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La ciudad y su gente /

La ciudad y su gente

Los gobiernos deberían anticiparse a los cambios, mediante la adecuada planificación de obras de infraestructura limitando actividades “voraces” en el uso y venta de terrenos. Pero -opina nuestro periodista- cada habitante debe convertirse en un ciudadano que ejerce sus derechos y asumir obligaciones sin esperar todo de los funcionarios.

Juan Manuel Vanadía.

Cada ciudad es la sumatoria de: un ambiente natural y lo que “su” gente va aportando, según modas y tendencias del tiempo en el momento en que cada uno desarrolla sus actividades.

Los Estados municipales, son los encargados de organizar: la ocupación del suelo y desarrollo de las distintas actividades, con arreglo al “bien común”. De allí la riqueza de Leyes y Ordenanzas (en el caso de Córdoba) que se ocupan de normar las actividades humanas.

Los gobiernos, deberían propender al cuidado del cumplimiento de esas obligaciones, sancionando a quienes las transgreden y procurando su actualización permanente de acuerdo a los usos y costumbres de cada época.

Sería necesario, además, que los gobiernos tuviesen la capacidad de anticiparse a los cambios, mediante la adecuada planificación de obras de infraestructura necesarias para atender los requerimientos del vecino, conteniendo o limitando las actividades “voraces”, como podría llamarse a: un sobre uso (y venta) de terrenos sin adecuadas instalaciones básicas (tendido de redes de agua, cloacas y energía) como ocurre en muchos casos y dando, solamente, respuesta a “inversores” (o especuladores) que comprando tierra por hectáreas, venden por metro.

Así por ejemplo y dado el avance que el automóvil tiene entre nosotros, nos parece irracional la oferta de departamentos sin cochera, cuando los espacios para la guarda de los mismos es un problema de difícil solución en distintas zonas del ejido municipal.

Podríamos seguir con ejemplos de distinto tipo pero a lo que apuntamos es a transformar a cada vecino en Ciudadano, esto es: titular de derechos y obligaciones que participa en cada uno de los problemas/soluciones de cada tema, sin dejar de exigir a quienes corresponde por sistema, la conducción de los asuntos del Estado.

También existe la alternativa de ejecutar pequeñas contribuciones –solitarias o de conjunto- por ejemplo, forestando espacios de uso privado y aún público, como una manera efectiva de paliar el cambio climático, fomentar un paisaje armonioso y, esencialmente, predicar con el ejemplo a las nuevas generaciones que, no se debe esperar todo de los gobiernos. Qué en todo caso se verá impulsado a trabajar por el bien común, cuando la comunidad es la que marca el rumbo.

24/10/06

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