ¿Queréis todos? pregunta, y sin esperar respuesta dibuja con el plástico seis rayas blancas. El speed es un estimulante que con mayor duración que la cocaína contribuye a mantener el estado de alerta, un suplemento casi indispensable si se quiere continuar con la maratónica noche de marcha. ¡Un billete para el rulo! demanda ahora Nuria y yo voy por los mismos veinte euros de antes. Me pasan la caja, me pongo el rulo en la nariz, me tapo una fosa nasal y esnifo una raya que me entra como un clavo caliente entre los ojos. Siento literalmente el metal calándome y un amargor profundo que me inunda la garganta. Se me llenan los ojos de lágrimas, ensayo una especie de queja pero nadie me escucha, Noe ya echó el Cd de los Chemical Brothers mientras la furgo rueda hacia la fiesta.

04.10. ¡Llegamos!

Cuarenta y cinco minutos de marcha, con las cortinillas corridas y apenas dos paradas para evacuar la vejiga son suficientes para plantarnos en los alrededores de Vilafranca del Penedés, donde dejamos la autopista, nos santiguamos por no habernos topado con los Mossos y nos metemos en un camino de tierra estrecho y bacheado. Un par de kilómetros más dando brincos como si estuviéramos en una coctelera y dos requerimientos sucesivos a otros ravers nos llevan a una explanada en medio de la sierra. Cuando estacionamos no se oyen más que algunas pocas voces, alguna carcajada y la música proveniente de otros coches. A pesar de que la noche es abierta la oscuridad es tan profunda que todos sacamos nuestros celulares para alumbrarnos. ¿Dónde está la fiesta?

Un par de indicaciones más y empezamos a pie una senda angosta con los teléfonos como antorchas. Bromeamos. Decimos que vamos a perdernos. No se oyen más que nuestras voces. Cómo va a haber una fiesta aquí si no se escucha nada, nos decimos; pero Noelia es una guía tenaz. Caminamos, no sé cuánto...al menos un kilómetro en la oscuridad, con los yuyos lamiéndonos las pantorrillas, pisando pedruscos que amenazan todo el tiempo con vencernos los tobillos y aguzando la vista como lechuzas. Por fin, después de unos veinte minutos de marcha empezamos a encontrar más gente en el camino, algunos que ya vuelven. ¡Joder son las 5!, dicen por ahí. Ahora sí empezamos a sentir el rataplán; un último tirón y desembocamos en un llano inmenso con un furioso trajín de gente. Cuatro tirantes plantados en el suelo sostienen una media sombra y varias luces de colores conforman una disco al aire libre. El Dj con el torso desnudo desde una tarima anima al público a bailar, alternativamente, sus dedos que parecen herramientas de precisión asiendo los diminutos potenciómetros de la consola, añaden algún matiz grave o agudo llevando a la gente hasta el paroxismo. De repente, sin mediar nada que pudiera presagiarlo, quita el disco que esta sonando y se lo mete debajo de la axila.

La energía que del ambiente se apaga como una lámpara, los pies se pegan al piso como abulonados por su propio peso, todas las cabezas miran en dirección a la tarima e inmediatamente comienza un chiflido vivo de reclamo. Él mira sonriente a la gente, levanta un puño, señala a todos con la barbilla y haciendo una reverencia vuelve a poner el disco en el plato: ¡pum!, a tope vuelven a vomitar redobles los altavoces y delante de mí empieza otra vez el desfile del inmenso circo noctámbulo. Hay chicas con ropitas diminutas que llevan coloreado el cuerpo y la cara con pinturas fluorescente; van de verde, de rojo, de azul, se ven como espectros deambulando mezclándose con los muchachos que llevan en su mayoría el torso desnudo y pantalones cortos. El sitio está bien montado. No se puede calcular la cantidad de gente, pero es mucha. Repartidas aleatoriamente sobre las rocas hay velas que resplandecen y chorrean hilos de cera blancos como viborillas. Desde una barra despachan bebidas a diestra y siniestra. Tragos y botellines de agua a partes iguales y donde hay agua, hay éxtasis...

