Kirchner recibe a Giacomino y éste que le promete que apoyará a su esposa. Schiaretti emerge como jefe de campaña de Cristina en Córdoba. Juez y De la Sota preparan su retirada hacia el llano, pero dejando entrar moscas. O sea, sin callarse y mostrándose críticos del poder central. ¿En qué medida sus ambiciones perjudicarán la futura gestión de sus socios? Es la gran pregunta para lo que viene.
Mario Albera.
Daniel Giacomino es recibido por Néstor Kirchner en la Casa Rosada. Juan Schiaretti emerge como el jefe de campaña de la candidatura de Cristina Fernández en Córdoba. La primavera del 2007 va camino a ser recordada como aquella en que las postales de la política mediterránea, nos muestran a los intérpretes del nuevo escenario.
El presidente recibió el jueves al intendente electo aún no proclamado por la justicia, para brindarle su apoyo. Giacomino necesita de la Nación los aportes económicos prometidos para la compra de trolebuses, la mejora del alumbrado y la extensión de la red de cloacas en la ciudad. Kirchner le dijo que sí y de inmediato, sacó del bolsillo su llavero para abrirle las puertas del Banco Nación, del Banco de Intercambio y Comercio Exterior (Bice) y de la Secretaría de Obras Públicas, donde el intendente debe ir a buscar los fondos. A cambio, fuentes de la Casa Rosada indicaron a Clarín que Giacomino "se comprometió a trabajar para la candidatura de Cristina".
El federalismo argentino reducido a una relación de consorcio con gobernadores e intendentes que semejan a inquilinos y el presidente a un administrador de edificios que hace un uso discrecional de fondos públicos para canjearlos por apoyos y amistades de ocasión.
Dicen que Luis Juez fue el primero en enterarse de esta visita en boca de Giacomino. Pero esto no oculta lo evidente: que mientras Juez dio a sus militantes libertad de acción para votar el 28 de octubre (eso significa que voten como quieran, pero no necesariamente a los Kirchner), Giacomino en cambio se compromete ante el presidente a trabajar por Cristina, según informó Clarín.
¿Es esta una estrategia acordada o el intendente electo empieza a explorar caminos alternativos y personales?
El sanfrancisqueño necesitará del poder central para gobernar y Juez, esto lo sabe. Lo que desconoce es cómo se moverá el flamante intendente de aquí en adelante. Cómo construirá poder y para qué, siendo que aun con una excelente gestión no podrá aspirar a una reelección. Es decir, no podrá repetir como intendente pero sí ser candidato a gobernador, etc.
Giacomino no desaprovechará la oportunidad para diferenciarse, porque todos nos parecemos pero somos diferentes. La duda es si esto se limitará a una cuestión de estilos o excederá este aspecto superficial para desandar un camino propio, más allá del Frente Cívico y Social.
Una nota de La Voz del Interior planteó este interrogante unas semanas atrás. La respuesta de Giacomino fue que, a menos que lo traicionen, no será "competidor" sino "leal" de quien lo convocó a participar en política. Pero como la política tiene mucho de periodismo, se alimenta de la desconfianza, y Juez es un peronista de pura cepa, en el sentido de concentrar poder y controlarlo todo; marcará de cerca a su amigo. "No sé qué margen real va a tener el Giaco para gobernar", se preguntaba otro de los hombres traídos por Juez a la política. La respuesta la tendrá el tiempo y la cintura de Giacomino.
Por las dudas Juez ya puso sus ambiciones sobre la mesa en la marcha antifraude del jueves, cuando anunció su intención de volver a disputar la gobernación en el 2011. Ese año lo encontrará ¿unido a Giacomino o separado? Algo tergiversado, el refranero peronista siempre vuelve.
No hay que olvidar tampoco el rol a jugar por el sindicato de empleados municipales, al que el actual intendente tuvo como aliado, casi como co-piloto de gobierno, dicen sus detractores. Giacomino aquí, arranca de abajo; siempre es difícil igualar a Papá Noel.
La impresión -quizás muy temprana- es que mientras el flamante intendente más se acerque al kirchnerismo -en caso de triunfar Cristina en las presidenciales- más interrogantes sembrará en Juez, cuyo enojo hacia el matrimonio hegemónico por la falta de respaldo a su reclamo de apertura de urnas no se diluirá tan fácilmente.
¿Y en la Casa de las Tejas?
El panorama de Schiaretti no es muy distinto al de Giacomino. El gobernador a ser proclamado por la justicia electoral, al igual que el sanfrancisqueño no podrá repetir mandato y tendrá en el Ejecutivo y el Legislativo a hombres que monitorearán sus movimientos y que reportarán a quien seguirá siendo su jefe, José Manuel de la Sota.
Es una incógnita el margen de maniobra que tendrá el ex directivo de Fiat y Astori, con un delasotismo controlando algunos resortes del poder y del partido y con un Juez sumándose a cuanta marcha de protesta protagonicen gremios y organizaciones y denunciando eventuales hechos de corrupción y volviendo siempre al fraude. El "nos robaron", será hit político.
Decíamos, en vísperas del 2 de setiembre (ya una marca y patente en el calendario provincial), que el triunfo de Schiaretti suponía la consagración de un modelo hegemónico al mejor estilo angelocista. Agregamos ahora que ese modelo nace con grietas y con una espada de damocles encima: la legitimidad.
Dependerá de Schiaretti, pero también de su socio De la Sota crear las condiciones para restablecer la autoridad y suturar las heridas con un sector importante de la población que no lo votó y desconfía de su capacidad para transparentar una gestión de gobierno que deja obras, pero claroscuros respecto al orden y cristalinidad de las cuentas públicas. La deuda creció exponencialmente y con ellas, los vencimientos de capital e intereses.
De la Sota ofreció esta semana una pista de lo que será su labor desde el llano: machacar críticamente contra los Kirchner con la esperanza de reeditar sus sueños presidencialistas. Con un socio así, ambicioso e inquieto, Schiaretti no deberá perder tiempo en diferenciarse para poder recibir el auspicio del poder central. Por lo pronto, se ha convertido en el jefe de campaña de la candidatura de Cristina en Córdoba. Deberá impedir debutar en esa relación cargando con el peso de una derrota.
El ex interventor de Santiago del Estero no tiene el carisma ni la frialdad maquiavélica de su socio pero siendo un entendido en números y balances contables, debería capitalizar esa cualidad para ordenar el gasto e inyectarle credibilidad al manejo de las cuentas, que economistas críticos como Salvador Treber la parangonan a una "bomba de tiempo", y otros más moderados como "un llamado de atención". Aunque se abren dudas en el horizonte si Angel Elletore (elegido legislador) es confirmado como ministro de Finanzas.
Schiaretti y Giacomino en el poder formal. De la Sota y Juez en un llano mentiroso. En Córdoba se viene un juego de cinchadas entre los que se van sin despedirse y los que llegan para quedarse.
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