
María Sol Aguirre
“Sin conciencia de la opresión no hay realidad opresiva.
La conciencia es tal cuando asume la historicidad de su opresión y por ende,
su necesidad y posibilidad de transformación”.
José Pablo Feinmann
Algunos de los malditos huevos de la serpiente dictatorial. La última dictadura militar, que duró desde 1976 hasta 1983, fue la serpiente que más veneno desparramó por el suelo argentino. Los dictadores Videla, Viola, Galtieri y Bignone fueron parte de la cabeza de esta animalada humana que arrastró a nuestro país hasta sus más indignas condiciones.
Los objetivos de los militares dejaron sus marcas en nuestra historia democrática: reorganizar la Argentina conforme a la doctrina neoliberal, reprimir y aniquilar sujetos sociales y políticos con conciencia crítica e instalar la cultura del miedo.
El imaginario cultural que se sostuvo durante esos años (y que lamentablemente tiene repercusión hasta nuestros días) quedó hecha símbolo en la revista Gente de 1975: se representaba al cuerpo joven y robusto de la patria “violada” por la infiltración subversiva. Los supuestos que esta imagen implicaba y el apoyo o la indiferencia social dieron lugar a que el terrorismo de estado destruya la subjetividad cultural, dejando individuos resignados, despolitizados.
30.000 desaparecidos forman parte de la indeseable herencia de una dictadura sangrienta que con métodos inhumanos torturó “hasta a los tímidos”*.
Está lejos del alcance de estas líneas analizar cada uno de los efectos que hoy hacen de la pasividad un mandato social con pocas excepciones. Pero, a pesar de ello, le pido a Ud., lector/a que lea y luego relea con detenimiento el párrafo siguiente.
En el libro “Culturicidio”, F. Romero enumera varias consecuencias de las atrocidades dictatoriales que hoy se manifiestan de diferentes maneras: “pensamiento acrítico, ahistórico, meramente reproductor-memorístico del discurso neoliberal, culto al individualismo más egoísta, prédica fascista- clasista-racista, machista, aceptación pasiva de las diferencias e injusticias sociales como dato natural y necesario de la realidad, no lectura y desvalorización social del conocimiento, completa ignorancia y desconfianza hacia la política, imagen endemoniada de la juventud militante, descompromiso social, economicismo clasemediero, exitismo y triunfalismo”.
Si es que ya se ha tomado la molestia de releer: ¿acaso no le parecen estas palabras una radiografía de gran parte de la sociedad argentina actual?
La colonización pedagógica cultural de la última dictadura fue devastadora y nos quitó hasta la capacidad de pensar ¿Ejemplos? Sobran, sólo a modo ilustrativo cito algunos. Los militares quemaron un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina. Ante semejante cifra quizás usted piense que estas veinticuatro toneladas y media de conocimiento ardieron en el fuego en diferentes momentos durante los años de la dictadura. No, se equivoca. Esta atrocidad se dio en un sólo día: el 26 de junio de 1980. Imagínese como se decapitó el pensamiento durante los siete años en los que los militares estuvieron al poder.
Leer, esa imprescindible actividad que actúa como un abdominal para la inteligencia, se convirtió en mala palabra, en “acto subversivo”. La censura sobre las letras hizo que cantidades de libros queden bajo tierra, y los pocos que circulaban respondían a los intereses militares. En los establecimientos educativos se difundieron dos listas: una de “textos censurados” y otra de “autores permitidos”. Salvo excepciones, el “catálogo para el lector” se repitió como un “padrenuestro”-en esa época en la que la palabra “Padre” era evocada para prostituirla, usándola para justificar los actos más inhumanos-.
La dictadura vació de sentido nuestro lenguaje, nos robó el poder de las palabras. Es vergonzoso, por ejemplo, que varios manuales escolares y unos cuantos libros de historia llamen “Proceso de Reorganización Nacional” a los siete años que marcaron con sangre nuestra historia. Urge preguntar: ¿Qué se re-organizó?
El poeta Juan Gelman sabe del significado de las palabras y también del sufrimiento que causó y dejó la última dictadura -estuvo exiliado, su hijo y su nuera forman parte de la lista de desaparecidos-.Fue él quien propuso crear nuevos términos para aludir a lo indecible: menciona a la “desmadrecía”, el “padrecimiento” y los “deshijados” como maneras de nombrar el punzante dolor que se quiso silenciar.
Aún no nos pueden explicar que cosas se re-organizaron pero sí sabemos cuáles se sepultaron. Entre ellas, la cultura, la palabra y también la práctica social del “nosotros”. En las universidades cualquier tipo de conversación creaba sospecha y circular en grupos era pecado. El “nosotros” quedó desterrado y hasta en la matemática se eliminó cualquier referencia a la pluralidad. La censura abarcó también a la teoría de los conjuntos por considerar que “fomenta la idea sovietizante de lo colectivo y de los agrupamientos como relación indispensable para solucionar un problema”.
Pensarnos haciendo y diciendo junto a otros siempre nos salva de la triste vaciedad que implica una vida planteada en términos individualistas. Pero el “nosotros” fue deslegitimado, prohibido, perseguido, picaneado y desaparecido en Argentina. Con él mutilaron la memoria, la imaginación y cualquier posibilidad de acercarse a la libertad de pensamiento.
La cultura del miedo se nos hizo carne, hasta el día de hoy, de distintas formas: negación explicitada en el famoso “acá no pasó nada”; desmentida en la frase “no hay desaparecidos”; racionalización en el “se podía caminar tranquilo por la calle”; identificación en el “algo habrán hecho” y aislamiento en el “no te metas”.
