
Ernesto Guillermo Abril.
En tiempos de crisis, como sector eminentemente pensante de la sociedad (y no el único, por supuesto), que tiene la función de trasmitir conocimientos pero, mucho más que eso, de impulsar al pleno ejercicio de una libertad responsable, la libertad verdadera, que tiene por misión iluminar la imaginación y la creatividad, nosotros, los docentes universitarios, estamos llamados a una tarea singular.
Es preciso aportar más que nunca en estos tiempos ideas nuevas empapadas de sentido común, resultado de lo mejor de nosotros mismos, con modalidades atractivas pero a la vez coherentes con nuestra vocación.
Me lo he preguntado muchas veces y se lo he preguntado muchas más a mucha gente: ¿es lícito a nuestra conciencia hacer paro siendo educadores?
Hay quienes aspiramos a que la Universidad sea un ámbito coherente con los ideales de universalidad que le dieron origen. Quienes, empeñados en trasmitir conocimientos a nuestros alumnos y suscitar pensamientos, ideas, iniciativas y acciones saludables, positivas y cargadas de humanismo, deseamos también proveer de lo necesario para que su profesión futura esté imbuida de la ética , de los preceptos de una moral ineludible, de los sagrados (y digo sagrados) principios de nuestra naturaleza, valorada ésta desde cualquier ángulo honesto y bien intencionado a partir del cual el hombre pueda posicionarse para mirar al hombre.
Si bien se tienden a borrar en el maestro las características de infalibilidad y perfección que otros tiempos juzgaron tal vez necesarias a su imagen, nadie podría hablar con asidero de que haya en este sentido un plano de igualdad entre el alumno y el maestro, sabiendo que el joven busca entre los mayores algo más que enseñanza formal. El joven (y algunos adultos entre los que temería no incluirme) busca ávidamente ejemplos, quiere testimonios, busca pruebas de que es posible vivir los ideales.
El joven busca identificarse con sus mayores, también con su profesor, a quien reclama conocimientos, sí, pero también valores, virtudes.
Un maestro que no da muestras de sacrificio, de esfuerzo, de coherencia, de vivir según las reglas elementales del corazón, que no muestra virtudes, aún con sus limitaciones y carencias, no es completamente aceptado (en el rigor del término) por su alumnado.
Con la misma lógica que se argumenta que un policía o un médico no pueden parar, por lo que intrínsecamente significa su labor, es preciso resaltar que por más que las urgencias de la educación sean otras que las de la seguridad o la salud, son tan importantes que no puede aquella menos que ubicarse en la misma jerarquía que estas. Más aún, como la libertad no es otra cosa que la vida en plenitud, y educamos para la libertad, podemos afirmar que, por trascender, la educación se encuentra en un plano superior al de la salud y la seguridad... ¿o es ya folclore aquello de morir por un ideal?
Me pregunto si una ausencia de testimonio o, peor aún, el antitestimonio de un profesorado que piensa que la educación puede parar en aras de bienes más urgentes (¿?) no es capaz de lesionar gravemente la escala de valores de un joven ávido de pruebas de fidelidad a lo supremo, ansioso de muestras de valentía... ¿No es capaz de derribar una imagen que puede no sólo animarlos sino, hasta salvarles la vida ?
Me pregunto entonces si los docentes en pie de reclamo no somos capaces de pergeñar modos y maneras especialmente cuidadosas de respetar y que no priven de sus derechos al resto de la comunidad, de no ofender, de no agredir, de no relegar o postergar... Si estos recursos no pueden a la vez ser efectivos, capaces de doblegar a quienes sostienen las situaciones injustas que queremos revertir. Si no pueden erigirse en testimonios capaces de cautivar y de vencer con la propia hidalguía con la que salen a la calle.
¿Será capaz, uno de los más importantes sectores pensantes de la sociedad, de reclamar justicia sin generar más injusticias, más conflictos? ¿No son fundamentalmente las injusticias las que motivan la movilización del docente que busca un salario y condiciones de trabajo acordes a la significativa tarea que le toca ?
