
Anddy Landacay Hernandez (Lima, Perú)
Cuando hace 5 años llegaron a la segunda vuelta Ollanta Humala y Alan García, lo primero que pensé fue: “No puede haber una segunda vuelta peor que ésta”. Pero me equivoqué de cabo a rabo. El Perú ha demostrado que tiene una inmensa capacidad para reinventarse y estar siempre peor en materia electoral.Como bien ha dicho Vargas Llosa, esta segunda vuelta del 5 de junio entre Humala y Keiko será definitivamente como ir a escoger entre el cáncer y el sida.
En realidad, para los que pudimos ver las proyecciones de los sondeos emitidos para la prensa extranjera por parte de las encuestadoras ésta no fue ninguna sorpresa. El crecimiento de Humala y la solidez de Keiko Fujimori no sufrieron mayor alteración en esta última semana y esto se reflejó en las bocas de urna, los conteos rápidos y las cifras finales de la ONPE.
El panorama es por demás sombrío. Ambas candidaturas representan un golpe flagrante a lo poco que se ha podido construir en materia democrática desde que terminó el régimen autocrático de Alberto Fujimori. Pero por otro lado, representan ese voto del ciudadano que no se siente parte del crecimiento económico, que vota con resentimiento, con ganas de cambiar todo sabiendo que no tiene nada que perder, porque quiere un “cambio” no importa que al final sea para peor.
Estoy completamente seguro que casi el total de los votantes de Humala y Keiko (para ser justos, de los otros candidatos también) no se ha tomado la molestia de leer siquiera el resumen de sus planes de gobierno. Es decir que han votado, como siempre se hace en el Perú, por pura simpatía y recordación. Es decir por lo que “quieren escuchar” y por lo que significa para ellos “su rostro”, “sus gestos”, “su forma de andar” y hasta “su forma de vestir”.
Keiko Fujimori es para sus electores una “marca de garantía” de los activos de su papi. Alberto Fujimori hizo un excelente trabajo de clientelismo político al interior del país. Con su “ponchito y chullito”, el “chinito lindo” se paseó por muchas zonas alejadas del país, regalando incluso hasta dinero en efectivo en fechas claves como el día de la madre, navidad, año nuevo etc., a esto se sumaba todo el aparato mafioso del Estado que con Montesinos como estratega eficaz estuvo orientado durante sus dos gobiernos a darle al pueblo “pan y circo”. Una mezcla eficiente de cómicos ambulantes, noticieros parametrados, programas sociales asistencialistas exacerbados por 1000% y mucha cumbia del Chino.
Este trabajo ha sido recogido eficientemente por Keiko Fujimori que ya en la elección pasada obtuvo la votación más alta en su postulación al Congreso y coincidentemente su hermano Kenyi repite el plato en esta oportunidad.
Por otro lado, Ollanta Humala representa el cambio radical. No importa que ahora ya no luzca su polo rojo de “Amor por el Perú” o que en sus trotes oscile entre la camisa celeste y el polo blanco y en las conferencias aparezca con un elegante terno. No importa que en su exposición en el debate solo se dedique a leer y no responda una sola pregunta a los cuestionamientos. Y que ahora hable de la economía de manera moderada ante la prensa y que dé comunicados jurando por su madrecita que en 5 años se va a ir.
No importa todo este Aggiornamiento repentino. Para el común de sus votantes Humala es el “cambio”, la “transformación”, el “hombre fuerte” que cambiará al Perú con “mano dura”. Es el “salvador” que acabará con la pobreza y que revalorará lo “nacional” por encima de lo foráneo.
Estos son más falsos que tetas de vedettes. Por eso no votaré por ninguno de los dos.
No votaré por Keiko Fujimori porque eso significaría ser cómplice moral de la corrupción que su grupo político representa. Significaría votar por la hija que prefirió ser primera dama y darle la espalda a su madre torturada por su propio padre. No votaré por esta mujer que avaló las tropelías de su padre y de Montesinos cuando ya era evidente la podredumbre de su régimen.