Sábado 05.00 hs. María Del MAr (MDMA)

Arnau y Nuria lo tienen claro y se ponen en marcha para conseguir un camello. Buscan éxtasis. Dos o tres indagaciones y tenemos delante nuestro a un muchacho que nos extiende la palma de la mano y en ella cinco o seis atillos de nylon cerrados prolijamente. Sólo compramos un gramo. Suficiente para que cuatro o cinco pillen un viaje potente. Pagamos allí cincuenta euros. No está mal, cuando lo habitual es conseguirlo por diez euros menos en la calle.

Aquí me detengo un momento. El éxtasis está de moda. Ahora se consigue en cristales, se trata de un polvo blanco generalmente, aunque también lo hay negruzco o rojo y es más grueso que la cocaína. Se trata de una droga de origen sintético con propiedades estimulantes y neurotóxicas. Es la preferida para el uso lúdico actualmente porque provoca apertura emocional, seguridad e identificación afectiva con los demás. Estas propiedades estarían dadas por un incremento en los niveles de la serotonina, un neurotransmisor que sirve para las sinapsis neuronales. En 1912 los laboratorios Merck, en Darmstadt, lo sintetizaron accidentalmente. La primera comunicación científica sobre efectos fisiológicos en seres humanos es de 1976 y se debe al farmacólogo Alexander Shulgin, que en sus propias palabras afirmaba que: "Rescaté esta sustancia por sugerencia de un amigo. La probé y escribí mucho sobre ella en las revistas médicas. Descubrí que tenía notables beneficios terapéuticos. En su momento representó la aparición de una nueva familia de agentes que permiten al individuo expresar y experimentar contenidos afectivos reprimidos por las barreras culturales." En 1985, el gobierno estadounidense declaró esta sustancia ilegal y el consumo de MDMA se disparó a partir de los noventa entre los concurrentes a las discotecas. En los EE.UU. los clubes nocturnos de California eran reconocidas por su consumo y en Europa, Londres, Ámsterdam y en el verano Ibiza se convirtieron en las sedes ideales para ésta droga. Hoy acusan su presencia desde Marruecos a Malasia, y no es difícil encontrar raves en sitios paradisíacos del índico; siendo muy famosas también las fiestas de las playas de Goa, en la India. Si quieren saber a qué puede deberse la presencia de ovnis en el Uritorco, ya tienen una pista por donde empezar a indagar. Como se dice habitualmente, la globalización es un proceso irreversible que llega a todas partes... El modo más común de ingerir éxtasis era hasta no hace mucho por vía oral en forma de pastillas. Pero, hoy se llevan los cristales, que se disuelven en jugos o bebidas alcohólicas. También se puede esnifar, en cuyo caso produce un efecto más inmediato aunque su duración se reduce y puede producir pequeñas hemorragias nasales si no está bien pulverizado. Los efectos comienzan a notarse entre los 20 y los 60 minutos posteriores a la ingestión. No hay indicios de que el MDMA provoque adicción; sin embargo se puede llegar a adquirir dependencia psicológica.

Se podría decir casi literalmente que la ingesta de MDMA quita una a una todas las pieles de cebolla que conforman la estructura cultural. No dejas de lado tus valores primordiales. Me atrevería a decir que es una droga consciente. Desde tu sensibilidad entrás en un proceso de interacción con el mundo que te lleva a empatizar con los demás. Te sientes seguro para invadir emocionalmente al otro y establecer un contacto físico que va de las caricias a los besos experimentando una felicidad profunda por compartir la experiencia.

En este estado, y ya vuelvo al relato, la música electrónica, de por sí hipnótica, te envuelve y te lleva consigo como si fuera parte de tu naturaleza interior y el cuerpo adquiere tanta vitalidad que sientes que quieres que esta sensación dure para siempre.

Ahora, por la iridiasis, dilatación de las pupilas provocada por el MDMA, se me hace dificultoso fijar la vista, en cambio es como si nunca hubiera tenido tacto en la vida y viniera a descubrir lo que se puede sentir acariciando a otra persona. Me miro las manos y me las restriego del gusto que da. Nuria como chanza me pasa la mano por la cara una y otra vez y a mi eso me encanta, y me abraza muy fuerte mientras bailamos. Un calor profundo me cala y me seca la boca. Enseguida vamos a buscar agua porque el cuerpo afiebrado lo exige. Casi sin querer empezamos a darnos cuenta de que ya se recorta sobre el perfil de los árboles la claridad la mañana. Falta muy poco para que salga el sol, aunque hace ya rato que hemos perdido la noción del tiempo. Miro nuestros pies y veo el polvo blanco e impalpable que se levanta cuando pisamos. Me veo los pantalones sucios hasta las rodillas y a los chicos de la pandilla despeinados y con los rostros desencajados y la mandíbula tensa.

