
Diego Martín Romero.
Los pueblos tienen el Gobierno que se merecen. Esta frase, definitivamente cae poco simpática a los oídos de cualquiera. Para unos, puede ser una sentencia demasiado apresurada y simplista, para otros no deja de ser una verdad contundente a la hora de los balances. No obstante, cada miembro necesario de un Estado (ciudadano, instituciones, oposición y oficialismo) es responsable y artífice de la máxima acuñada.
Veamos un ejemplo: Tenemos, por un lado, una sociedad con una marcada falta de representatividad de aquellos que eligió en las urnas, una sociedad con una relajada instrucción cívica, con pocos o nulos valores políticos y una pobre participación como protagonista de su suerte.
Por otro, una ciudadanía comprometida con su historia, que se sabe titular de derechos indiscutidos y consecuente con sus obligaciones, una sociedad que ve y reconoce que al Estado, sea municipal, provincial o el propiamente dicho, lo conforma cada habitante de su suelo. Que sabe que el rol del ciudadano es fundamental para su evolución y que quien gobierna es sólo un administrador elegido por nosotros a través del cuarto oscuro.
Si a estas dos hipótesis de ciudadanía le aplicamos aquella frase, obtendremos la lógica conclusión.
Así es, sepamos que somos los verdaderos dueños de la cosa pública o res publicae (república) como llamaban los antiguos griegos a su organización como Estado.
La educación y la instrucción cívica son esenciales para el crecimiento de un pueblo; para su madurez. Aprender de nuestros errores es lo que nos hace perfectibles, aprendamos entonces que una cultura cívica, democrática e institucional es posible con el aporte de cada uno, pero muy especialmente, con el de aquellos que hoy les toca representarnos desde cualquier función de gestión y partido político.
Justamente por ello, porque una vez concientes del poder que tenemos a través del cuarto oscuro, sabremos que desde nuestro espacio se puede hacer mucho y tendremos la certeza que se puede lograr aún más si buscamos la participación en conjunto, sea a través de organizaciones no gubernamentales, centros vecinales, partidos políticos, etc., como vehículos necesarios para crecer como ciudadanos, como sociedad y como Nación. A partir de entonces lograremos transformar, desde adentro, lo que generalmente criticamos pero terminamos aceptando resignados, porque otros son los que deciden a nuestras espaldas.
Mucha gente desconoce los derechos ciudadanos que le asisten. Desde la Constitución Nacional hasta la Carta Orgánica Municipal hay mecanismos, vías, recursos para que nosotros, verdaderos actores y protagonistas, podamos lograr una respuesta del poder de turno a nuestras inquietudes, demandas y exigencias, pero tenemos, sobretodo, el arma con la que podemos comenzar la aventura: el voto consciente y meditado.
Imagen: burgos.cuadernosciudadanos.net
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