La esperada democracia que se restituye en el 83 trae nuevos aires, pero en muchas bocanadas aún se siente el olor del veneno desparramado por la serpiente de la dictadura.
Nuevos y buenos aires donde quedan algunos malos y viejos olores. La democracia vuelve de la mano de Alfonsín y, a pesar de las esperanzas que suscitó con el Juicio a las Juntas militares, cuando se aprueban las leyes de “Obediencia Debida” y “Punto Final” el escepticismo y la idea de que “no se puede” contra la impunidad desmovilizó a muchos.
El informe que se presenta en el libro “Nunca Más”, si bien es un significativo aporte de testimonios sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura, destina muy pocas páginas a explicar el contexto de los hechos y sus porqués. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas defendió la “teoría de los dos demonios”: los militares excedidos en sus represiones y los “guerrilleros” que intentaron “subvertir” el orden, generando la intervención de las fuerzas armadas.
Se convirtió así a los militantes en los responsables del terror en que estuvo inmersa Argentina. Los logros de la CONADEP se opacan en estas concepciones y en la idea de que la sociedad fue mera víctima, sin calidad de sujeto social ni político.
Cuando estalla la hiperinflación la cultura del trabajo queda vaciada y la lógica de “zafar” se instala. Este contexto, sumado a la despolitización, permiten que la doctrina neoliberal menemista se ejerza con pocas críticas. Las similitudes entre las políticas dictatoriales y las de Menem en materia educativa no son pocas: el desfinanciamiento del presupuesto universitario; la falta de responsabilidad del Estado; su abandono de las tareas de investigación; la descentralización de los planes de estudios; la idea de que la educación es una mercancía que se ofrece como un servicio privatizado y no como un derecho universal.
Con este panorama el “sálvese quien pueda” y la fragmentación social llevan al individualismo a su máxima expresión.
El olvido está llenándose de memoria. El 2001 marcó una grieta en el consenso de los argentinos sobre la validez del neoliberalismo como único sistema de pensamiento posible. Entre esos quiebres, los reclamos populares se hacen escuchar y la sociedad se muestra desilusionada de sus políticos, pero aún defraudada apuesta a construir. Este proceso de transición marca nuestro presente. Estamos en un contexto que se muestra de difícil convivencia política, pero con propuestas que incitan a la esperanza. La reconstrucción de lazos sociales imprescindibles se plantea como posibilidad. Una respetable política de Derechos Humanos, la reapertura de los juicios a los militares, la promulgación de una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual e innovadoras propuestas para la Educación son signos reconfortantes de este gobierno. Fontanarrosa hizo decir a su personaje Inodoro Pereyra: “La historia lo juzgará. Pero tiene el mejor de los abogados: el olvido”. Aún cuando las críticas al gobierno actual son muchas-y muchas de ellas válidas- es alentador que existan políticas que fomenten el ejercicio de la memoria. Esa memoria que León Gieco sabe describir tan bien cuando canta que es “refugio de la vida y de la historia”.
*Declaraciones del gobernador dictatorial de Buenos Aires, Ibérico Saint Jean
Fuentes consultadas:
-Lanata, Jorge: “Argentinos” Tomo 2. Ediciones B.
-Seoane, María: “Argentina” . Editorial Letras de crítica .
-Romero, Jorge: “Culturicidio”. Editorial Librería de la Paz.
-Informe de la CONADEP: “Nunca Más”. Eudeba.
27/3/2010
Recomendar esta notaMuy buen artículo. Coincido en casi todo. Nohay que olvidar que el 2001 marcó una bizagra histórica respecto a la aplicacion a rajatablas del neoliberalismo o mejor llamemoslo por su verdadero nombre:el neoconservadurismo aplicado a rajatablas en Argentina y entoda America Latina merced al Consenso de Washinton y los planes de "ajuste" del FMI. A esta Argentina es la que nose debe retornar, como pretende la bolsa de gatos de la llamada "oposición".
Maria Sol: las universidades como nunca han recibido fondos del Estado Nacional y se han creado nuevas unidades académicas. Haga un paseíto por la ciudad universitara y podrá apreciar las inmensas moles de estructuras edilicias que se conformaron a partir del Menem-Cavallo a cambio del silencio en las protestas sociales. Sigue con el gobierno actual. Se ha mejorado los haberes en forma abismal a los con dedicación exclusiva que son los mandamás del claustro. Es mas, la distinguida Hebe Goldenhersch, hoy vice-rectora de la unc, vociferaba a gritos en la facultad de cs. es. que los docentes se deben retirar si o si del claustro al cumplir la edad jubilatoria. Resutla que ésta dama, hoy tiene mas de 70 años y sus ideales, han quedado a un costado. Claro, los 15 mil pesos que hoy percibe, vale más que toda la falsa idea del socialimos barato que pregona. Las tarjetas banelcos tienen mucho valor. Los ideales son virtuales. En relación a la nota en su contexto principal, falta la hora del escarmiento a los civiles, en especial del Poder Judicial, que han jurado por el estatuto militar y luego se pasaron de bando. Aquí es donde los gorilas mandan. El resto es para entretener a los desprevenidos o no tan. Saludos
Brillante Broda!. En manos de que personajes hoy tenemos en la universidad nacional!: de los cómodos salarios!
exhaustiva, profunda, muy bien elegidas las metáforas ... la serpiente, los huevos, las bocanadas ... qué buena nota de María Sol para el trabajo de Romero (lo buscaré).
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