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Es hora de los balances sociales /

Es hora de los balances sociales

Mientras en ciertos ámbitos subsiste el debate que intenta desentrañar si la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) constituye una tendencia o una moda pasajera, el mundo ha avanzado por su cuenta sin prestar atención a estas discusiones estériles. "La capacidad de supervivencia y proyección en el largo plazo de cualquier organización estará ligada a su capacidad de atender, satisfacer y anticiparse a las demandas del entorno", asegura el periodista ciudadano.


Alejandro Roca.

“Las compañías prósperas en un mundo sostenible serán las que superen a sus competidores en conceder especial importancia a todos sus grupos de interesados, no sólo a clientes y empleados”, reza una frase cuya autoría corresponde a Stephan Schmidheiny.

Este empresario suizo es el creador de VIVA, un fideicomiso que administra los excedentes que genera el Grupo Nueva con sus negocios en América Latina para sostener el trabajo de la Fundación AVINA en pos del desarrollo sustentable de las naciones de nuestro continente.

La oración también podría ser formulada de la siguiente manera: aquellas empresas que quieran obtener un diferencial competitivo frente al resto deberán aprender a leer e interpretar las señales de un entorno complejo y cambiante, compuesto por una multiplicidad de stakeholders (públicos de interés) con intereses y demandas muy diversos.

Cada vez más, entonces, la capacidad de supervivencia y proyección en el largo plazo de cualquier organización estará intrínsecamente ligada a su capacidad de atender, satisfacer y anticiparse a las demandas del entorno.

Y mientras en ciertos ámbitos –empresariales, periodísticos, de la Sociedad Civil, del gobierno- subsiste el debate que intenta desentrañar si la Responsabilidad Social Empresaria constituye una tendencia o una moda pasajera, el mundo ha avanzado por su cuenta sin prestar demasiada atención a estas discusiones estériles.

Muchos fenómenos, inexistentes hace tan sólo un lustro, hoy constituyen realidades instaladas en un entorno global que cambia a velocidades inimaginables, forzando a las compañías a agudizar su capacidad de adaptación a estos procesos.

Por citar algunos ejemplos, los fondos sociales o éticos de inversión (aquellos que privilegian el apoyo financiero a compañías con destacados desempeños económicos pero también sociales y ambientales, en detrimento de otras industrias que no contribuyen al desarrollo sostenible del planeta) ya acaparan aproximadamente un 10% del total de capitales invertidos en el mundo entero. Si a ello se añade que prácticamente en todos los casos el desempeño de dichos activos ha sido igual o superior al de los fondos tradicionales de inversión, es de esperar que la tendencia vaya en aumento en los próximos años.

Estudios desarrollados en numerosas naciones dan cuenta de otro fenómeno. La ciudadanía, en general, y los consumidores, en particular, exhiben mayor avidez y preocupación por acceder a informaciones que den cuenta de la actuación social y medioambiental de las empresas con las cuales se relacionan a diario. Quieren conocer más para contar con elementos concretos de análisis al momento de elegir entre una u otra firma, entre tal o cual producto o servicio.

Por eso no sorprende que, casi imperceptiblemente, esté entrando en crisis el tradicional modelo de balance económico-financiero que presentan anualmente las empresas. Progresivamente, ha quedado en evidencia que esta herramienta resulta insuficiente para dar cuenta de la actuación ética y socialmente responsable de una compañía mientras que, como ya se dijo, este tipo de informaciones es crecientemente valorado por consumidores, ciudadanos e inversores a nivel global.

De ahí que los balances sociales o reportes de sustentabilidad de las empresas aparezcan como naturales reemplazantes de los actuales instrumentos. Como botón de muestra, más de 1200 empresas alrededor del globo ya presentan sus informes de sostenibilidad (económica, social y ambiental) siguiendo la metodología que propone la organización Global Reporting Initiative (GRI). Ernst Ligteringen, Director Ejecutivo de GRI, admitía a principios del 2006 -en un evento organizado en la ciudad de Buenos Aires por el IARSE junto a empresas líderes- que el número de compañías reportando sus procesos bajo esta modalidad había superado largamente sus pronósticos más audaces.