Pregunto si esos modos y maneras no estarán ya pensados y no se ejercen porque no son convenientes para tantos que viven a costa de los conflictos y de lograr su superación, en defensa de intereses sectoriales pero que no son los de la mayoría relegada.
Deberíamos los docentes pensar, proponer y ensayar nuevos caminos, revalorizar otros y, de ese modo, comprometernos personalmente en aras de, ahora sí, bienes mayores.
Es absolutamente irracional proponer parar un país ya parado o vaciar las universidades en lugar de cultivar la oportunidad de generar allí espacios de diálogo fecundo y de acuerdo, de organización libre para objetivos legítimos, de enriquecimiento mutuo, de efervescencia de los espíritus hacia fines verdaderamente superiores, inspirados en la ética y la moral ausentes, de las que fueron vaciadas las instituciones. Ambitos de resistencia pacífica pero firme, por ser justa, bien fundada, por lo tanto sólida y no negociable.
Años de injusticias institucionalizadas han llevado a la humanidad toda a reclamar por los derechos del hombre. Paradójicamente, parecería que, a la vez, se ha producido un relajamiento constante en el cumplimiento de los deberes individuales y sociales y que éste derivó en alternativas facilistas, sostenidas en la costumbre de justificar la inacción propia en la de la autoridad o en la del vecino.
Como grupo eminentemente suscitador de pensamiento, el deber propio de estado del docente, del profesor universitario en este caso es, más aún que el de instruir, capacitar y entrenar, el de educar.
Educar también en la Universidad, porque se debe tener conciencia de las falencias de la escuela.
Es imprescindible y urgente completar las carencias de la educación que se imparte en los otros niveles, donde los maestros han estado y están muchas veces obligados a contener, más que a formar.
Nuestros alumnos nos miran con impaciencia. Hasta diría que la sociedad toda está expectante.
Nos están esperando. Muchos no saben quizás de los ideales que defendieron los que ya no están.
No saben que no hace mucho algunos debieron callarse su opinión porque compartieron su tiempo con los que tuvieron el extraño privilegio de sufrir tormento, muerte o desaparición... simplemente por pensar diferente (mal o bien, entiéndase) y porque lo sostuvieron hasta no poder ya más.
Nosotros hemos sobrevivido a la barbarie: por suerte, por falta de compromiso, tal vez hasta por cobardía.
¿Es que los hemos olvidado? ¿Es que los hemos dejado solos en un pasado cuya crueldad está siquiera apenas esbozada en los libros?
Nosotros, sabiendo de su sufrimiento y de su muerte, nosotros sí que no tenemos excusas. Tenemos hoy responsabilidades ineludibles y un papel indelegable en la Universidad y en la sociedad de hoy.
¿Qué le vamos a dejar a nuestros jóvenes estudiantes? ¿Un mensaje de resignación y silencio, o una invitación a la construcción de una sociedad nueva donde cada valor ocupe su lugar y cada lugar esté honrado por alguien que merezca ocuparlo?
Nuestra conciencia solía ser dura para juzgar al prójimo, hoy nos toca ejercitarla en examinar nuestra conducta.
* El autor es miembro del CONICET-Universidad Nacional de Córdoba.
