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Opinión

Oíd el ruido de rotas cadenas /

Oíd el ruido de rotas cadenas

"Los sueños de inclusión y de movilidad social que otrora acunaron a antiguas generaciones, no arrullan hoy a quienes llegan a este mundo. Hoy solo se escucha el ruido de las cadenas rotas que invitan a cada eslabón a sobrevivir por sí mismo, ilusionando – vanamente – que de ese modo la vida continuará". Este artículo trata del lazo roto entre el mundo de los adultos y el de las nuevas generaciones.


Viviana Demaría y José Figueroa (desde Mendoza).

“No hay futuro”, dicen los jóvenes. “La juventud está perdida”, dicen los viejos. Y si de pensar se trata, pensemos. ¿En qué utopías les dejamos guardada la esperanza a los jóvenes? ¿En un planeta ecológicamente desvastado y amenazado? ¿En un mundo donde el trabajo se ha convertido en una artículo flexibilizado y desvinculante? ¿En un sistema educativo mercantilizado? ¿En una sociedad competitiva, voraz y fragmentada? Estos interrogantes nacen de una comparación y toda comparación si bien es odiosa, nos puede ayudar a pensar.

Escena 1: El recital de Callejeros fue el 21 de septiembre del 2006 en el estadio Chateau Carreras en Córdoba. Hubo 1600 policías (el doble de lo que usualmente se usa para controlar un River-Boca) para un público eminentemente adolescente: 25.000 chicos.

Escena 2: El otro, fue el 18 de febrero del 2006 en la Playa Copacabana (Río de Janeiro, Brasil). Hubo un millón y medio de personas escuchando gratis a los míticos Rolling Stones. La seguridad (que en Brasil no es un tema banal) estuvo a cargo de 6.000 policías militares.

Corolario: En Brasil el promedio fue de un policía por cada 250 personas; en Córdoba, de un policía por cada 15 pibes.

¿Qué nos pasó a los adultos frente a los jóvenes? ¿Cuándo se rompió nuestro lazo con ellos?

Una cadena está compuesta por eslabones. Se nos antoja la representación más exacta de lo singular y lo colectivo. La idea del eslabón remite a la noción de singularidad pero su pertenencia a una cadena le imprime un sentido colectivo que lo transporta a un Más Allá de su finitud. Así nos entusiasma pensar la Condición de lo Humano.

En la tarea de legar la cultura, el pasado y el futuro, adquieren materialidad en cada sujeto que ingresa a la comunidad humana. Y así como el ombligo es la marca de la filiación humana en el cuerpo, lo colectivo también debe marcar para dejar su huella en el sujeto para reconocerlo como integrante. Filiar, es una responsabilidad absoluta perteneciente al mundo adulto y esta noción que se lee desde lo singular y desde lo social nos dice que por su intermedio participamos del mundo humano y que somos herederos de sus construcciones.

Es el mundo adulto quién recibe a los nuevos seres humanos para incluirlos en este mundo
. Las herramientas para pensar, la historia compartida, las significaciones comunes a los integrantes de una sociedad son el legado que las generaciones pasadas transmiten a las nuevas para que ellas lo tomen, lo revisen, lo reformulen y edifiquen – de ese modo – el porvenir. Pero cuando esta tarea no se realiza, la cadena, se rompe. Aparecen Adanes y Evas que, al no poder mirar hacia atrás, no pueden – por añadidura – mirar hacia adelante, no pueden crear el futuro.

Es cierto, hay cadenas que arrastran sometimiento. Pero también hay cadenas que indican pertenencia. Y el estupor que se advierte en ciertas miradas adultas respecto del mundo juvenil, refieren una sensación de ajenidad, de extrañamiento, que impide reconocer en los jóvenes a los herederos. Nunca antes se ha visto con tanta virulencia la emergencia de generaciones de seres humanos desafiliados.

Los sueños de inclusión y de movilidad social que otrora acunaron a antiguas generaciones, no arrullan hoy a quienes llegan a este mundo. Hoy solo se escucha el ruido de las cadenas rotas que invitan a cada eslabón a sobrevivir por sí mismo, ilusionando – vanamente – que de ese modo la vida continuará.

“Los jóvenes de la nueva generación, se asemejan a los miembros de la primera generación nacida en un país nuevo. Debemos aprender junto con los jóvenes la forma de dar los primeros pasos. Pero para proceder así debemos reubicar el futuro. A juicio de los occidentales el futuro está delante de nosotros. A juicio de muchos pueblos de Oceanía el futuro reside atrás, no adelante. Para construir una cultura en la que el pasado sea útil y no coactivo, debemos ubicar el futuro entre nosotros, como algo que está aquí listo para que lo ayudemos y protejamos antes que nazca, porque de lo contrario será demasiado tarde” (Margaret Mead)

(imagen enviada por los autores)

4/2/08


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Hernán

Excelente nota, muy profunda, para reflexionar. ¿Será que nosotros ya no creemos en el futuro o que nos lo hemos dejado robar? Aunque es difícil, sería bueno que nuestros hijos abracen esa palabra maravillosa que fue baluarte de otras generaciones: UTOPIA



Martín Menditto

Decía Guevara: "las razones justas pasan a ser una utopía cuando se abandona la lucha por imponerlas" ojalá nuestra generación y las que siguen no abandonen la lucha para lograr que se alcancen las razones justas.



Ana

Me parece que la nota es un poco culposa y considero que la actitud de los adultos debe ser otra. En mi caso me desempeño como docente en un colegio secundario desde la psicología social, y el desafío cotidiano es la comunicación con los adolescentes. Existe un mundo a descubrir en cada joven,que pasa por diversas facetas, a la mayoría les gusta la música, a unos cuantos la lectura, son inteligentes, rápidos y hasta respetuosos.El desafío está hoy en el presente, qué contenidos les bajamos como adultos en los distintos roles, padres, docentes y amigos. Los chicos constituyen un archipiélago y están unidos por códigos, no se perdió el diálogo, simplemente que se trata de distintas generaciones. Es más los pibes nos cargan con la onda psicobolche, la sub sesenta, o sub setenta, pero de alguna manera están avidos de información y preguntan y preguntan. Las utopías siempre existen simplemente que no tienen porqué replicarse las nuestras, serán otras, pero serán. Los pibes están ahí todos los días,y la educación se transforma en una responsabilidad social. Cuántas veces los chicos dicen el profe de teatro es una masa interpretamos Hamlet en el género de la comedia pero como la entendimos.Nosotros los adultos debemos apostar mucho más a nuestros hijos, pués ellos tienen nuestra misma energía, forman parte de la trama.




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