Algunos de los asistentes a la rave se van retirando lentamente heridos por la luz de la mañana y vencidos por el cansancio, otros en cambio parecen no tener fin. No son precisamente pocos los que eligen quedarse a pesar de que a las nueve en la barra anuncian que no hay más bebidas. En medio de esto, que nos parece una desgracia y mientras nos preocupamos por nuestras lenguas secas como un paño abandonado al sol, llega la Guardia Civil, equivalente peninsular de la Policía Federal. Nadie se inmuta. Al contrario. Nosotros observamos desde lejos. Sólo han parado la música y por lo que nos enteramos han puesto un plazo perentorio de una hora para que todo el mundo deje el sitio. Son más de las diez de la mañana. -Vamos al río-, dice alguien y no estoy en condiciones de objetar nada. Sólo quiero quitarme del sol que me rasga las pupilas como un puñal y la idea de dormitar a la sobra resulta tentadora...

10.00 La resaca.

A esta hora ya tengo ganas de volver a casa. Me siento agotado. La bajada del MDMA no ha sido demasiado dura, más bien ha sido progresiva y nos hemos quedado con Nuria charlando a la sombra, lado a lado, mirando como la gente se va retirando poco a poco, pero estamos absolutamente agotados. Decidimos que para nosotros es suficiente, que no vamos a ir al río, que más nos tienta la tranquilidad de nuestras casas.

Se acabó por hoy el día de marcha. Cuando los chicos bajen al pueblo nos quedaremos en la estación de buses. Experimento una mezcla extraña de agotamiento y algo de desazón. Me digo que me conviene relajarme, pienso que tengo todo el domingo para recuperarme, mientras me digo que una noche de marcha en España, para muchos, es más que esto, porque se prolonga lo que uno pueda o tenga el valor de seguir, porque ya lo he dicho...si se quiere continuar basta otra raya...

(imagen de aransite.com.ar)

10/10/06


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Carolina

Una pastilla y dormimos, otra y dejamos de estar deprimidos, otra y la saciedad de hambre sueño, ganas de fumar, comer etc. desaparece. Otra más y el deseo sexual se apodera de nosotros y las ganas de tocarnos reaparecen y estamos extasiados, nos dan ganas de hacernos el amor los unos a los otros. Una raya y seguimos, un pucho y me concentro. Que nos den todo lo que nuestra impotencia nos impide hacer. Somos impotentes. No podemos. Ejército químicamente controlado. El sueño de la felicidad al límite, el sueño de los laboratorios. Es medio marxista el planteo, pero creo que es así.



francisco

quien daría estar allá para ver de qué se trata pero por lo que nos pintaste te cuento que necesitaríamos cargamento de analgésicos, ácidos acetilsalicílico, sertales, en fin; para contrarrestar semejante reviente. pero como bien decís vos marín: la noche se prolonga lo que uno pueda o tenga el valor de seguir... aunque estoy un poco lejos y con poco mango encima, disfruté igual tu paseo, ¿che no andarán necesitando chofer para esa volkswagen? de eso, algo conozco...



Luis

Cuando tu vida se condiciona por sustancias extras para poder disfrutar es que la falta de creatividad se apodero de tu cuerpo. La necesidad de recurrir a extras muestra la debilidad del ser humano de ser feliz o muestra lo infeliz que es actualmente. Y no digo esto porque no me guste salir de caravana, vivi la noche y si bien no use jamás drogas si el alcohol siempre estuvo presente; pero los mejores momentos de mi vida y los que siempre disfrute a pleno fue cuando mi cuerpo no estuvo intoxicado por nada. En conclusión el exceso de cualquier elemento es el mayor signo de debilidad del ser humano.



el hermano de Mario

Creo que cada uno elige como divertirse en verdad. No estoy de acuerdo con que el ser humano que recurre a cosas extras, sea por carecer de creatividad. En más creo que fue una noche creativa y que el complemento sólo fue eso...un complemento. De todos modos Jorge...veo que seguís siendo el mismo...como te gusta la joda chabal !!!!



