
Juan M. Vanadía.
Será un anacronismo, preguntarse, en este tiempo ¿qué es la basura? Ese ejercicio ofrece una serie de respuestas, según sea quien responda. Para cada uno de nosotros, los vecinos, es casi un kilogramo –por día y por persona- de desperdicios desagradables, nauseabundos y despreciables, para el director de un hospital es un conjunto de residuos peligrosos, patógenos, que junto a otros comunes que debe erradicar con prontitud para evitar generar un foco infeccioso de consecuencias no siempre posible de controlar y, para el placero es no tener lugar para tanta hojarasca y ramas de poda. Y así podríamos seguir con cada una de las actividades cotidianas de la ciudad.
¿La ciudad de Córdoba, por qué, hasta ahora, no ha podido diseñar su propia política de recolección y disposición final? ¿Quién o quiénes han sido responsables de tal morosidad?
En éstos días se ha producido un nuevo capítulo en la gestión de residuos. La municipalidad ha prorrogado la vigencia del contrato de la concesionaria proclamándose un costo mínimo de doce millones de pesos mensuales “sine die”, sin producir variaciones que hagan suponer una mejora en el sistema.
¿No es ésta la ocasión de contemplar la realidad de cartoneros y carreros, verdaderos especialistas en la materia e incorporarlos al sistema, con derechos y obligaciones como cualquier trabajador, con aportes al sistema provisional y obra social con cobertura para el grupo familiar. Si así fuese, se podría lograr disminuir la cantidad de basura transportada por la concesionaria, con una menor carga vial que agradecerían las castigadas calles de la ciudad. Se eliminaría el trabajo infantil y se podría pensar en la sustitución de los vehículos con tracción a sangre, mediante algún subsidio de los tantos que se gestionan ante la Nación, ésta vez con destino cierto y válido.
Desde la mitad del siglo XX son muchos los ámbitos de estudio en los que el tema de la basura se ha constituido en protagonista. Los primeros en incorporarle fueron, casi en si simultáneo, los médicos sanitaristas e ingenieros. Los primeros, para atender las consecuencias del mal manejo y las afecciones causadas por los distintos vectores que en ella se desarrollan; los segundos, al advertir que, por la magnitud de los volúmenes a recoger, transportar y disponer era necesario su ingenio aplicado a resolver el problema que, a su vez era directamente proporcional al crecimiento de las ciudades. Mas adelante biólogos, arquitectos, economistas y hasta antropólogos han indagado los diferentes aspectos que implica la gestión de los residuos urbanos dándonos visiones distintas sobre el tema.
Desde los noventa y ante el fracaso evidente de las distintas tecnologías aplicadas a la solución y teniendo en cuenta el incesante aumento de los costos, se insiste en la necesidad de ampliar el campo de participación ciudadana en tareas de preselección domiciliaria, como una manera eficiente de disminuir la generación. Asimismo se intentan nuevas formas de aplicación de las tasas urbanas para un adecuado financiamiento de los gastos de operación de tantos miles de toneladas de residuos.
Aunque se insiste desde los ámbitos de la educación superior, no se consigue implantar programas de educación sistemática sobre el tema, los únicos que por otra parte acercarían soluciones.
Esta afirmación no es casual. Firmemente creemos que sólo por intermedio de la educación, comprenderemos y asumiremos la cuestión de los residuos como propia y solo así será posible encontrar soluciones con beneficio cierto para toda la comunidad. La municipalidad de Córdoba tiene una larga experiencia en la materia, no solo como recolector y puntual pagador del servicio que por épocas ha sido deficiente en grado sumo.
¿No le servirá, a la hora del análisis, explorar las experiencias de la escuela Jorge Orgaz qué modificó los hábitos de su área circundante y provocó un mejor estandar en la calidad educacional a bajo costo?
En 1989 un grupo de padres y vecinos lograron la construcción y puesta en marcha de un biodigestor proveyendo de gas metano a la cocina del establecimiento en el marco de un proyecto integral de acciones sustentables: vivero, huerta, compostera, plantación de árboles, por iniciativa de Amanda Macchiavelli, la directora de la Escuela, contando con la colaboración, en varios tramos, del Ing. Daniel Mantese de la Dirección de Educación. Contemporáneamente, otro grupo de alumnos supervisados por una maestra, traían elementos preseleccionados de sus hogares, los cuáles convenientemente acopiados se vendían, procurando fondos para la cooperadora escolar. Esas experiencias, junto a otras muchas, sirvieron para que en 1990, fundáramos en el recinto del Concejo Deliberante, un proyecto que culminó en la sanción de la Ordenanza de Educación Ambiental vigente, instrumento que duerme el sueño de los justos a la espera su reglamentación.
Córdoba supera la media nacional del porcentaje de población con acceso a la recolección de residuos. Sin embargo, aún esta lejos de cumplimentar la estrategia nacional de gestión integral de los residuos sólidos urbanos que prescribe: “la planificación provincial y municipal de la gestión integral de los RSU deberá comprender las acciones de minimización de la generación y disposición final y la maximización del aprovechamiento de los RS, la reducción en origen, el procesamiento y revalorización, mejorar la calidad de los residuos a generar y efectuar los tratamientos adecuados en los de características toxico-peligrosas y la identificación de opciones en los procesamientos y tratamientos propuestos, con un enfoque holístico, entre otras” …
Vale la pena intentarlo, so pena de caer en situaciones de alto riesgo sanitario o social como ocurre por estos días en Nápoles, donde ha tenido que ser convocado el ejército para efectuar las tareas de recolección.
14/3/08
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