No votaré por ella, porque evidentemente significaría darle un voto a Montesinos, quien hábilmente durante la campaña le mandó algunos mensajes clarísimos:
• “Yo estoy preso, pero no estoy aburrido (…) Aburrido me sentía cuando tenía que cumplir los encargos que su papi me hacía cuando ella vivía en Bostón”
• “Yo estoy privado de mi libertad, pero no de mis recuerdos”
• “Si la candidata presidencial Keiko Villanella no se rectifica de las mentiras que ha inventado sobre la extorsión a la familia Martínez y continua difamándome con sus bravatas, que se atenga a las consecuencias, pues ahora si me olvidaré de la lealtad a su padre“
Curiosamente Keiko hizo mutis luego de estas declaraciones de Vladimiro y estratégicamente no ha vuelto a mandar más mensajitos vía el Facebook de Estela Valdivia. Hay que ser bien caído del palto para no darse cuenta que este silencio implica que la candidata tiene mucho que perder si el ex asesor abre la boca durante esta segunda vuelta. Y ese silencio tiene un costo que ya lo sabremos cuando Keiko llegue a Palacio.
Tampoco votaré por Keiko porque su producción parlamentaria es casi tan pobre como la de Susy Díaz. Según cifras oficiales faltó al Congreso 403 veces en 4 años y faltó a 35 de las 42 sesiones de la Comisión de economía. Sin contar su record de tardanzas. Esta es una clara muestra de la falta de experiencia en temas laborales de la señora Keiko. Sus cargos durante el gobierno de su “api” fueron “ad honorem”. Es decir, el congreso ha sido su primer “trabajo formal” y sus resultados han sido pobrísimos.
Tampoco votaré por Ollanta Humala porque es evidente que “aunque el etnocacerista se vista de seda” militar se queda. (“Humala es un buen soldado” Hugo Chavez Dixit).
Votar por Humala es un suicidio. Es ingenuo pensar que un hombre que ha sido criado por Isaac Humala y Doña Elena Tasso, forjado en la disciplina militar, vertical y entrenado, como siempre repitió don Isaac “para tomar el poder” haya cambiado en un par de viajes. Que un hombre que ha participado en dos intentos de golpe militar (en uno solo de manera intelectual) se haya “convertido” en tan pocos años en un hombre con principios democráticos, que cree en la libertad, en los DDHH y que puede ser “conciliador”. Eso es tan lógico como creer el Puma Carranza en un mes va a volverse hincha de Alianza Lima.
En las ultimas imágenes de Humala, se le puede ver súper impostado. Es un Humala con un disfraz que esta a punto de reventársele. Se le nota que quiere sacar el militar que tiene dentro: el del polo rojo y los discursos incendiarios, se le nota que quiere ser “el mismo” pero por ahora tiene que ceñirse al libreto de sus asesores brasileños y se le ve bastante incomodo tratando de parecer la Madre Teresa e incluso por ello se ha tomado fotos con Cipriani y con su rosario en la mano. El Capitán Carlos espera su momento.
Por otro lado, su plan de gobierno es la crónica de un desastre anunciado. Humala quiere hacer un distingo entre “nacionalización” y “estatización”. Ahora habla de que “el Estado asuma el desarrollo nacional como su responsabilidad y no el mercado”. Es así que aparece la curiosa denominación de Economía Nacional de Mercado, que es el pretexto perfecto para hacer que se incremente la intervención estatal como ocurre en Venezuela, diseñando el marco para que el Estado sea una entidad capaz de decidir el tamaño de los mercados internos, financiar el empresariado nacional y crear el capital humano y tecnológico, logrando que el Estado se convierta en el “ingeniero social de la actividad económica.”
Esta es una vieja receta que ya se ha aplicado en América Latina y que lo único que ha generado es un mayor incremento de la pobreza y el aumento del asistencialismo que crea una dependencia hacia el Estado. Definitivamente la igualdad de Humala consiste en que ahora todos seremos pobres.
Este el panorama nefasto que nos espera el 05 de junio. Dos opciones que pueden significar un retroceso en las libertades individuales y en la construcción de nuestra púber democracia.
Solo me queda aferrarme a la utopía de que saquemos provecho del artículo 365 de la Ley Orgánica de Elecciones que declara la nulidad total de las mismas “Cuando los votos nulos o en blanco, sumados o separadamente, superan los dos tercios del número de votos válidos.”.
Por lo pronto. Si me dan a escoger entre el cáncer terminal y el sida. PREFIERO EL SUICIDIO.
Imagen: elcomercio.pe
22/5/2011
Recomendar esta notaEntre el cáncer y el sida dice el premio Nobel?. Debería decir entre lo malo y lo menos malo y VOTAR!. Así son los corporativistas liberales!!
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