Irene

Nos vamos de viaje y en el camino consumimos marihuana, hachís, éxtasis en su nueva presentación y por supuesto una líneas de cocaína, realmente una propuesta transgresora, limítrofe, que abre los sentidos para disfrutar de una noche distorsionada.Como dice el periodista ciudadano es un periplo en clave real y exento de toda moralina.Parece una noche para desafiar. En el fondo existe un vacío difícil de llenar y por eso recurrimos a todo lo que ayude a sentirnos en el límite, porque estamos mortalmente aburridos con lo real.- Logramos apertura emocional, seguridad, e indentificación afectiva, quedamos exhaustos pero listos para disfrutar en medio de la montaña de otra fiesta rave. ¿Es en España únicamente? En nuestra ciudad de Córdoba, tal vez las drogas ilegales no sean de la misma calidad y terminemos consumiendo Paco, porros y MDMA con la presentación tradicional en pastillas; podemos agregar una bebida energizante con vodka.Llegar a la misma fiesta rave en la comuna de San Roque o sea estamos en la misma euros más , euros menos. Tal vez tendríamos que plantearnos cual es el motivo por el que consumimos, que nos lleva a constituirnos en border, a ponernos en esa situación limítrofe que tan bien pinta Munch con la mujer tendida en una cama luego de haber consumido pastillas y alcohol, que sin embargo tiene su pierna flexionada donde se aprisiona la vida, y está en ese momento límite de indiferencia hacia la vida y la muerte, pues ya nada importa en este cuadro de cuasi-depresión.- Tal vez tengamos que bucear nuestro interior y ver que necesitamos para lograr el equilibrio emocional,entablar una relación afectiva verdadera madura, abrazar una actividad que nos proporcione tanta pasión que nos lleve a un éxtasis verdadero.Por un momento bajemos tanta ansiedad y aprendamos a concentranos en la unicidad. Miremos y hagamos una cosa por vez y la disfrutemos hasta lo más profundo. Escucho la quinta sinfonía de Beethoven y trato de descubrir tan solo un instrumento y me relajo. Miro al hombre que amo y se produce la alquimia y llego al éxtasis del amor verdadero y total. Observo a mis hijos felices y mi corazón estalla de alegría. Trabajo para una causa noble y justa y logro un poco de equidad en la distribución de la riqueza. Siento mi cuerpo y adoro la perfección de su funcionamiento, la salud que me brinda. Todos mis sentidos están puestos aquí y ahora. Entonces acabo de lograr el efecto de todas las drogas juntas.-



Daniela

Quizá a muchos de nosotros, nos cueste interpretar fehacientemente qué puede llevar a alguien al consumo social, como lo dijo por ahi Jorge... nuestra cultura nos impide despegarnos de la moralina, del qué dirán, de muchas "mochilas psicológicas" difíciles de dejar de lado para poder comprender u opinar... Por otro lado ha de ser en parte como dijo Luis en su comentario, aunq no coincido plenamente con su postura, que podemos llegar a usar este tipo de "extras" para cubrir falencias, en cuanto a la capacidad de demostrar sentimientos y tantas otras situaciones emocionales... pero creo que el artículo, nos hizo sentir parte de esa pandilla, acelera a fondo, y que en buena hora, muchas veces supo poner el freno... a quien de nosotros, los de esta parte de América, no nos gustaría ignorar las marcas que traemos en el orillo de nuestra cultura...??? Ahora, Jorge... espero ansiosa el detalle del día después, el de la vuelta... porque toda moneda tiene dos caras... y es bueno poder y saber distinguirlas para identificar el límite que no queremos pasar... Te mando un beso enorme! Muchas gracias por tus notas



nereo

¡Qué morro!, como veis en el relato de sexo nada, no me extraña con tanto bailoteo, drogas, etc... lo que menos hay en la noche es sexo. Sobre todo para los que siguen toda la rueda nocturna descrita. Eso sí, la mayoría de los tíos se masturbarán compulsivamente cuando lleguen a casa y algunas mujeres tendrán una mierda de polvo rápido con algún desesperado. Patético, borrachos y muy drogados.




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