"Carlos Fuentealba en Neuquén no es sólo un testimonio vibrante de la brutalidad de las negaciones que mutilan la esperanza, sino de esa vocación de otro mundo mejor que no se resigna ante el desborde irracional del poder", señala el periodista ciudadano que sostiene que hay que aalir de esta noción de fin de la historia. "No le hacemos lugar a los intentos de abolir la esperanza por decreto".
Este va a ser un año electoral y eso nos exige a todos estar muy atentos. Deberíamos estarlo siempre, pero es en esta época donde la oferta de espejitos de colores de la clase política, se instala con más fuerza. Si queremos una democracia genuina, con contenido y sin restricciones, es hora de revalorizar el poder del voto, para hacer de este que parece un simple acto, un verdadero ejercicio democrático: de aprobación o descontento. E incluso, trascender este acto con más participación y compromiso cívico. Aunque el tiempo de votar, como dice Saramago, sea malo. De todo esto habla este artículo.
Aceptar que el Gobierno actúa mal, tanto el nacional, el provincial, como el municipal; es un derecho civil que cada ciudadano debe tener. Dejando de lado cualquier ideología política que cada uno pueda llegar a tener. Es necesario tener en cuenta de que tenemos derechos, y sobre todas las cosas, de que tenemos consciencia.
No son tiempos de gloria para el fútbol de Córdoba que alguna vez fue cuna de grandes figuras, reflexiona el periodista ciudadano desde España. Belgrano tratando de sostenerse en primera, Talleres sumergido en una crisis institucional y futbolística e Instituto peleando en la segunda categoría.
Algo anda muy mal en un país que mata a sus maestros. Quienes orquestaron la represión a los docentes neuquinos que terminó con la muerte de Carlos, no son humanos, son sólo «perros» con instintos de complacer sus engrosadas barrigas.
"Al menos, continuamos en un sistema democrático. Perfectible, pero democracia al fin", reflexiona el periodista ciudadano. En un año electoral se vislumbran pocos cambios estructurales y abundan los homenajes, las paritarias, los anuncios... Pero todo sigue igual en el rubro dignidad. "Basta mirar el rostro de los trabajadores: rictus de impotencia, muecas de bondad, huidas hacia la nada, refugio en la falta de compromiso, solidaridad para que no me jodan..." La dignidad marcha a una distancia sideral de la realidad, de la mano del empleo en negro, de la poca educación y de un sistema precario de salud.
Parece que la gente se asusta si un "lindo" se enamora de otra persona sin tantos atributros de eso que hemos establecido como belleza. La solidaridad parece más solidaria si alguien que cumple con estándares de hermosura la pregona. El amor se confunde con la atracción y dar una imagen atractiva está vinculado a juntar votos.
Nuestra periodista ciudadana recuerda a Rodolfo Walsh, a treinta años de su muerte y desaparición cumplidos el 30 de marzo pasado. Afirma que la mejor manera de traerlo al presente es recogiendo su legado de "entrega a la profesión y compromiso social y político". "Esperemos que los futuros periodistas podamos llevarlo adelante", desea.
Para el periodista ciudadano, el mundo carece de líderes capaces de llevar adelante una gestión de Estado democrática, con la verdad como eje. "Hablar sobre izquierda y derecha es una falacia, la forma de calificar a un político es la limpieza o suciedad de su conciencia".
El más crudo pragmatismo aún se impone en las esferas del poder, en las aulas y en una clase dirigente autista. La prensa descree de la historia. No hay posibilidad de hilvanar los hechos sociales. La política, concebida como astucia junta-votos, es el reino de la táctica. Ya no se habla de nación. "Si algunas propuestas de los 70 están caducas, no debe ocurrir igual con el espíritu que las animó", dice el periodista ciudadano, que invita a debatir la construcción de un nuevo poder y no teme que lo tilden de ingenuo o "setentista".
De la exposición de Sergio Berensztein

Escuchábamos decir el otro día a un periodista, a propósito del incidente que mantuvo el hijo del intendente Daniel Giacomino con inspectores municipales que le terminaron secuestrando el auto por no pasar el test de alcoholemia, que el muchacho no debía comportarse como se comportó, que "debía ser modelo para otros". Quizá lo que éste periodista quiso decir es que siendo un joven con portación de apellido, al menos debería tener más cuidado en la forma de comportarse en público. Actuar con respeto y moderación. Con eso basta. Usar la palabra modelo, para un adolescente de este siglo, es algo menos que tramposo. Los chicos no quieren ser modelos de nada, sino todo lo contrario. Se afanan por ser políticamente incorrectos. Sí debe serlo el padre de Maximiliano Giacomino, que está ejerciendo un cargo público y se debe a quienes lo votaron y confiaron en su capacidad para cambiar las cosas. Justamente, la falta de políticos que sirvan de arquetipos o puntos de referencia para ser imitados, es lo que no abunda. Por eso el sanfrancisqueño no debería dejar pasar esta oportunidad que el pueblo de la ciudad de Córdoba, le brinda.