11/09/07
Recomendar esta notaEl comentario del autor, es excelente y nace de un docente con vocación plena y sinceridad en la buena ética y moral. Es comprensible. Posiblemente, con su afán de plena entrega al claustro universitario, el "arbolito le tapa el bosque" de otras cuestiones que hacen al funcionamiento paralelo en el clautro universitario nacional (no solo de Córdoba), en virtud que es "un docente pleno". Le pregunto al Profesor Abril: ¿conoce usted que numerosos docentes y algunos con dedicación exclusiva perciben honorarios o retribución adicional de cuantìa e importancia por trabajos a terceros al claustro universitario?. El art. 52 del Estatuto del Docente de la U.N.C. expresamente prohibe que los docentes con dedicación exclusiva perciban algún tipo de retribución o sea realizar tareas profesionales extra-universitarias. Deben dedicarse a su "cátedra y alumnos" a full-time. Pero resulta, que desde principios de la década mafiosa (1990) varias unidades académicas, entre ellas Ciencias Económicas, han realizado y continúan efectuado trabajos profesionles-técnicos a empresas, reparticiones gubernamentales, etc., y los honorarios (por contrato) convenidos engrosan los bolsillos de los docentes que participan en dichas tareas, con la simpleza en emitir facturas ajustadas a las normas fiscales (como monotributistas, etc.). Reitero, estos ingresos "adicionales" engrosan el bolsillo derecho de "docente", en forma independiente, no ingresando al presupuesto universitario (en perjucio de la obra social del docente, del sistema previsional nacional, etc.). Esta actividad está plenamente probada en la causa que he promovido (hoy soy ex docente por esta actitud) por ante la Justicia Federal y el Juez interviniente, le indicó a las autoridades universitarias que impulsen los "juicios académicos de rigor" a los involucrados. Nada sucedió y menos va a suceder. Los distintos rectores (desde el año 1996 en adelante) han mirado para otro lado y esta acutal conducción, nada hará (espero equivocarme). Esta operatoria ilegal y arbitraria, forma parte de la "moderna barbarie" de algunos "éticos" docentes universitarios (no todos, pero cómplices con el silencio en "dejar hacer, dejar pasar"). Por lo tanto, si los restantes "docentes y no docentes" se involucran en este actividad irregular, "blanqueando" estos ingresos a favor del presupuesto universitario, los paros no existirían y la escala de valores de los jòvenes universitarios que acceden a la función pública, respetarán las partidas presupuestarias del pueblo (la universidad debe formar, no competir en las incumbencias profesionales, ofreciendo o recibiendo trabajos con menores costos que abona el contribuyente. O sea, luz, teléfono, personal, libros, etc., son del claustro, del pueblo). Para terminar, pongo a disposiciòn de éste docente y los restantes, de todos los antecedentes administrativos y legales del asunto. Gracias y saludos a todos por igual.
Tiene razón el profesor Cmet. Y no sólo en Ciencias Económicas. Conozco que hay empresas que encargan determinados servicios a dependencias especializadas de nuestra Universidad, como la que está frente a la Plaza de las Américas, pagan una bicoca por ellos y luego lo transforman en cientos de miles de dólares. Claro, esto nos llevaría a hablar de muchas cosas que se silencian. Un profesor de la Católica que viene desde hace años concentrando múltiples cargos simultáneos, pese a que escribe de manera ininteligible (su doctorado no se nota). Otros de la Nacional que pese a su dedicación, se desempeñan simultáneamente como magistrados y andan todo el día a las corridas, "tapando huecos". O los de la Blas Pascal o la Siglo XXI, que usan las cátedras de la Universidad Nacional para tener cartel, pero luego van a esas "escuelitas" para cobrar sus suculentos sueldos. Pero también algo a favor de los docentes, en este día: Rindo homenaje a los de la Católica, en otro tiempo "escuelita" pero hoy ya Universidad, que cobran sueldos miserables mientras sus alumnos van a clase con aire acondicionado. Son también docentes que se ven obligados a sacar su mendrugo de la Nacional.
Parece que la Adiuc no obserbva estas razones. la UNC está de paro.
Le contesto a Caro: en varias oportunidades he intentado intercambiar opiniones con el titular de la ADIUC y hasta acompañé a su sede gremial, los antecedentes del asunto que he apuntado. Estimo que no le interesa nada de esto al gremio, o posiblemente es un "canje" de favores (espero que no sea así). Recordemos que los docentes, renuevan sus cargos, concursando......y bueno, es entendible la situación, pobrecitos....es su fuente de trabajo. Saludos.-
Opino en contra del paro docente debido a que ellos estan reclamando un aumento salarial cuando existen salarios màs bajos de los que realmente el gobierno de la ciudad debe preocuparse en aumentar, como por ejemplo,la salud. Me parese que se perjudican los alumnos y que no tienen nada que ver con esto. Es como si pagasen los "platos rotos" de algo que no les pertenece.
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