Así, decidieron redoblar la apuesta. A principios del corriente mes, en Amsterdam (Holanda) fue presentada públicamente la tercera generación de lineamientos para confeccionar reportes de este tipo. ¿El principal objetivo para los próximos años? Que las PyMES se sumen a las actuales empresas (en su mayoría grandes) y puedan comenzar a dar cuenta de su triple cuenta de resultados.

Para concluir este resumen, cabe mencionar otros factores que están ejerciendo presión sobre las empresas para que adopten conductas tendientes a la RSE.

Las expectativas de la comunidad internacional, con la Organización de Naciones Unidas (ONU) a la cabeza impulsando el Pacto Global (desde 1999) y los Principios de la Inversión Socialmente Responsable (desde 2006); las regulaciones de los mercados externos, que exigen comportamientos socialmente responsables de las firmas que quieran exportar y comercializar sus productos en esos ámbitos; las presiones de las fuentes internacionales de financiamiento (la Corporación Financiera Internacional –CFI- envía una triple auditoría antes de sentarse a negociar la tasa de interés de determinado préstamo); y por último los altísimos costos derivados de las malas conductas empresariales –cuantificables en pérdida de reputación corporativa, fidelidad de los clientes o share de mercado- constituyen luces amarillas, de alerta, para el sector privado.

Indudablemente, estas señales no deben ser desatendidas por el mercado ni por las compañías que quieran proyectarse a sí mismas y conservar su negocio en un futuro inmediato. Con el notable desarrollo y avance de las telecomunicaciones, estos procesos, que otrora hubiesen tardado mucho tiempo en consolidarse, han surgido y se van consolidando en períodos cronológicos sorprendentemente cortos.

Las cartas están echadas. A todas luces, resulta evidente que la RSE irá en aumento hasta convertirse en un factor determinante del éxito o fracaso de una empresa al momento de ser elegida en la góndola, aceptada por sus vecinos; acceder a menores tasas de interés en los créditos; recibir el apoyo de ciertos fondos de inversión; operar y vender sus productos en mercados exteriores.


Hechas estas aclaraciones, reside en cada dueño y en cada compañía la opción de desoír las sabias palabras de Schmidheiny descritas al comienzo del artículo o, por el contrario, saber leer las señales del entorno y comenzar a gestionar sus negocios bajo este nuevo paradigma global que ha venido para quedarse.


Nota de Sosperiodista: El autor es Director Área Comunicaciones de IARSE (Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria) aroca@iarse.org

18/11/06


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Luis esterlizi

A mi entender, el autor de la nota todavía se queda corto cuando de evaluar la RSE se trata. Me parece de mucha mayor profundidad, hablar de corresponsabilidad social y política, y esto sobre todo cuando no solamente hablamos del sector empresario, sino de todos aquellos ámbitos organizados de una sociedad que entienden como importante y fundamental disponer de una visión trascendente, del hombre y de las corporaciones o asociaciones en general. Alguien supo decir que nadie se puede realizar en una sociedad que no se realice. Y esto no significa solamente dedicar parte de un excendente particular para volcarlo al entorno general que lo rodea. Es disponer de una actitud superaradora del individualismo y del pensamiento de elite, para volcar la participación en pos de construir un mundo donde el hombre sea el centro del mismo. Pero al mismo tiempo, debemos ser conscientes que el hombre es el único integrante de un cosmos, donde puede constituirse en uno de los mayores predadores del sistema, ya sea consciente o incoscientemente. Por lo tanto es de todas aquellas expresiones en donde lo tenga al hombre como desideratum de las cosas de donde tienen que partir lo que me parece es fundamental:"LA CORRESPONSABILIDAD SOCIAL Y POLÍTICA" Pero también es bien cierto que desde una visión economicista del mundo y desde una apreciación insectivante del hombre, la especulación sobre todo eminentemente financiera, ha promovido los mayores desastres en casi todos los escenarios mundiales.




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